EDITORIAL

La furia contra Casero

El polémico cómico argentino desató una controversia que dice mucho más sobre nosotros mismos y sobre un nacionalismo bastante infantil, que sobre su extraño sentido del humor.

Vivimos en un mundo extraño. El poder de las redes sociales y la comunicación sin intermediarios, entre sus muchos costados negativos, nos da una gran ventaja: poder realizar de manera directa un análisis del estado emocional de una porción de la sociedad. Y las declaraciones del cómico argentino Alfredo Casero muestran algunos detalles perturbadores del estado del alma actual de una parte de la sociedad uruguaya.

"A los que van de vacaciones a la República Bolivariana de Uruguay, cuiden los chicos, recuerden a Lola Chomnalez". Esa fue la frase que desató el temporal. Conocidos periodistas, figuras televisivas, gente que ha hecho de vegetar en las redes sociales un trabajo "honrado" (se hacen llamar "influencers"), y público en general, salieron con furia a responder al artista argentino. Incluso políticos de la talla de Fernando Amado o Marcos Otheguy se sumaron a opinar sobre el tema, mostrando lo intenso de la agenda política estival.

Ahora bien, ¿es para tanto? ¿Por qué un simple "twit" de un cómico provoca tanto revuelo en la agenda pública uruguaya? ¿Y por qué Casero lanza una invectiva tan severa como generalista contra nuestro país?

Lo primero que cabe hacer es definir al personaje. Casero es un cómico surgido del "under" argentino a fines de los 80, y que se ha caracterizado siempre por un estilo chocante, irónico, y por momentos difícil de comprender, que gusta mucho de jugar con las reacciones del público, al que no pocas veces le toma el pelo apelando a lo lineal de la comprensión de la "masa". La reacción natural ante muchos de los "gags" de Casero es quedarse de boca abierta preguntándose adónde apunta el humorista. Por lo tanto no habría que sorprenderse mucho de que esta provocación sea parte de ese juego.

Pero además, Casero ha tomado un perfil político significativo en esta Argentina de hoy. Primero convirtiéndose en una de las escasas voces críticas del mundo cultural con el kirchnerismo mientras ese proceso político floreció. Y ahora más aún, en momentos de derrumbe y de comprobación de todo lo nefasta que la "era K" ha sido para su país y para la región. Esto es importante, porque permite valorar tanto el origen de esta insidia que Casero cargaría contra Uruguay, pero sobre todo el tono de algunas reacciones políticas.

Porque los comentarios críticos del cómico contra nuestro país no comenzaron ahora, sino que fueron una reacción a la permanente intromisión del expresidente Mujica en la política argentina. Si se lee alguna columna publicada por el cómico en la prensa argentina, y sus reacciones previas en las redes sociales, el asunto se inicia con molestias sucesivas, y muy justificadas, ante lo que son interferencias y comentarios tan impertinentes como ignorantes de nuestro exmandatario sobre temas internos de los vecinos. Es como si el expresidente Duhalde saliera todos los días a comentar sobre la realidad política uruguaya. ¿Cuál sería la reacción natural de nuestra sociedad? Así que si la actitud irresponsable de Mujica no generó una condena significativa del uruguayo medio, ahora hay que aguantar.

En segundo lugar, la simple mención del caso Chomnalez debería generar en los uruguayos primero que nada una vergüenza tendiente al silencio pudoroso, antes que a reacciones chauvinistas. Porque ha habido pocos episodios más papelonescos para nuestro país que la investigación policial de ese crimen. Desde policías que se pierden en las dunas, pasando por informaciones públicas erráticas y pruebas de ADN masivas, hasta el sumun histórico de ver en cadena de TV regional a los investigadores llevando la pieza clave del crimen en una caja de bananas. En vez de calentarnos con Casero por recordarnos este bochorno, deberíamos canalizar nuestra furia a las autoridades que nos sometieron a semejante papelón. ¿Algún jerarca se hizo responsable de ese fiasco?

Por último, es sabido que los países chicos tienden a compensar sus carencias de proporciones con un exagerado amor propio y una sensibilidad de piel mayor. Pero el nivel de furia de buena parte de la sociedad ante lo que no es más que el comentario de un humorista, habla muy mal de nuestra escala de prioridades. Sobre todo cuando quienes muestran mayor enojo y ganas de participar de una polémica ínfima, son dirigentes políticos a quienes pagamos pingües salarios para que resuelvan los problemas de la sociedad. Que más allá de esta ola patriotera típica del "nuevo uruguayo", tenemos urgencias bastante más dolorosas que andarse preocupando por lo que dice un cómico en las redes sociales.

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