Andrés Oppenheimer
Andrés Oppenheimer

La lamentable respuesta

Lo más preocupante del primer debate de los principales aspirantes republicanos no fueron las declaraciones escandalosas de Donald Trump sobre México y los mexicanos, sino el hecho de que ninguno de sus nueve contendientes tuvo el valor de confrontarlo con argumentos contundentes en defensa de los inmigrantes y en contra del racismo.

Lo más preocupante del primer debate de los principales aspirantes republicanos no fueron las declaraciones escandalosas de Donald Trump sobre México y los mexicanos, sino el hecho de que ninguno de sus nueve contendientes tuvo el valor de confrontarlo con argumentos contundentes en defensa de los inmigrantes y en contra del racismo.

Incluso el exgobernador de la Florida Jeb Bush y el senador Marco Rubio -que tomaron cierta distancia de las declaraciones de Trump- parecían esforzarse por no desafiar demasiado enérgicamente la demagogia populista de Trump, que culpa a la inmigración ilegal y a México de gran parte de los males de Estados Unidos.

Trump repitió sus afirmaciones anteriores de que Estados Unidos está siendo inundado con inmigrantes indocumentados, y que México está enviando a narcotraficantes, criminales y violadores a Estados Unidos. En rigor, el número de indocumentados ha caído significativamente en los últimos años, y la enorme mayoría de los inmigrantes mexicanos son personas de bien.

Cuando el moderador, Chris Wallace de Fox News, le preguntó a Trump si tiene evidencias de que México está “enviando” delincuentes, Trump evadió la pregunta. Cuando Wallace lo presionó, Trump dijo: “La patrulla fronteriza ... la gente con la que trato, con los que hablo, ellos dicen que esto es lo que está pasando”. Trump no dio un solo nombre, ni estudio, para apoyar su afirmación.

Pero ninguno de los otros nueve aspirantes republicanos le salió al cruce a Trump señalando que estaba diciendo medias verdades, o disparates completos.

Ninguno de ellos citó cifras recientes de la Oficina del Censo que muestran que el flujo de inmigrantes mexicanos a Estados Unidos ha caído desde 400.000 por año hace una década, a unos 125.000 en la actualidad.

Ninguno de ellos confrontó a Trump con las últimas cifras del censo que muestran que ya hay más inmigrantes indocumentados procedentes de China que desde México.

Ninguno de ellos, con la posible excepción de Bush, hizo un alegato contundente, señalando que la enorme mayoría de las 34 millones de personas de origen mexicano en Estados Unidos son gente buena y trabajadora. Bush dijo que la mayoría de los indocumentados son gente que “quiere mantener a sus familias, pero tenemos que controlar nuestra frontera”. Es cierto que Bush también dijo que apoya una vía condicionada para un estatus legal para los indocumentados, pero al mismo tiempo se declaró en contra de una “amnistía”. Rubio, por su parte, le respondió a Trump que la mayoría de los inmigrantes indocumentados no provienen de México, sino de Centroamérica.

Pero todos los aspirantes republicanos aceptaron tácitamente la falsa premisa de Trump de que Estados Unidos está siendo invadida por inmigrantes ilegales. La razón por la que ninguno se atrevió a destrozar el relato de Trump es, por supuesto, que ninguno quiso perder los votos de muchos republicanos conservadores que básicamente están de acuerdo con la retórica antimexicana de Trump.

A nivel nacional, sólo el 39 por ciento de los estadounidenses tienen una opinión favorable de México, por debajo del 47 por ciento antes del 2008, según una encuesta del Pew Research Center.Trump. Como la mayoría de los nacionalistas-populistas, está aprovechando el resentimiento de muchos estadounidenses que buscan un chivo expiatorio para sus problemas económicos después de la crisis económica del 2008.

“Lo bueno de lo que Trump hizo es que (sus comentarios) sacaron a la superficie el problema del racismo”, dijo la actriz Selma Hayek, tan solo medio en broma, en una entrevista con el presentador Jorge Ramos, de Fusion. “Desde el momento en que él atacó a los mexicanos, sus números subieron”.

Mi opinión: Puede que los aspirantes a la nominación republicana piensen que hicieron lo correcto al evitar una confrontación frontal con Trump sobre el tema de la inmigración, para no perder votos de los sectores antiinmigrantes de su partido, pero se equivocan.

Todos ellos dejaron una imagen -algunos más que otros, es cierto- de políticos sin agallas que se abatataron ante un demagogo que insulta a 34 millones de personas de origen mexicano.

En el poco probable - pero posible- escenario de que Trump gane la nominación republicana, es casi seguro que el Partido Republicano perderá las elecciones generales, porque no hay manera de que Trump pueda ganar el 44 por ciento del voto hispano que los encuestadores dicen que el Partido Republicano requerirá para ganar.

Y si Trump no gana la nominación republicana y decide presentarse como un candidato independiente, como él mismo reconoce estar considerando, le robará al partido republicano millones de votos que ayudarán a que la probable candidata demócrata Hillary Clinton sea electa presidente.

Pase lo que pase, los rivales republicanos de Trump perdieron al no salir en defensa de la verdad y de la decencia, y en contra del racismo.

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