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Familias binacionales


@|Lo que nos dejó la pandemia y no fue producto del virus.

A dos años de la declaración de la pandemia, de la emergencia sanitaria en Uruguay, todos atravesamos por situaciones difíciles, donde lo prioritario era cuidarnos y eso implicaba estar lejos de nuestros afectos. Por ejemplo, no poder acompañar a nuestros mayores, porque la distancia era la forma de preservarlos; momentos tan tristes y de tanta incertidumbre...

Llegaron las vacunas y con mucha alegría y agradecimiento por las gestiones realizadas, nos vacunamos. Primera dosis, dos, refuerzo, ¡cuarta dosis ya! La situación sanitaria parece estar controlada o al menos muchos hemos hecho lo necesario para lograr convivir con este virus de la mejor manera que podemos y aún así, para algunos de nosotros la vida sigue en pausa...

Soy una argentina viviendo en Salto, ROU, hace casi 14 años. Aquí formé mi familia y es el lugar donde siguen creciendo nuestros hijos. Mis padres, luego de vivir toda su vida en Buenos Aires, se acercaron a nosotros hace 4 años; están en Concordia, Entre Ríos, Argentina. Los protocolos para poder cruzar, costosos y desgastantes, impidieron que podamos vernos durante mucho tiempo. Recién en diciembre de 2021 pudimos reencontrarnos y a un muy alto costo monetario y emocional; considerando que fueron mis padres los que cruzaron, dos personas mayores, jubiladas, a las que por suerte pudimos ayudar y apuntalar en todos los trámites (PCR, declaración jurada de egreso de Argentina, declaración jurada de ingreso a Uruguay, seguro de salud por el tiempo de permanencia en el país... otro tanto para el regreso aunque justo, por suerte, ¡Argentina sacó el requisito de hisoparse!).

Concordia y Salto son ciudades fronterizas, separadas por 38 km, por el Río Uruguay, por el puente Salto Grande y hoy separadas para muchas personas por la desidia de los gobernantes, por la ineptitud para resolver problemas de fondo y dejarnos rehenes de intereses económicos que nada tienen que ver con nuestras necesidades de familias binacionales. Durante todo este tiempo, casi dos años hemos esperado una respuesta para nuestra situación; hemos desesperado tantas veces; hemos recurrido a tantas personas esperando ser escuchados, tenidos en cuenta...

¿Cuán complicado podía ser implementar una tarjeta de Tránsito Vecinal Fronterizo (que ya existe y tan amablemente la realiza aquí migraciones Uy) para quienes pudiéramos justificar vínculo familiar, motivos laborales, cobro de haberes, estudio... teniendo esquema de vacunación completo y la documentación correspondiente?

Dos años viendo cómo las aperturas y simplificaciones llegaban a cuenta gotas y por necesidades del sector turístico, tan castigado sí, pero nosotros no somos turistas. Así como el antígeno solicitado para el ingreso a Uruguay sigue siendo una especie de control aduanero para desalentar el cruce de la gente salteña por la diferencia cambiaria, ¿verdad? ¡Porque acaso no nos seguirán argumentando que es por un tema sanitario!

Tres dosis de vacunas, llegando a la cuarta, pero resulta que convenía tener Covid para poder regresar a Salto sin pagar y sin someter a mis hijos a un hisopado por cada vez que quisiéramos compartir un domingo con sus abuelos.

Seguramente cuando ya no se pueda sostener más la emergencia sanitaria, o tal vez cuando descubran que pedir un seguro Covid para cruzar a pasar el día con la familia, estando a 38 km, no tiene sentido, o quizás cuando la diferencia cambiaria no resulte ventajosa, quizás ahí y sólo ahí podamos retomar nuestras vidas. Dejar de sentirnos así de tristes por ser rehenes de una situación que nunca nos tuvo en cuenta y nunca tampoco nos va a devolver lo que perdimos.

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