Ricardo Reilly Salaverri
Ricardo Reilly Salaverri

Calzoncillos: ¡Subieron!

Entré a la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales, sita en el viejo edificio de 18 de julio, en 1965. Cuando el engendro precedente de la ley orgánica de la Universidad de la República comenzaba a dar sus frutos a su verdadero progenitor: el Partido Comunista. Una sucursal de la tiranía soviética que esclavizaba al sufrido pueblo ruso. Muchos, años antes creyeron que el gobierno universitario de representantes de profesores, estudiantes y egresados, elegidos por asambleas desreguladas y amañadas, era buena cosa. Para quienes invocando las bondades de una autonomía universitaria técnica la bastardeaban con militancia política espuria, fue excelente. Le hicieron trinchera, tras el mascarón de proa de la FEUU, para destruir salones, pintarrajear paredes, romper bancos, organizar asonadas contra la policía en la calle y en definitiva, canalizar la contribución del pueblo para el estudio terciario de sus hijos, en una barricada apátrida, internacionalista y fascista.

El que iba a estudiar estaba liquidado. Mi generación perdió cerca de tres años entre huelgas, ocupaciones y finalmente la intervención, cuando en la facultad de ingeniería "un estudiante" voló por los aires y murió preparando una bomba. A esta altura, a los profesionales de la agitación bolchevique, muchos de los cuales cobraban dinero por ejecutar sus fechorías, se había sumado una variopinta cantidad de otras organizaciones afines entre las que revistaban los tupamaros, terroristas serviles de la monarquía castrista que hasta hoy ha hecho de Cuba una cárcel de pobres, al tiempo que le ha transformado en el prostíbulo más grande de Occidente. Son los mismos socios de hoy del genocidio bolivariano de Maduro en Venezuela, con el que hay quienes han realizado pingües negocios con olor a aires ¿frescos? o ¿pútridos? Con plata robada a la sufriente población venezolana.

En el país hubo una cuasi-profesión letrada no regulada pero de mención constante que daba lustre: la de aquellos a los que les faltó solo una materia para recibirse... Hoy, ya pasó, estamos llenos de licenciados sin título que además ejercen en puestos públicos de responsabilidad. Varios han renunciado. Serán obviados. Es interesante recordar igual, que una persona de la confianza del renunciante Sendic, el senador De León, fue gerente de ALUR, donde se manejaba plata grande en el agujero negro inventado por su mentor, el Pepe Mujica y que logró ubicarse allí, aduciendo en la interna de Compromiso Frenteamplista, que era ingeniero agrónomo y no lo era ("Sendic, La carrera del hijo pródigo", pág. 124, ed. Planeta, 2017). Peor aún, recientemente fueron procesados por la justicia el tupamaro Leonardo Anzalone, Director Nacional de Asuntos Sociales, del Ministerio del Interior, y su hermana, a la que designó ilegalmente en el área de Evaluación Psicológica y Seguimiento de Sanidad policial, careciendo del título de sicóloga. Estaba encargada de hacer pericias a policías asignados a una profesión… ¡en que se maneja el porte y uso de armas!

Del no licenciado Sendic lo relevante no es la tarjeta plástica sino el agujero de 1.400 millones de dólares que durante su gestión padeció el pueblo. Para Mujica esto es un tema de calzoncillos frente a los bolsos con plata mal habida que aparecen en Argentina y Brasil. Si es así —viendo "el buco" de Ancap— la cotización de los calzoncillos uruguayos debe estar conmocionando a Wall Street.

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