EL SASTRE DE LOS MANDATARIOS DE LA DEMOCRACIA

Treinta años modelando la figura de presidentes

Biografía de Gabriel Muto se presenta en el Club Uruguay.

El eterno femenino de una imaginativa pintora
El sastre uruguayo Gabriel Muto. Foto: archivo El País

Luis Alberto Lacalle, Jorge Batlle, Julio María Sanguinetti, José Mujica y Tabaré Vázquez tienen dos cosas en común: además de haber sido los presidentes tras el retorno a la democracia, compartieron el mismo sastre que modeló sus figuras de jefes de Estado: Gabriel Muto.

Mujica fue el cliente más mediático del sastre uruguayo y su mayor desafío, como él mismo lo admite en el libro Gabriel Muto, el Sastre de los Presidentes, de reciente edición.

El próximo miércoles, con la asistencia de sus autores Diego Fischer y Andrés López Reilly, se presentará en el Club Uruguay de la Ciudad Vieja la biografía de este creador que con algo más de 80 años de edad sigue siendo la cabeza de una marca de medio siglo de trayectoria y tres generaciones de maestros sastres.

Muto recuerda en la obra que los asesores de Mujica, encabezados por el sociólogo y publicista Francisco Vernazza, prácticamente emboscaron al flamante mandatario para hacerle cambiar de look.

Como dicen los jóvenes, el exguerrillero tupamaro necesitaba una fashion emergency, un reto que no era para legos en el mundo de la moda.

—Mire, veníamos a hablar con usted… Sería conveniente que se pusiese un traje tradicional —le insinuaron.

—A mí no me ponen traje de ninguna manera. Déjenme con la gorra y la campera —contestó el Pepe.

Los asesores le pusieron el ejemplo del expresidente de Brasil Lula Da Silva.

—Cuando Lula se postuló por primera vez, de gorra y campera, perdió. La segunda vez insistió con la misma indumentaria, volvió a postularse de gorra y campera, y también perdió. La tercera vez lució un traje de confección hecho en Italia, de Giorgio Armani. La gente que nunca lo había votado antes lo vio como otra figura, totalmente distinta, y ahí triunfó.

Tozudo, Mujica mantuvo su postura.

—Muy bien, si usted decide vestirse así, nosotros nos vamos… —dijeron los asesores.

Cuando se retiraban, Mujica los detuvo: "¡Esperen! Está bien, hagan conmigo lo que quieran".

Menem.

Además de haber cambiado radicalmente la imagen del "Pepe", Muto fue el artífice del asombroso cambio que tuvo el mandatario argentino Carlos Saúl Menem, el presidente "mejor vestido de América", según consignaron muchas crónicas de la época.

Todo comenzó cuando Luis Alberto Lacalle lo llamó por teléfono:

—Che, mirá, tenés la oportunidad de vestir a Carlos Menem…

—¿No me digas?

—Sí; resulta que fuimos a un encuentro en Tucumán y él me preguntó quién me había hecho el traje. Yo le dije que fue un compatriota mío.

Menem le comentó a su par uruguayo que había sentido nombrar al sastre. Todo culminó en una invitación a viajar a Buenos Aires, a la residencia de Olivos, adonde Muto fue acompañado por su hijo Miguel.

"Cuando llegamos a la residencia presidencial nos hicieron pasar y nos sentamos a esperar en una sala. Al ratito llegó Menem, con equipo deportivo. Se sorprendió y nos dijo: ¡Qué presencia la de ustedes! Y yo así, con esta pinta. Bueno, esperen un poquito que me voy a cambiar y enseguida vuelvo", recordó Muto.

Volvió Menem luciendo lo que, él suponía, eran sus mejores galas.

—¿Qué tal este traje? —le preguntó a Muto.

Éste lo miró y le respondió con franqueza:

—¿Conoce la obra del Cottolengo Don Orione?

—Sí, sí, la conozco. ¿Por qué?

—Sería muy lindo que se lo donara a ellos.

Así se inició una larga relación entre el sastre uruguayo y el mandatario argentino, a quien durante varios años le confeccionó numerosos trajes a medida.

Tocando el clarinete en la orquesta, recibió a los héroes de Maracaná.

Gabriel Muto aprendió a conocer y amar la artesanía desde niño porque nació en el hogar de un maestro sastre, Argentino Muto, y de una educacionista, Micaela Baraibar.

A partir de los siete años comenzó a ayudar a su padre en pequeñas tareas en el taller de confecciones y también a observar la figura humana con ojo clínico. Ambos ejercicios constituirían la base de la que sería su profesión en el futuro. El padre llegó a trabajar 57 años como sastre, dejando su huella en grandes tiendas de ropa como Antonio Sica, Álvarez, Trenchi o Casa Rim.

Muto acompañó el descubrimiento de la sastrería con el deporte, la música y el teatro. Asistía asiduamente a espectáculos de grandes directores y artistas que se presentaban tanto en las salas de Montevideo como en otras partes del mundo. Aprendió a tocar el clarinete y el regreso triunfal de los campeones de Maracaná lo encontró en las filas de la orquesta que les dio la bienvenida como héroes nacionales, en aquel inolvidable feriado del 18 de julio de 1950.

Estuvo en el Coro Municipal y tomó clases de canto con el maestro Domingo Dente, quien hasta 1963 dirigió la Orquesta del Sodre. Estudió el oficio de sastrería durante cinco años en los Talleres Don Bosco. Culminó su formación junto a uno de los mejores maestros sastres del mundo, el italiano Rafael Gigliotti.

En la década de 1960, Muto comenzó a distinguirse en el medio local y a tener los primeros contactos con creadores de Argentina. En 1969 realizó una gira por los principales centros de la moda en Europa, y comenzó allí un acercamiento —que se haría permanente— a las novedades y los sentires de la industria.

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