Martín Aguirre
Martín Aguirre

El castillo de Tabaré

Debe ser un caso único en el mundo, que sea noticia que un político aparezca en TV. Sobre todo cuando ese político es un expresidente que lidera las encuestas de cara a una nueva elección. Y con el condimento extra de que tal vez sea la única chance de verlo en vivo, y respondiendo preguntas de periodistas.

Debe ser un caso único en el mundo, que sea noticia que un político aparezca en TV. Sobre todo cuando ese político es un expresidente que lidera las encuestas de cara a una nueva elección. Y con el condimento extra de que tal vez sea la única chance de verlo en vivo, y respondiendo preguntas de periodistas.

Por ese motivo fueron muchos los que se instalaron el pasado miércoles frente a la pantalla para ver a Tabaré Vázquez en el programa Código País. Había avidez por saber cómo estaba físicamente, de reflejos, cómo reaccionaba ante un público más exigente que el de un acto partidario.

Pero, sobre todo, cuál iba a ser el tono de su discurso, que en el inicio de campaña había lucido extraño, agresivo, e incluso exageradamente a la "izquierda", para lo que es el sentir del votante mayoritario en Uruguay.

Algo que más de un analista creyó ver detrás del magro impacto que ese inicio de campaña de Vázquez, tuvo en las encuestas de opinión.

El Tabaré del miércoles se pareció mucho más al de hace 5, 10 años, que al de los primeros actos de la presente campaña electoral.

Primero hay que decir que la biología ha sido generosa con el candidato.

Se lo vio agudo, en control, calmado. Hizo gala de ese estilo opaco, de tono de voz monocorde, que tanto éxito le ha dado con los votantes y que tanto exaspera a rivales dentro y fuera del Frente Amplio. Un estilo que la exsenadora de su partido Margarita Percovich definió como "de predicador", que "ofrece certeza a las personas mayores en un mundo que cambia vertiginosamente y que no comprenden del todo".

Negó enfáticamente haber tomado el pelo a Jorge Larrañaga cuando hace unas semanas imitó burlonamente su tono de voz. Y cuando se aventuró en el terreno de la picardía, comparando esta elección con el histórico programa "El Castillo de la Suerte", al decir que los ciudadanos tienen para elegir entre una cantidad de electrodomésticos, unas bolsas de fideos, o el proverbial chancho, lo hizo con cara inocente, como pidiendo disculpas. 100% Tabaré.

Tal vez el único momento en que un brillo de espontaneidad se filtró a través de su armadura fue cuando se le preguntó por qué volvía a ser candidato, a lo que contestó "¿Quiere que le diga una cosa?... De verdad no sé".

Pero no fue solo la forma lo que notoriamente cambió Vázquez con lo que fue su inicio de campaña. El fondo, el contenido, también experimentó un giro de 180 grados.

Por ejemplo fue drástico al decir que no ve la posibilidad de un giro a la izquierda en un nuevo gobierno. Incluso afirmó que su coalición es de "centroizquierda", y que hay que avanzar "de manera gradual, seria y responsable, para no afectar el equilibrio de la economía, el equilibrio social". Se refirió al tema de la inseguridad y matizó su afirmación previa de que mantendría a Eduardo Bonomi como ministro de Interior. Dijo que "todavía no gané la interna y por respeto a Constanza no me voy a expedir sobre la integración de un gabinete". Eso aunque hacía 5 minutos había dicho que Danilo Astori sería su ministro de Economía.

Fue cauto en el tema impositivo y bajó decibeles a sus dichos previos sobre el sector rural, así como anunció cambios para reducir el impacto del IRPF, y dijo que si los gremios de la enseñanza "pierden la racionalidad, el gobierno tiene que actuar".

Por encima de estas cuestiones, y de la total ausencia de menciones al caso Pluna o a los conflictos internos en su fuerza política, fue claro el cambio de estrategia de Vázquez respecto al candidato que solo días atrás decía que "a la derecha no se le cae una idea" o que la oposición tiene "un negativismo patológico". Tal vez debido a que ese discurso, destinado seguramente a neutralizar el impacto de una eventual buena performance de su rival interno, Constanza Moreira, estaba haciendo ruido en una porción indecisa del electorado, que puede ser clave para decidir la elección.

Ese electorado al que, ahora sí, parece estar apuntado sus baterías Vázquez, cuando se ve el tono de su flamante campaña publicitaria. Un spot televisivo dominado por imágenes de Seregni, ceibalitas, y muchas banderas uruguayas. Y un eslogan contundente que dice "vamos bien, bien de verdad". A años luz del furor reformista y confrontativo de algunos sectores de su partido, y hasta de su propia arenga de hace unos años de "hacer temblar las raíces de los árboles". Parece obvio. El país es otro, Vázquez es otro. Las preguntas son: ¿convencerá esta receta a los indecisos de otorgarle el gobierno y las mayorías? ¿Cómo golpeará este "giro a la derecha" a su desencantada base militante?

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