Isabelle Chaquiriand
Isabelle Chaquiriand

Voló el unicornio

En medio de la pandemia, la victoria de Suárez en la Liga Española y los goles de Cavani en el Manchester están siendo bocanadas de oxígeno en esta penumbra asfixiante. Pero hay otros uruguayos que están metiendo goles en las grandes ligas y no son de fútbol exactamente.

Por si no lo vieron en las noticias, esta semana la empresa dLocal empezará a cotizar en la bolsa de Nueva York.

Para los que no están en el mundo emprendedor y puedan entender la magnitud del hecho, les cuento que los que damos clase de este tema hasta ahora explicábamos las distintas etapas de crecimiento y financiamiento de las empresas diciendo: “en el mundo hay emprendimientos que arrancan en un garaje y llegan a Wall Street. Pero acá en Uruguay no hay casos…” y con un dejo de esperanza ca-si romántico agregábamos “…por ahora”. Pero el complejo de pobrecitos lo rompimos ya hace unos meses. Los que nos dedicamos a esto de la tiza y el pizarrón, hasta ha-ce unos meses explicábamos lo que eran los unicornios, aquellas empresas que consiguen una valoración de más de 1.000 millones de dólares en un período relativamente corto de tiempo, como un concepto teórico. Pero desde hace pocos meses podemos hablar de dLocal y PedidosYa como los dos primeros unicornios uruguayos.

Estos también son golazos que hay que festejar como país. Porque mucho más que un grupo de jóvenes que hace unos años tuvieron una idea y en los próximos días estarán en el balcón de la bolsa de Nueva York, bañados en una lluvia de papelitos, tocando la campana en la apertura del principal mercado financiero del planeta en el primer día de cotización de sus acciones en Wall Street, estos emprendedores están abriendo camino. Están marcando una ruta de Uruguay al mundo y del mundo a Uruguay: están mostrando al planeta entero que en nuestro país se crean empresas de valor, pero además encontraron la manera para llegar hasta ahí y que otros la puedan replicar.

Esto no se trata solamente de que ellos se llenen de plata, que bien merecido lo tienen. Se trata de que crean miles de puestos de trabajo, empujan el crecimiento de empresas a su alrededor, mueven la frontera de innovación, nos mejoran la vida a los consumidores y atraen inversión al país.

Todo esto fue posible gracias a la combinación de varios factores, no es casualidad: unos emprendedores brillantes y con las habilidades (y perseverancia) necesarias; una educación formal y desde sus hogares que los ayudaron a tener la mentalidad, conocimientos y herramientas adecuadas; y un ecosistema emprendedor que los fue impulsando, o al menos, no los fue frenando. Esa palabra que ha sido tan manoseada y repetida cuando se debía y cuando no: “ecosistema emprendedor”, está empezando a tomar sentido. Ese conjunto de organizaciones que dan apoyo, un entorno educativo y apoyos públicos al servicio de miles de aspirantes a emprender que intentarán sembrar, donde cientos lograrán germinar y unos pocos podrán cosechar. Pero donde el derrame y el balance final es ampliamente positivo. Más de 20 años de invertir para crear este microclima, resultado de una política de Estado, más allá de los gobiernos de turno.

Un impulso que no debemos perder para que más unicornios sigan volando.

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