Joaquín Secco García
Joaquín Secco García

Ganadores y perdedores

En la coyuntura que empezamos a transitar será inevitable el ajuste de las remuneraciones a un ingreso nacional disminuido, el cual no afectará por igual a todos quienes se reparten una menor riqueza disponible. Los desacoples generan, por un lado, bolsones de trabajadores, empresas o servicios públicos con mayor poder para imponerse en la pugna por el reparto de un ingreso disminuido.

En la coyuntura que empezamos a transitar será inevitable el ajuste de las remuneraciones a un ingreso nacional disminuido, el cual no afectará por igual a todos quienes se reparten una menor riqueza disponible. Los desacoples generan, por un lado, bolsones de trabajadores, empresas o servicios públicos con mayor poder para imponerse en la pugna por el reparto de un ingreso disminuido.

Por otro lado, en otro lugar de la economía y la sociedad se genera desempleo entre trabajadores o quiebra de empresas. Las cadenas exportadoras sufren primero y más agudamente la caída de ingresos. Un contratista agrícola -un pilar del crecimiento reciente- a más de 200 kilómetros de N. Palmira es muy probable que quede desempleado, lo que no ocurrirá con un funcionario público o un bancario. Como ha pasado en nuestro país, los golpes se originan en cambios externos que provocan un fuerte disloque de los ingresos entre grupos de la sociedad premiando a los gobiernos y las corporaciones y castigando la competitividad, la empresa y la innovación.
Disfrutamos de un período de prosperidad excepcional que no se repetirá en el mediano plazo. El aumento del precio de los exportables a partir de 2002 sumado a una fuerte corriente de inversión extranjera explica en lo sustancial el significativo aumento del ingreso nacional del cual nos beneficiamos. El mundo estuvo dispuesto a pagar más por el trabajo nacional a través del precio de las exportaciones. Por el contrario, cuando los precios de nuestras ventas caen como lo hicieron en los últimos meses y a la vez se reduce la inversión extranjera, las consecuencias son las opuestas. El mundo pagará menos -bastante menos- por el trabajo nacional.

La fase ascendente del ciclo se caracterizó por el exceso de gasto público, la pésima asignación del mismo y la pobre gestión que explica que no se haya mejorado la competitividad, lo cual hubiera hecho posible sostener el crecimiento en la fase descendente del ciclo. El desmadre de Ancap es solamente una muestra del desgobierno. Por otra parte, tampoco cuando las alarmas están sonando se modifica suficientemente la estrategia económica.

Las señales son muy negativas. En lo externo, los precios de las materias primas, la situación de la región y países emergentes, el cambio en los flujos financieros, la amenaza sobre el grado inversor y la tasa de interés. En lo interno, un presupuesto armado sobre bases poco realistas, ni se crecerá tanto ni se recaudará lo previsto. Pero además, se sigue premiando lo que menos aporta y castigando lo más competitivo. Todo en el marco de lo que se empieza a conocer de Ancap y lo que se intuye del resto, lo cual seguirá cargando la cuenta del despilfarro. La señal del TISA, las pautas salariales, los precios relativos que no se modifican, el manejo del tipo de cambio y la lógica de los incentivos implícitos, resultan negativos para una reactivación rápida.

El país mejoró notablemente las capacidades y la competitividad en la exportación de productos del campo, especialmente para granos, lácteos, forestales y en forma más desigual en ganadería. Volver rápidamente al pleno empleo de las capacidades construidas demandaría un ajuste más equitativo de los ingresos. La reactivación del campo aportaría el crecimiento exportador más ágil posible en la medida que los negocios de base urbana enfrentan mayores dificultades. Enfoques, Joaquin secco gercía, ganadores y perdedores

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