EDITORIAL

La libertad como solución

En momentos en que se habla de cambiar la Constitución para favorecer “lo colectivo” sobre lo individual, es bueno recordar ejemplos cercanos de los dramas y crímenes que eso puede llegar a generar.

Mientras el mundo arde con el asesinato del embajador ruso, las frases explosivas de Trump y la guerra de Siria, las noticias locales empiezan a "flojear".

Pero la debilidad de las noticias cotidianas alienta a mirar un poco más lejos. Y a enfocar temas que en su momento quedaron tapados por la marea informativa. Hay uno que especialmente pone sobre la mesa uno de los problemas centrales del debate político en Uruguay hoy. Se trata de los mensajes que el grupo llamado Ovejas Negras emitió ante la muerte de Fidel Castro.

Ovejas Negras es, según su sitio web, una "organización social que defiende la diversidad sexual y promueve los derechos de las personas LGBT". Y la polémica se dio porque, como todos sabemos, la revolución cubana no fue ni tolerante ni muy amante de la diversidad. Si Fidel consideraba el pluripartidismo una "pluriporquería", basta imaginarse lo que pensaba de este tema.

En aquel momento, circuló un viejo video del poeta cubano Reinaldo Arenas narrando las torturas que debió sufrir en su país por su identidad sexual. Arenas es dueño de una obra muy potente, pero entre ella hay un cuento llamado "Con los ojos cerrados", que es uno de los alegatos más impactantes contra la asfixia que genera en el individuo la presión del entorno, el poder de la turba o el gobierno del "colectivo".

La reacción de algunas figuras vinculadas a Ovejas Negras con críticas por su emocional tributo a Fidel Castro fue respondida con un argumento interesante. Que la política sangrientamente homofóbica de la revolución cubana se dio en sus inicios, y tenía que ver con una visión acorde al tiempo histórico que corría. Que después eso se fue corrigiendo, y que hoy una hija nada menos que de Raúl Castro es la "madrina" de los grupos gay en la isla.

La postura de analizar los discursos y conductas políticas en relación con el tiempo histórico en que fueron hechas es muy positiva. Y digna de aplicar cuando se escucha, por ejemplo, a dirigentes del Frente Amplio que para defender algunas posturas actuales, citan frases de Wilson Ferreira de los años 70, veinte antes de que confirmáramos que el socialismo real era un fracaso. Pero aquí solo refuerza la tesis central de esta pieza.

Resulta que el mismo año en que Arenas sufría torturas por ser gay en la cárcel de El Morro de La Habana, el primer político abiertamente homosexual era elegido para un cargo político de importancia en la ciudad de San Francisco, EE.UU. Era Harvey Milk, cuya vida motivó una discreta película hace unos años, protagonizada por Sean Penn. La historia de Milk no fue sencilla, debió padecer todo tipo de humillaciones, e incluso terminó asesinado, aunque no por su orientación sexual. Sin embargo es considerado un mártir de la causa gay y en 2009 fue condecorado de forma póstuma con la Medalla de la Libertad.

Si Arenas y Milk vivieron en la misma época, tuvieron una orientación sexual similar en tiempos donde la visión cultural establecida veía eso como una aberración, ¿por qué uno era torturado por el Estado mientras el otro era designado para un alto cargo? No sería porque en EE.UU. no existiera la homofobia ni sectores retrógrados.

La clave parece estar en dos palabritas que hoy han sido puestas en categoría de pecado: libertad e individualismo.

El sistema político de Estados Unidos, al igual que el que refleja la Constitución uruguaya, establece un esquema liberal en el que el centro es el individuo. En un esquema así, el poder que tiene la sociedad en general, o las mayorías que representan los valores de la época para imponer su visión al resto, es limitado. Y la conducta personal, en tanto no afecte a nadie más, no debería ser blanco de ningún tipo de injerencia estatal o externa.

Lejos de ser síntomas de egoísmo o falta de solidaridad, este sistema es el que históricamente ha permitido mayores cuotas de diversidad y de vida pacífica en sociedad. Sin embargo hoy está bajo ataque de personas que defienden priorizar lo "colectivo", y un sistema donde el individuo debe agachar la cabeza ante las imposiciones de grupos organizados o mayorías circunstanciales.

El debate cobra importancia en momentos en que se habla de cambiar la Constitución uruguaya, y los impulsores son justamente quienes favorecen que lo colectivo debe primar sobre lo individual. Algo que puede sonar muy lindo, pero que la historia muestra que siempre termina generando la dictadura de las visiones dominantes, y una diversidad muy poco diversa. Y donde los derechos básicos terminan dependiendo de tener una madrina hija del mandamás de turno.

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