Sergio Abreu
Sergio Abreu

¡Así no, eh!

En 1990, el nuevo gobierno (blanco) se planteó como objetivo, reducir el déficit fiscal heredado, combatir la inflación y negociar la deuda externa.

El equilibrio macroeconómico y la apertura comercial iban de la mano de la derogación de los monopolios públicos y de la reconversión del aparato productivo. Todo eso, cumpliendo con una reforma constitucional aprobada para ajustar las pensiones y jubilaciones.

El año 1992 finalizó con un superávit fiscal que desde el inicio parecía imposible de alcanzar. La gestión de gobierno tenía rumbo y concreciones como la Ley de Puertos y hasta el propio Mercosur. Pero, los resultados, preocuparon a la oposición que decidió jugar sus boletos contra los artículos de la ley de Empresas Públicas referidos a Antel. Estos disponían, que el capital nacional fuera mayoría, sumando el 3% de las acciones en manos de los trabajadores; y que los recursos que se obtendrían de la venta de las acciones minoritarias, tendrían como destino las reformas de la Seguridad Social y de la Educación.

No sorprendió, entonces, que las ambiciones políticas de unos y la rigidez ideológica de otros convergieran. El fuego cruzado, proveniente del Foro Batllista (cuyo Ministro y legisladores votaron la ley) y del Frente Amplio, determinó que esos artículos fueran derogados por un plebiscito popular.

Posteriormente, durante el segundo gobierno del Dr. Sanguinetti, se construyó la torre de Antel a un costo de cien millones de dólares; una fastuosa obra financiada con el bolsillo del contribuyente, contra la que se llegó a pronunciar, hasta la Convención del Partido Nacional.

A todo esto, el gobierno del Dr. Batlle, en el año 2000, intentó impulsar la apertura comercial, pero una grave crisis externa impactó en nuestra economía afectando el empleo y la balanza comercial. El PBI cayó a 14.400 millones de dólares y el default pedido por el Frente Amplio, y por su actual socio el FMI, no se concretó por la intervención directa del Presidente Bush y del Tesoro de los EE.UU.

El lector se debe preguntar a dónde queremos llegar. La respuesta apunta a dos actitudes políticas; una institucional, la del sublema “Frente Amplio-Pit-Cnt”; y otra individual, la del expresidente Sanguinetti.

Veamos: el primer gobierno del Dr. Vázquez, se benefició con un viento de cola externo que llevó nuestro PBI a fines del 2009 a niveles nunca alcanzados. Y aún, cuando no le faltaron recursos en tiempo de las “vacas gordas”, el FA encontró la fórmula del desastre; recaudó como capitalista insaciable y gastó como socialista indisciplinado; agrandó al Estado, ingresaron 60.000 funcionarios públicos, el clientelismo derivó en populismo electoral, el déficit fiscal se ha llegado a solo un punto del heredado del gobierno del Dr. Sanguinetti (6%), el desempleo supera el 8%, la deuda externa es la más alta en la historia del Uruguay, el grado inversor tambalea y la reforma del Estado y de Educación… quedaron en el camino.

Lo expuesto ¿no le preocupa al Pit-Cnt? ¿Ignora que la pérdida de competitividad afecta a las empresas que son las que dan trabajo? ¿Acaso no sabe que la presión tributaria es insoportable y que el costo laboral y el sindicalismo, anclado en la lucha de clases, son las causas principales de la pérdida del empleo?

¡Claro que lo sabe! Pero, en su experto manejo de palabras “marquetineras”, el sublema “Frente Amplio-Pit-Cnt” está en guerra contra todo lo que define “neoliberal” un concepto vacío de contenido, que tendría como oponente el neototalitarismo, el neosocialismo, el neodirigismo, el neoconservadurismo, y hasta el neofascismo.

Lo cierto es, que las etiquetas mentales no tienen explicación. Pero una vez instaladas es peligroso pararse frente a sus “tanquetas”. Lo vimos en Venezuela y lo advirtió el expresidente Mujica, los que las conducen son sus amigos, y si algo saben, es violar derechos, atropellar personas e instituciones.

Por otra parte, el Dr. Sanguinetti es una persona madura (en su acepción etaria) con experiencia política, tanto en la cancha grande como en el potrero. Hace gala de una buena cultura y de componentes propios de un buen dirigente. Pero tiene un problema, no puede disimular su conocido “anti- blanquismo”, el mismo que lo llevó en los últimos días, en plena campaña interna de su Partido, a caer en un lamentable “botijeo”, al juzgar que el precandidato Lacalle Pou estaba madurando y que lo veía más reflexivo.

El expresidente debe entender que el Partido Nacional no necesita “baby sitter”. Los precandidatos se someten a la voluntad popular; por tanto, ese programado “paternalismo” está fuera de lugar. En todo caso, debería preocuparse por recuperar el máximo de bancas parlamentarias para hacer gobernable al país.

En conclusión, no estamos para hacer advertencias. Pero no sería bueno, que se insistiera en recorrer el camino que se denuncia. En estas elecciones, se juega lo suficiente como para hacer peligrar la posibilidad de desplazar del gobierno al Frente Amplio. Y solo con una visión generosa se podría obtener una contundente victoria electoral. El Frente Amplio no la tendrá. Los demás deberían tenerla.

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