HISTORIAS

La Reina del Plata tiene sus mitos y fantasmas

Un historiador repasa cuentos de aparecidos, personajes trágicos, sitios legendarios que el turista puede visitar y mitos urbanos de Buenos Aires, en un viaje al universo mágico que existe en todas las grandes ciudades.

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Cementerio de la Recoleta

LUIS PRATS

Buenos Aires tiene sus fantasmas en la Recoleta, un castillo encantado en Villa del Parque o sirenas en el Riachuelo, leyendas que conviven con mitos urbanos o personajes reales que permanecieron en la memoria popular por su truculencia, como el Petiso Orejudo. Todos desfilaron en el curso Misterios, mitos y leyendas de Buenos Aires, del historiador Leonel Contreras, especialista en la historia de la Reina del Plata (entre otras responsabilidades es prosecretario de la Junta Central de Estudios Históricos de la Ciudad de Buenos Aires), que ofreció durante varias semanas en un centro cultural porteño.

"Muchas veces —comenta Contreras— se suele dar como una verdad absoluta que las historias de fantasmas, aparecidos, casas encantadas y cosas por el estilo tienen solamente cabida en el mundo rural. Esta visión la tienen aquellos que entienden que la forma de vida urbana no es apropiada para sostener una tradición y una literatura oral trascendente. Sin embargo, está más que comprobado que no es así. Las grandes urbes albergan un sinfín de mitos y leyendas, innumerables historias que constituyen el entramado más popular de la cultura de un pueblo y logran así instalarse en lo más profundo de la sociedad. Buenos Aires no es la excepción y como todas las grandes ciudades del mundo, tiene su propio universo mágico, que incluye un sinfín de mitos y leyendas".

El historiador presentó para Domingo algunos personajes y lugares legendarios de su ciudad.

Cementerio de la Recoleta.

Hay muchos lugares llenos de leyendas en Buenos Aires que pueden ser visitados por los turistas. El primero es, sin duda, el Cementerio de la Recoleta. Una de las historias más famosas es la de Rufina Cambaceres, la joven hija del célebre escritor Eugenio Cambaceres, que falleciera el 31 de mayo de 1902 en su quinta de Barracas. Según la leyenda, Rufina no murió; solo sufrió un ataque de catalepsia y fue enterrada viva. Algunos afirman que días después del sepelio los familiares habrían encontrado el ataúd caído con el vidrio roto, situación que mostraba claramente el intento de la chica por escapar de su tumba. Otros dicen que en realidad, como el día del entierro había sido un domingo, el cajón no había sido llevado a la bóveda familiar sino que había quedado en el depósito. Rufina habría podido salir, aunque al darse cuenta del horror que había vivido habría caminado hasta la reja del cementerio donde murió víctima de un ataque cardíaco.

Muy visitada también es la Iglesia de Santa Felicitas en Barracas, vinculada al crimen de la joven Felicitas Guerrero de Álzaga, hoy uno de los fantasmas más famosos de la ciudad. También existen varias "casas encantadas" como el célebre Castillo de Villa del Parque (ubicado en la calle Campana 3220), del que se dice que fue construido por un noble para su hija que justamente murió junto con el novio arrollada por un tren al salir del Castillo la noche mismo del casamiento.

La copa, el Dante y el Barolo

Un relato de ficción de su autoría que salió publicado hace ya algunos años en la sección "El caminante urbano" de la revista Voces de Caballito vincula a la antigua Copa del Mundo de fútbol con el Dante y el Palacio Barolo. Está basado en una célebre leyenda. El Palacio Barolo, uno de los edificios más conocidos de Buenos Aires, fue construido con el objeto de trasladar allí las cenizas del célebre poeta italiano Dante Alighieri. Su construcción fue financiada por el magnate textil italiano Luigi Barolo y proyectada por el ingeniero Mario Palanti. Como Barolo y Palanti profetizaban una nueva guerra en Europa, tenían la idea final de traer los restos de Dante a Buenos Aires para que el Palacio fuera su sepulcro definitivo. El Barolo fue construido en planta y secciones sobre la base de la sección áurea y el número de oro, con proporciones y medidas de orden sagrado, además de seguir siempre una estructura basada en La Divina Comedia. Sus tres partes aluden al Infierno, al Purgatorio y al Paraíso, sus 100 metros a los cantos de la obra y sus 22 pisos, a las estrofas de sus versos. Dicen que sobre el faro, un arco voltaico de 300.000 bujías, hacia las 19:30 de los primeros días de junio, puede verse alineada sobre el eje del mítico edificio, la constelación de la Cruz del Sur, simbólica "entrada al cielo". Sobre el Faro también se decía que se comunicaba con el Palacio Salvo de Montevideo, edificio cuasi-gemelo del Barolo también construido por Palanti. A Contreras se le ocurrió vincular a ambos edificios en el contexto de la Copa del Mundo de 1930. Al finalizar el relato, la Copa (hoy desaparecida) aparecía a la venta en la feria del Parque Rivadavia con un compartimento secreto donde se hallaban unas cenizas.

