CIENCIA

Un viaje de miles de años a través de la genética: esto es lo que dice mi ADN

Los test de ADN informan sobre ancestros que tuvimos miles de años atrás y también brindan datos para conocer la predisposición a ciertas enfermedades.

ADN
ADN. Foto: Pixabay

Era poco lo que sabía sobre mi ascendencia. Desde que soy niña mi padre dice que mi primer apellido viene de familiares que en algún momento tuvimos en Portugal, aunque nunca encontré evidencia alguna. Sí sabía que mi segundo apellido, Díaz, es originario de España y que hace varias generaciones atrás vinieron del viejo continente algunos de los parientes que solo conocí por cuentos, como mis tatarabuelos.

Pero, cuentos, siempre se trató de cuentos que pasaron de unos a otros, los que fueron conformando mi árbol genealógico.

No dudo que esos relatos que me iban llegando atravesaran una especie de “teléfono descompuesto” (ese juego en el que una frase es dicha de persona a persona y a medida que avanza se va deformando hasta tener cualquier otro significado que el inicial). Además, a medida que pasan los años, con la partida de bisabuelos, abuelos y padres también se van perdiendo los recuerdos y las historias.

Afortunadamente, los avances de la ciencia nos permiten “viajar” cientos de miles de años en el tiempo para conocer nuestras raíces más profundas y, con ellas, ser poseedores de información que vive en nuestro ADN.

Conocer a nuestros ancestros y "leernos" mejor.

En algunos países de Europa y Norteamérica hacerse pruebas genéticas para saber más de nuestros orígenes y obtener datos que nos ayuden a “leernos” mejor son muy comunes.

En Uruguay hay varias empresas que lo ofrecen: con unos simples pasos comienza el viaje en el tiempo para conocer más de uno mismo, como por ejemplo Genera, Genia, ADN Uruguay, DNA Dignostics Center o South Gnetics.

Recibí el kit de una de las empresas que lo realiza en Uruguay, Genera, el 24 de marzo pasado y ese mismo día creé un usuario en su sitio web y me hice el test: tomé un hisopo que enviaron en la caja y froté una de las puntas por dentro de mi mejilla izquierda durante un minuto. Luego lo giré y con la otra punta hice lo mismo, pero del lado derecho. Completé con mis datos el sobre en el que luego guardé la muestra y lo entregué a la empresa. Un mes después llegaron los resultados a mi correo electrónico. ¿Si me llevé sorpresas? Al principio no; luego sí.

La lectura de los resultados comenzó con lo que más o menos ya sabía: el 73% de mi ascendencia proviene de Europa. Hasta allí llegaban los cuentos familiares, así que seguí leyendo y comencé a descubrir que los datos cada vez iban más y más atrás y con detalles en aumento.

Después de ese 73% de ascendencia europea comencé a ver los detalles: un 42% correspondía a Alemania, Francia, Países Bajos e Islas Británicas. Además, mi ADN mostró que tengo en mi ascendencia un 6% de lugares que no tenía en mi radar, como la actual Hungría, Polonia y Eslovaquia, Centro y Oeste de Rusia, Ucrania y Bielorrusia, Lituana, Letonia y Estonia.

Es casi imposible, pero con muchos huecos y mucha imaginación se me viene un árbol genealógico mental que va años y años para atrás y me conecta con quienes fueron tatarabuelos de mis tatarabuelos y así se podría seguir.

Había más: tengo un 6% de Balcanes, un 5% de Iberia y un 4% de Cerdeña. En lo que respecta a las Américas, la mayor parte de la ascendencia la tengo de Amazonia (8%) y América Andina (4%). También tengo algo de África (7%) y Medio Oriente (5%).

El ADN habla de salud y tendencias.

Estos tipos de test sirven para profundizar en el autoconocimiento y a partir de la información que brinda el propio ADN, ayudarnos a tomar decisiones conscientes que mejoren la salud, por supuesto con la responsabilidad que implica el saber antes de leer cualquier resultado que la consulta con un profesional de la salud es lo primero ante cualquier duda o síntoma.

