Björn Lomborg
Bjorn Lomborg

La tragedia comercial

La guerra comercial entre Estados Unidos y China ha llevado a muchos analistas a centrarse en el daño económico que sufren las dos partes: golpea los bolsillos de los consumidores estadounidenses y perjudica a los exportadores chinos.

Pero debería existir una preocupación mucho mayor, que es que quienes toman las decisiones en todo el mundo han virado bruscamente en contra de la herramienta de desarrollo económico global más poderosa jamás descubierta.

Sí, el libre comercio es bueno para los países ricos: se ha demostrado que los consumidores estadounidenses de clase media obtienen más del 25 por ciento de su poder adquisitivo del comercio exterior. El efecto es dos veces mayor para los estadounidenses más pobres.

Además es bueno para los exportadores y los trabajadores de las naciones ricas: el Consejo de Asesores Económicos ha demostrado que, de media, las industrias intensivas exportadoras de los Estados Unidos pagan a los trabajadores hasta un 18 por ciento más que las empresas no exportadoras.

Pero lo que se pasa habitualmente por alto es el hecho de que, mucho más que cualquier ayuda o gasto en desarrollo distribuido por los países donantes, la reducción de las barreras comerciales es la forma más poderosa hasta ahora conocida para reducir la pobreza extrema en todo el mundo.

Han pasado cuatro años desde que se rompieron las negociaciones de la Ron- da de Doha sobre libre comercio de la Organización Mundial del Comercio (OMC), después de más de una década. Al comienzo de esas negociaciones, Estados Unidos y Europa acordaron reducir sus barreras comerciales para promover el desarrollo sin exigir que los países pobres redujeran las barreras a la importación de la misma forma.

A medida que crecieron los países en desarrollo como China, los países ricos exigieron más de ellos, lo que llevó a un punto muerto que finalmente hizo descarrilar todo el acuerdo.

El drama es que la terquedad de ambos lados y el estado de ánimo arraigado en la actualidad contra el libre comercio han hecho perder de manera efectiva billones de dólares en crecimiento potencial. De haberse completado, el acuerdo de Doha habría enriquecido al mundo en 11 mil millones de dólares anuales en 2030, según una investigación encargada por nuestro grupo de expertos, Copenhagen Consensus.

Los más desfavorecidos del mundo habrían sido los más beneficiados. En los países en desarrollo, el aumento de la riqueza con el acuerdo de Doha habría sido equivalente a US$ 1.000 adicionales por persona en cómputo anual en 2030. Solo esa cifra reduciría el número de personas que viven en situación de pobreza en 145 millones en solo 12 años.

Por supuesto, la oposición al libre comercio no viene de la nada: las imágenes de fábricas cerradas han sido particularmente poderosas para cambiar las opiniones.

Cada acuerdo comercial genera pérdidas de empleos y gente que sufre para encontrar otro trabajo. En los países ricos, demasiadas personas y demasiadas ciudades se han quedado atrás y no cuentan con el apoyo suficiente para rehacerse y reconstruirse después de que un comercio más libre haya cambiado el escenario.

Pero en lugar de virar completamente en contra del libre comercio, lo inteligente sería volverse mucho más rigurosos a la hora de proporcionar apoyo a quienes lo necesitan.

Un estudio sugiere que el libre comercio aumenta la desigualdad de ingresos y que el coste de la redistribución podría erosionar más del 20 por ciento de los beneficios generales que provienen de un acuerdo de libre comercio. Pero eso significa que el 80 por ciento de los beneficios aún se conservan. Significa que el acuerdo comercial de Doha proporcionaría unos 9 mil millones de dólares para la humanidad. Si solo se gastara una pequeña cantidad de eso en apoyar a los afectados por sus efectos negativos, los beneficios globales seguirían siendo enormes.

Se ha demostrado que el libre comercio crea más empleos para las mujeres y reduce la discriminación laboral. Y aunque el aumento de la producción aumenta la contaminación, el crecimiento de los ingresos impulsa una mejor tecnología y regulaciones más estrictas, lo que a su vez acaba reduciendo la contaminación.

La verdadera tragedia de la guerra comercial entre Estados Unidos y China es que aleja aún más el comercio libre bien administrado que podría beneficiar mucho más a todos.

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