Hernán Bonilla
Hernán Bonilla

La selección como ejemplo

Mañana la selección uruguaya de fútbol estará jugando por octavos de final de la copa del mundo un partido difícil contra la selección de Portugal, luego de haber pasado con luz y antes de tiempo la fase de grupos.

Más allá del resultado del partido de mañana, que ojalá ratifique el buen momento de nuestro equipo, es importante que, sin caer en la idealización y en el chauvinismo, busquemos en el ejemplo del proceso que se viene llevando adelante en los últimos años algunas pautas para otros proyectos que debemos encarar como país.

No tengo recuerdos (quizá por no haber vivido la época de la salida de la dictadura que puede ser un antecedente) de otro hecho que haya provocado la adhesión entusiasta de todos los uruguayos, al pun- to de cambiar el clima de humor en la calle. El estar unidos detrás de un objetivo común genera sinergias positivas en una sociedad acostumbrada a practicar más el deporte de la división que el del fútbol.

Otro aspecto importante es fijarse objetivos exigentes, a los que estamos lamentablemente desacostumbrados. No es frecuente en otros ámbitos del quehacer nacional que nos planteemos ser campeones del mundo, por el contrario, ha tendido a permear cada vez más un discurso que apela a la resignación y a la mediocridad. Basta recordar una miríada de declaraciones de jerarcas públicos en los últimos tiempos apuntalando un horizonte en el que Uruguay poco menos que va camino a convertirse en un país bananero y en que se plantea que ese destino es casi inexorable.

El liderazgo, tanto del técnico Tabárez como de jugadores como Suárez o Godín, es otro aspecto central. Los grandes proyectos necesitan de líderes capaces de aunar voluntades, esfuerzo y compromiso. Tanto en el ámbito público como en el privado, adolecemos de la ausencia de liderazgos que impulsen objetivos desafiantes y valiosos a nivel social.

El trabajo en equipo como base, más allá de que existan individualidades que tengan mayor destaque, es otra clave para tener presente. Si se lo compara con las dificultades que han tenido en este aspecto, verbigracia, nuestros hermanos argentinos se puede apreciar esta dimensión en toda su nitidez. Sin embargo, en otros ámbitos es muy notoria la dificultad que tenemos para trabajar en equipo y es más común ver individualidades que intentan hacer goles maradonianos con escaso éxito. La confianza entre las personas, el intentar ser útil antes que importante o el valorar el gran objetivo común antes que pequeños logros personales, es otra lección valiosa.

El fútbol es un deporte y, por lo tanto, hacer las cosas bien no asegura resultados positivos, pero los vuelven posibles. La selección uruguaya —que no el fútbol uruguayo— ha logrado ser una isla de excelencia con un proyecto serio, estable, con liderazgo y objetivos relevantes. El país necesita en otros temas más importantes trabajar de la misma forma. ¿Por qué no plantearnos, por ejemplo, el objetivo de ser un país desarrollado en 20 años? Es difícil, por cierto, porque requiere reformas estructurales sumamente complejas en nuestro conservador Uruguay, pero es perfectamente posible si hacemos lo que debemos. Es hora de pensar en grande y saber que solo con inteligencia, dedicación y mucho trabajo podemos lograr triunfos importantes más allá del mundial. Es un buen momento para que comencemos a incorporarlo y aplicarlo.

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