Brujas, gnomos y sirenas

La leyenda de la "Salamanca", una cueva donde las brujas se reúnen en un aquelarre para rendirle culto al Diablo, es una creencia supersticiosa que se ha extendido por todo el territorio argentino. En Buenos Aires se hace carne en un añejo ombú situado en la esquina de Rodríguez Peña y Paraguay, frente al Ministerio de Educación. Dicen que allí estaba la entrada a una cueva de brujas, que alguna vez habría funcionado en la lindera Plaza Rodríguez Peña, donde se llevaban a cabo ritos de magia negra.

A tan solo media cuadra de ese lugar se levanta la Iglesia del Carmen, ubicada en lo que antiguamente había sido la quinta de Juan Antonio Rodríguez. Cuentan que una noche de 1836, este señor oyó extraños ruidos en su propiedad y decidió efectuar algunos disparos de escopeta para ahuyentar a los ladrones. A la mañana siguiente, sin embargo, se dio cuenta de que había matado a un vecino. Aunque la Justicia lo perdonó, Rodríguez quedó con mucho remordimiento y para frenar su dolor decidió construir una capilla a la que llamó "del desagravio" y que hoy es la Iglesia del Carmen. Luego de la muerte del español, su hija Petronila siguió haciendo donaciones en la zona. Sin embargo, hay quienes dicen que el español no fue perdonado por la justicia divina y que por ese motivo permanecerá infinitamente en el Infierno.

Sobre gnomos, los viejos parroquianos de la Avenida de Mayo cuentan que en la estación Plaza de Mayo, terminal de la línea A de subterráneos, habita un pequeño gnomo verde. Sobre sirenas el historiador recuerda que a comienzos del siglo XIX la avenida Intendente Rabanal era el llamado camino a la Tablada y por allí llegaban los arrieros y reseros que iban al Matadero de Nueva Chicago. Dicen entonces que muchas veces los reseros se sentían atraídos por el canto de las sirenas. Hay incluso quienes afirman que tomaban de la cintura a aquellos que se bañaban en el Riachuelo y los hundían en sus profundidades.

Mitos urbanos: la rata y el bebé

La leyenda o mito urbano se distingue de la leyenda tradicional y tiene características muy distintas: es una invención, una fantasía que nace de una situación psicológica colectiva que produce rumores persistentes. Las leyendas urbanas son historias exclusivas de las ciudades de masas que se trasladan de boca en boca y nadie sabe con certeza a quien le ocurrió. La narración es elaborada tantas veces como gente la cuenta y muchas veces termina convirtiéndose en una leyenda tradicional.

Jorge Halperin se dedicó a estudiar las leyendas urbanas en su trabajo Mentiras verdaderas. Allí relata cómo decidió tomar una de los más populares de Buenos Aires, preocupándose por buscar su origen, el primer eslabón en la cadena. Sin embargo, nunca lo pudo encontrar. El mito que estudió Halperin es el de la "rata asesina", que toca un tema clásico de las leyendas urbanas: el miedo a lo desconocido. Surgió cuando en la década de 1990, por obra y arte de la convertibilidad, los porteños veraneaban en lugares exóticos hasta no hacía mucho tiempo atrás. La historia le pasó a una familia tipo en un viaje de vacaciones. Los chicos encontraban en la playa un perrito perdido, muy chiquitito pero tan simpático que tuvieron ganas de llevárselo consigo. Al llegar a Buenos Aires, sin embargo, el perrito se convertía en una rata asesina.

Una de las leyendas urbanas más conocidas en Buenos Aires y divulgada fundamentalmente en la década de 1940 fue la del bebé en el horno. Se comentaba especialmente en sectores anti-peronistas y ocurría en una mansión, donde decían, vivía un matrimonio muy joven. Poco tiempo después de casarse, la dueña de casa quedaba embarazada. Fue entonces que decidieron contratar a una chica para que hiciera las tareas de la casa. Una noche, sin embargo, el matrimonio salió a cenar afuera dejando al bebé al cuidado de la criada. Al regresar, se encontró con una sorpresa: todas las luces de la mansión estaban encendidas e incluso había música, como si se estuviera por dar una fiesta. Llegando al comedor, vieron a la criada vestida con el traje de novia de la mujer. Les dijo entonces que les había preparado una gran cena y que podían pasar a la mesa. Para sorpresa y horror del matrimonio, en el centro de la misma lucía una gran fuente de plata. Adentro estaba el bebé, asado al horno y adornado con papas. "Siempre los protagonistas de la historia eran de clase alta y detrás de la imagen de la sirvienta podía verse de alguna manera la figura de los llamados "cabecitas negras", inmigrantes que llegaban a Buenos Aires desde el interior del país buscando un futuro más próspero", concluye el experto.

Asustaban a los niños con "el petiso orejudo"

Contreras afirma que cuando Buenos Aires dejó de ser la "gran aldea" para convertirse en una ciudad de masas proliferaron personajes que, pese a haber tenido existencia real, fueron vinculados con hechos ficticios, lo que los hizo ingresar en "un mundo mitológico sin tiempo ni espacio". Fue el caso de Cayetano Santos Godino (a) El Petiso Orejudo (1896-1944), un menor asesino serial de niños cuya figura fue durante años trastocada y utilizada para infundir miedo a los chicos a la hora de tomar la sopa. "Esta extraña utilización por parte de los padres hizo que hubiera que inventar toda una serie de sucesos ficticios alrededor de su figura, que terminaron dando forma al mito del mayor asesino de la Argentina".

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