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Verdadera inclusión

Otras son las formas de hacerlo


@|Si en algo se puede coincidir es, en la extraordinaria capacidad inventiva que tienen distintos actores del gobierno del Frente Amplio para utilizar palabras que en su grandilocuencia, llevan a suponer un enorme trabajo o tal vez un cambio (“revolucionario”) que habría comenzado recién hace casi tres lustros, cuando accedieron al poder en nuestro país. 

Así, han promovido leyes que supuestamente apuestan a la “inclusión” de los involucrados, cuando en verdad, para quienes todavía tenemos un resto de capacidad de asombro y algo de espíritu crítico, no son más que denominaciones que apuntan en otras direcciones. Baste recordar la “inclusión financiera” que, con la imposición de la bancarización obligatoria, lo que ha logrado es inmiscuirse en nuestras cuentas y bolsillos, a los solos efectos de contralores fiscales o impositivos, mucho más allá de lograr incluir a quienes viven de un salario, en la modernidad de los sistemas bancarios y el movimiento electrónico de dinero. Como si el solo hecho de abrirse una cuenta donde se le depositarán sus haberes salariales, les permitiera “sentirse incluidos” verdaderamente, en el sistema financiero de la República. 

Las normas jurídicas que han ampliado el contenido de nuestro Código Penal y que hacen a la violencia de género, a otras que autorizan el matrimonio igualitario o que apuntan a “terminar con el patriarcado” o la violencia doméstica, pretenden lograr una inclusión social que debiera buscarse, a través de una educación desde la más temprana edad, fortaleciendo valores de compromiso y solidaridad, que apunten a ser parte de una sociedad intrínsecamente vinculada con la igualdad y la familia, como base inexorable de la misma. 

Ahora resulta que, el lenguaje debe ser “inclusivo” y “no sexista”, evitando utilizar el masculino cuando nos dirigimos a un conjunto de personas de ambos sexos, llegándose a inventar formas de expresión que hacen piruetas para no “discriminar” ni “disminuir” la presencia de mujeres en el colectivo, a quienes se dirige el mensaje. Se argumenta recientemente que debiera aprobarse legalmente el uso de este lenguaje inclusivo (ampliamente rechazado por la Real Academia Española de la Lengua) para “honrar” a la compañera Vicepresidente de la República, a quien insisten en llamar “vicepresidenta” lo que por cierto, resulta hasta ridículo. 

Desde aquella invocación al festejo inicial del primer gobierno frentista, formulada a “uruguayos y uruguayas”, ya han transcurrido casi quince años y muy poco ha sido lo efectivamente realizado en aras de la verdadera inclusión social, que es lo que definitivamente importa. 

No se alcanza a comprender por qué razón, contando con las mayorías parlamentarias -que han utilizado en muchos casos como aplanadoras de la oposición- aún las retribuciones económicas que perciben las mujeres por idéntica tarea a la realizada por los hombres, no se ha fijado en forma igualitaria. Esta sería una inclusión valedera y verdaderamente republicana. Ya que se trataría de aplicar el aceptado y manido concepto del derecho laboral “a igual tarea, igual remuneración” que obviamente, nada tiene que ver con el “género” de quien realiza la tarea en cuestión.

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