LA BITÁCORA

Cristina en la batalla del rating

Siguiendo la visión expuesta en "La razón populista" por Laclau, su filósofo de cabecera, el kirchnerismo siempre situó al periodismo en el lugar de la oposición. Los dirigentes opositores fueron tratados como instrumentos del verdadero "enemigo": los medios del Grupo Clarín.

Jorge Lanata supo ganarse el rol de artillero principal de esa fuerza mediática que libraba "la madre de todas las batallas". Por eso Cristina, desde la presidencia, hizo de todo para vencer en el terreno del rating. Financió un polo mediático propio y llegó al extremo de usar los partidos de Boca y de River para que le quitaran audiencia a Lanata los domingos por la noche.

Como ya no puede valerse del Estado para la titánica contienda, este domingo decidió salir ella misma a pelearle el rating al popular periodista. A la misma hora que Lanata sumaba datos sobre la corrupción K, ella se describía desde una trinchera televisiva propia como víctima de una persecución judicial que se propone encarcelarla. ¿La razón? Haber encabezado un gobierno que favoreció a las grandes mayorías, desafiando a las minorías poderosas.

Al mismo tiempo, en otro canal desfilaban pruebas de un descomunal dispositivo de enriquecimiento ilícito, que extrajo de las arcas del Estado lo que colmó las ocultas arcas del matrimonio patagónico y de un puñado de allegados.

A la batalla del rating la ganó Lanata duplicando el nivel de audiencia que tuvo Cristina. Pero el hecho más significativo es que, a la misma hora, la ex presidente y el periodista mostraban dos realidades absolutamente contrapuestas. Uno describía un elefante donde otro describía una jirafa.

Se puede tener diferencias sobre el aspecto y la utilidad de un elefante, lo que no es posible es que unos vean un elefante donde otros ven una jirafa. En ese caso, no hay pluralidad enriqueciendo el debate, sino un trastorno político de tipo esquizofrénico.

Argentina muestra esos síntomas en dos rubros: la corrupción kirchnerista y la economía de Macri. En el primer caso, una mayoría contundente ve un sistema de enriquecimiento ilícito, donde Cristina describe una ficción para destruirla. La victimización de la ex presidenta no es lo notable. Lo notable es que un sector de la sociedad, aunque cada vez más pequeño, aún está dispuesto a creerle.

Lo mismo ocurre con la economía de Macri. Para unos es brutalmente neoliberal y para otros es la continuidad del populismo, con rostro amable.

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