EDITORIAL
diario El País

Vientos de cambio y unidad

Las elecciones del 27 de octubre consagraron que los partidos de la oposición, que apuntaban a una coalición de gobierno “multicolor” habían logrado una cómoda mayoría parlamentaria (56 diputados y 17 senadores) para desempeñar el gobierno.

Las del 24 de noviembre ratificaron ese pronunciamiento y eligieron al candidato nacionalista Luis Lacalle Pou para encabezar ese gobierno. Un gobierno histórico porque es la primera vez que cinco partidos se reúnen atrás de la figura de un candidato y marchan juntos con un programa común.

Quedó por el camino la torpe y caprichosa actitud de quien fuera su adversario, Daniel Martínez, que a golpes de pecho, gritos y bailecitos (pa’ los contras de la interna) se resistió a aceptar su derrota. Pocos días después, la Corte Electoral ratificó a Lacalle Pou y despidió a Martínez, bajo abucheos de la ciudadanía -y compañeros de partido- porque no gustan los malos perdedores y mucho menos en un pronunciamiento electoral.

El triunfo de la coalición fue una clara señal de cambio y marcó una alternancia en el poder. Muy sana, inteligente y recomendable, porque tras 15 años de gobierno frenteamplista con mayorías parlamentarias, muestra que en Uruguay el poder no es propiedad de ningún partido y una desmedida extensión puede terminar en una concepción equivocada. Nuestra región está llena de peligrosos ejemplos, como la Venezuela de Chávez y Maduro, o Bolivia con Evo Morales, o Nicaragua con Daniel Ortega o la payasada comunista en Cuba: se entronizaron en el gobierno y rechazan la alternancia porque están convencidos que el poder les pertenece. La posibilidad de sucesión, si la prevén, queda en manos de algún monigote.

La alternancia bien entendida no es ni significa revanchismo; no es un ajuste de cuentas de los postergados o damnificados por el gobierno anterior. Lacalle Pou lo tiene muy claro y ha sido lo suficientemente explícito como para que no haya duda: “La unidad nacional es importantísima, una elección no puede significar cambiar una mitad de Uruguay por la otra. Tenemos que unir a la sociedad, tenemos que unir a los uruguayos. Esta elección no se trató de sustituir gobiernos, nunca nos gustó el ‘se van’. Tenemos muchas cosas por hacer como para preocuparnos por desplazar a un partido político. Hay un bien superior que es Uruguay y ese es el Uruguay que hay que construir, sin agresiones, sin violencia y entre todos”.

Pero junto a la unidad, hay una clara exigencia de cambio. Lacalle Pou presidente y la coalición que lo respalda deberán encarar el futuro de un país con serios problemas y muchos desafíos. No será tarea fácil, pero la gente los votó porque aspira a vivir mejor.

Es hora de terminar con la inseguridad, que los ciudadanos, sus hijos y sus nietos puedan vivir y caminar por las calles y abrir sus comercios sin el temor a convertirse en víctimas; que el dinero que se paga por impuestos o tarifas no financien clientelismos o emprendimientos voluntaristas, sino que se destinen a satisfacer sus necesidades; saber cómo y dónde fueron a parar los millones de dólares que se gastaron en diversos programas de asistencia social a los sectores más vulnerables de la población; que el Mides explique por qué se han ignorado más de 400 observaciones del Tribunal de Cuentas en los últimos cinco años; que exista una educación que permita a los más necesitados mirar el futuro con esperanzas; que las relaciones internacionales no se manejen por amiguismos ideológicos sino por los intereses del país; que el campo, el gran motor de la economía nacional, pueda plantear y resolver sus problemas en un clima de diálogo respetuoso.

La lista es larga y si se profundiza puede ser más larga todavía. Pero alcanza para describir las urgencias que hoy enfrenta Uruguay. La coalición está en condiciones de asumir sus responsabilidades y sacar adelante al país.

Lógico que hay diferencias dentro de ella, son cinco partidos que votaron separados y marcaron sus perfiles. No son lo mismo el Partido Nacional, el Partido Colorado, el Partido Independiente, Cabildo Abierto o el Partido de la Gente, por algo votaron separados. Pero tienen muchas cosas en común y, sobre todo, hay coincidencia en la apreciación de los valores políticos más sustanciales. Todos saben lo que es una democracia y lo que es una dictadura. Y todos saben qué significa una Constitución republicana.

A Lacalle Pou lo esperan cinco años por delante, donde deberá moverse entre una actitud conciliadora y otra impulsora del cambio. No será fácil, pero más de tres millones de uruguayos aguardan por él. Buena suerte presidente.

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