En mi caso, hay varios puntos mencionados en los resultados que puedo encargarme de confirmar: que tengo tendencia al acné (lo sufrí de adolescente y hay épocas en reaparece), que tengo mayor susceptibilidad para deficiencia de hierro (en mi familia hubo varias mujeres que tuvieron afecciones crónicas relacionadas y no es extraño que yo pudiera tenerlas), que poseo una mayor predisposición para el hambre emocional (no llego a extremos, pero en ciertas épocas me pasa), que el café no tiene gran incidencia en mis niveles de ansiedad (verdad), entre muchos otros datos.

Entre la información a tener en cuenta, no para preocuparme pero sí para estar alerta y tal vez hacer algunos cambios positivos en el día a día, que nunca vienen mal, mi ADN me señaló que puedo tender a presentar niveles reducidos de vitamina B6 (por lo que debo comer más frutos secos, lentejas, carnes; es un hábito en el que podría poner el foco y siempre será positivo hacerlo), también un riesgo más alto que la media de presentar Diabetes tipo 2 (esto me hace pensar en que, tal vez, sería bueno mejorar mi actividad física).

Quizá entonces mi amor por las pastas no tenga tanto que ver con mis raíces italianas, que en porcentaje son pocas, pero al menos en la próxima reunión con amigos podré hacer chistes con argumentos de que mi gusto por las cervezas y mi debilidad por los croissants vienen de mis ancestros alemanes y franceses. Todo un viaje a través del ADN.

Un mapeo genético que cubre varios temas.

El mapeo genético analiza puntos en el ADN que se relacionan con características del cuerpo y la mente, como pueden ser el metabolismo, el rendimiento físico, el funcionamiento de los medicamentos en el cuerpo, entre muchos otros.

De esta forma, el usuario puede conocer los antecedentes de ciertas enfermedades o la predisposición a ellas. ¿Cómo es eso es posible? Debido a que el código genético incluye información clave sobre el riesgo de desarrollar ciertas enfermedades o afecciones genéticas, como podrían ser infartos, Parkinson o cáncer. La idea es que con los resultados, la persona pueda planificar mejor el futuro, siempre con la ayuda de un profesional especializado.

Desde Genera, una de las empresas que ofrece este test en Uruguay, explicaron que si bien no es el objetivo del análisis genético, con los resultados es posible averiguar el vínculo biológico entre dos personas, ya que permite encontrar a quienes comparten un segmento del ADN. De hecho, han ocurrido algunos encuentros.

ADN, responsable de la transmisión hereditaria.

El ADN (ácido desoxirribonucleico) es un ácido nucleico que contiene las instrucciones genéticas usadas en el desarrollo y funcionamiento de todos los organismos vivos​ y es responsable de la transmisión hereditaria. Uno de los trabajos que ha cambiado al mundo relacionado al ADN es el que realizó Gregor Mendel sobre genética, que fue presentado en las reuniones de la Sociedad de Historia Natural de Brünn en el año 1865, publicado como “experimentos sobre hibridación de plantas”.

Desde entonces hubo muchos avances y, de a poco ADN, el genoma y la genética comenzaron a despertar la curiosidad tanto de científicos como de la población mundial en general. Aunque en Uruguay es algo que comenzó a verse más en los últimos años, desde hace bastante en países de Europa o en Norteamérica las personas suelen hacerlos para conocerse más a sí mismos y tener una guía de cuáles serían las tendencias en materia de salud.

Este tipo de test informa el origen del ADN y la persona que brindó su muestra puede conocer en detalle las zonas del mundo desde la que proceden los antepasados, además de ver los respectivos porcentajes (por ejemplo, puede tener un 70% de ascendencia europea y el resto de un poco de las Américas u otra parte del mundo), así como la ruta que fue tomada por esos antepasados.

Para definir la ruta del linaje materno, se realiza un análisis de ADN mitocondrial, un conjunto de haplogrupos que se encuentran en las mitocondrias. Estos haplogrupos son un grupo de alelos (formas alternativas de un gen determinado) que portan las características genéticas heredadas por el padre y la madre. De esta forma es posible rastrear el origen y la ruta del haplogrupo materno durante más de 100.000 años. En cuanto al linaje paterno, solo está disponible para personas con sexo biológico masculino que cuenten con el cromosoma Y, ya que para descubrir esta ruta se realiza un análisis del fragmento de ADN que se transmite de padres a hijos.

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