Editorial

La agenda (socialista), agotada

La economía no funciona de esta forma. Necesita reglas claras, colaboración, inversión genuina y rentabilidad saludable. Y eso no se arregla con caras nuevas, sonrisas amables, y palmaditas en la espalda, al grito de “vamo’ arriba”.

El intendente Martínez, apenas con dos años de gestión con más sombras que luces, ya está en plena campaña presidencial. Algo que dice mucho sobre el respeto que el Frente Amplio tiene hacia los montevideanos, pero eso es otro tema... El asunto es que Martínez decidió visitar la sede del Partido Socialista, su propio partido, para recibir apoyo a sus aspiraciones presidenciales. Y, claro está, lo recibió con creces.

Ahora, entre los comentarios que recibió en tal entrañable visita, destacó uno del dirigente socialista y "asesor" de la OPP Eduardo de León. Según el jerarca "hay una visión más o menos compartida de que hay una agenda que se agotó". Y agregó que "la calidad es una preocupación. El ciudadano tiene que sentir que hay una relación entre lo que aporta y la calidad de los servicios".

Se trata, por supuesto, de una percepción compartida por una abrumadora mayoría de los uruguayos.

Uno puede tener discrepancias con el marco y las propuestas del primero gobierno del Frente Amplio. Pero no se puede negar que fue un gobierno que tuvo un norte, una conducción, y ciertas concreciones. Algo de lo que careció absolutamente la gestión Mujica, pese a gozar del mejor momento económico importado en un siglo, y que lo único que dejó fue un agujero en las cuentas públicas que llevará años tapar.

En ese marco comenzó la segunda gestión Vázquez, también producto del Partido Socialista, cuyos "cuadros" han colonizado buena parte del estado, desde puestos formales en sitios estratégicos, hasta centenares de "asesores" y "consultores". Toda esta influencia ha significado poco para traslucir la inquietud percibida por Martínez en su regreso a la llamada Casa del Pueblo.

Es que este segundo gobierno de Vázquez y tercero del FA ha estado marcado por la parálisis, la falta de ideas y un divorcio virulento con las necesidades y reclamos del uruguayo de a pie. Con un agravante, que la economía y otros aspectos centrales que la condicionan, como son las relaciones laborales, dejan en evidencia que lo que está agotado no es solo la agenda de Vázquez o del propio Frente Amplio. Lo que está agotado es la agenda socialista en su más amplia expresión.

Cuando hablamos de agenda socialista nos referimos a la concepción filosófica que domina a buena parte del oficialismo, que entiende que la economía es un suma cero, que la creación de riqueza puede venir de manos de un estado dirigista y planificador que no deja espacio a la iniciativa privada, que la relación entre empresarios y trabajadores es de conflicto permanente, donde lo que uno gana es siempre a costillas del otro, y que los impuestos son la herramienta principal para reorganizar a la sociedad, extrayendo recursos sin medida a los sectores que se considera "privilegiados", y que se usan para engordar las estructuras estatales con la excusa de que así se protege a los más débiles.

Esa es la agenda que está agotada. Y es el Uruguay el que está exhausto de la misma, como lo muestran todos los indicadores y números a la vista.

Como pasa siempre con estas posturas socialistas, a medida que los márgenes económicos de las empresas se reducen al mínimo, a medida que los actores económicos sienten que el estado es un socio "bobo" que se lleva la parte del león del producto de su esfuerzo, sin aportar más que dificultades, a medida que la sociedad se hunde en la dinámica del conflicto laboral permanente, la economía deja de crecer, la gente deja de invertir, el ciudadano cae presa del cinismo y ya no apuesta al futuro. Esto es lo que vivimos en Uruguay hoy.

A esto hay que sumar un agravante. Como en todo esquema socialista, cuando estas cosas indefectiblemente empiezan a pasar, la respuesta de quienes las llevan adelante nunca es la autocrítica o la revisión de los propios errores. Embriagados por la convicción de ser los hegemónicos dueños de la bondad, estos dirigentes políticos no pueden aceptar sus errores, y empiezan a inventar conspiraciones, a buscar responsables fuera de su círculo, y a explicar sus fallas siempre en la acción ajena. Ahí aparecen los oligarcas rurales, los egoístas empresarios, los pérfidos medios de comunicación, los planes Atlanta, y toda la serie de estupideces que escuchamos a diario.

La realidad es mucho más simple. La economía no funciona así. Necesita reglas claras, colaboración, inversión genuina y rentabilidad saludable. Y eso no se arregla con caras nuevas, sonrisas amables, y palmaditas en la espalda con el clásico "vamo arriba".

Hace falta un giro de timón, reformas de fondo y apostar a la energía de la gente para poder volver a crecer.

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