EDITORIAL

Sabor amargo, gusto a poco

El procesamiento del exvicepresidente Sendic confirma las denuncias y el trabajo de legisladores y periodistas, a la vez que deja la sensación de que muchas cosas graves que ocurrieron en gobiernos pasados han quedado sin ser juzgadas.

Nadie puede quedar contento con el fallo de la jueza Larrieu. Ni el implicado, ni su partido político, que deberá cargar con la mancha de tener el primer vicepresidente procesado de la historia. Tampoco la oposición, cuyas denuncias eran mucho más amplias y profundas. Pero sobre todo la sociedad en general, que no solo ha perdido cientos de millones de dólares en una gestión ruinosa y ahora probadamente corrupta, sino que ha sufrido un golpe a la histórica autoestima que nos daba el ser una sociedad libre de ciertos flagelos.

Si hay algo que todo el "caso Sendic" nos debería dar a los uruguayos, es un golpe de realidad sobre el verdadero país en el que vivimos. Los políticos que tenemos, la Justicia que tenemos, la sociedad que tenemos. Sin embargo, si hay algo que llama la atención del fallo, es que el exvicepresidente queda como el único culpable de todo. Si alguna vez el concepto "chivo expiatorio" tuvo sentido, esta es sin dudas esa oportunidad.

Es fácil enojarse con la persona, acusarlo de todos los males y pecados. Pero nadie está libre de culpa a la hora de juzgar estos hechos, y son muchos más los que deberían sentir el rigor de una condena por todo este bochorno.

Primero, deberíamos preguntarnos cómo fue que una figura capaz de cometer tanto desaguisado escaló puestos tan rápido en la vida política del país. Y allí habría que cobrarle las cuentas a la fuerza que lo impulsó en base a apellido y presencia física, a ocupar cargos para los cuales obviamente no estaba capacitado.

Una mención especial merece a la hora de los balances, el expresidente Mujica. Fue durante su gestión, marcada por los excesos, el despilfarro, y el desprecio por las normas republicanas, que buena parte de estos problemas ocurrieron. Y nadie es tan ingenuo como para pensar que Ancap era una isla. Con mayores o menores elementos, este tipo de conducta todos sabemos que ocurrieron en diversos organismos del estado.

Lo segundo que debemos preguntarnos es cómo los ciudadanos uruguayos hemos perdido el reflejo crítico hacia nuestra dirigencia, que pudimos tolerar durante tanto tiempo a figuras políticas capaces de conductas tanto como las probadas por la juez en el expediente, como las que quedaron sin evidencia firme de delito, pero a todas luces van contra las normas básicas de decoro y respeto por la función pública.

Entre las primeras reacciones al fallo, hay que destacar las del diputado Felipe Carballo, quien sostuvo que "el escenario sigue siendo para nosotros el mismo. Independiente de cuál sea el resultado, Raúl seguirá participando en política y contribuyendo al desarrollo de todos los temas nacionales". ¿El escenario es el mismo? ¿Independientemente del resultado? ¿En serio? De confirmarse lo que anuncia Carballo, solo cabe esperar que la ciudadanía tome en su manos y en las urnas la justicia que el sistema judicial nos está dando en gotas tan pequeñas.

Porque también ahí hay que ser claros. El trabajo del sistema en todo este caso ha estado lejos de ser el ideal. El rol de la fiscalía en toda la causa Sendic, así como en otras vinculadas a los últimos gobiernos, ha sido sospechosamente pobre. De hecho, en medio de este procesamiento, se supo que se archivó nada menos que la causa de Pluna. El fiscal parece que no encontró razones para sospechar que hubo colusión entre el empresario y el gobierno a la hora de un remate, en el cual el Presidente de entonces anticipó que iba a durar 5 minutos. Y el oferente era un amigo cercano del empresario implicado. En fin...

Si algo queda como positivo de todo esto, es ver que hay instituciones que siguen cumpliendo con su trabajo. Una de ellas, tan criticado y ninguneado, es el Parlamento. ¿Cuánto de esto se hubiera sabido sin la creación de la comisión investigadora? ¿Cuanto más se sabría si se hubiera aceptado crear instrumentos similares en otros casos iguales o aún más sospechosos que el de Sendic? Nunca lo sabremos. También hay que destacar el rol de los medios de comunicación y de la prensa. Buena parte de las revelaciones que permitieron destapar este escándalo se dieron gracias al trabajo de los periodistas que siguieron el caso. Sin eso, todo seguiría igual, en un cruce perenne de acusaciones e insultos, del cual nadie sacaría nada en claro.

Pasando raya, la gran víctima de todo esto es la sociedad. Esa que siempre paga la cuenta, ya sea con los impuestos o bancando con el combustible más caro del continente, para subsidiar las ínfulas empresariales de políticos mediocres y corruptos. Lo único que cabe esperar es que esa sociedad sea más dura a la hora de votar con quienes tan mal la han representado.

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