Antonio Mercader
Antonio Mercader

Mal comienzo de Vázquez y Macri

En su segunda presidencia Tabaré Váz-quez ya debería saber que en el campo de las relaciones exteriores no se puede improvisar, especialmente cuando se visita otro país. Debería recordar que, como él mismo explicó alguna vez, cuando habla el presidente habla el país, razón por la cual sus dichos en temas internacionales deben ser cuidadosos porque nos comprometen a todos. Y muy cuidadosos en particular cuando se habla de un tema que está en el candelero como Venezuela y su eventual expulsión del Mercosur.

En su segunda presidencia Tabaré Váz-quez ya debería saber que en el campo de las relaciones exteriores no se puede improvisar, especialmente cuando se visita otro país. Debería recordar que, como él mismo explicó alguna vez, cuando habla el presidente habla el país, razón por la cual sus dichos en temas internacionales deben ser cuidadosos porque nos comprometen a todos. Y muy cuidadosos en particular cuando se habla de un tema que está en el candelero como Venezuela y su eventual expulsión del Mercosur.

Vázquez hizo lo contrario en su reciente visita a Chile cuando una periodista de CNN lo consultó sobre la propuesta de Mauricio Macri de aplicarle la cláusula democrática a Venezuela para excluirla del bloque regional. Con desenvoltura y hasta con un dejo de suficiencia el presidente uruguayo contestó que no compartía la idea de Macri. Fíjense cómo lo dijo: “El Mercosur tiene un protocolo de Ushuaia que establece con meridiana claridad que la cláusula se aplica en dos ocasiones: una de ellas es cuando luego de una elección un candidato gana esas elecciones y no le permiten asumir el gobierno, y la otra es cuando el gobierno disuelve el Parlamento”.

“Meridiana claridad”: frase hecha que según la Real Academia califica a un argumento evidente, luminoso, de fácil comprensión. Empero, tan poco luminoso es el argumento de Vázquez que ni siquiera existe. Basta leer los diez artículos del citado protocolo de Ushuaia firmado por seis presidentes en 1998 para verificar que lo único que se prevé allí para aplicar la dichosa cláusula es la “ruptura del orden democrático”. No se alude a los dos casos citados por Vázquez, es decir el del candidato ganador que no asume y la disolución del Parlamento.

Aunque este error perdió relevancia tras el resultado de las elecciones venezolanas y el retiro de la propuesta de Macri, su gravedad obliga a resaltarlo por dos razones. Una, porque descartar de plano una iniciativa de Macri fue un mal comienzo de Vázquez en su relación con el nue- vo gobernante argentino, a quien ya había desairado al mostrar simpatías hacia su rival, Daniel Scioli. Convendría actuar con más tacto si se quiere salir del atasco en las relaciones platenses que nos legó la década kirchnerista.

Una segunda razón para destacar el gazapo de Vázquez es porque se necesita que afine el rumbo y evite más imprudencias diplomáticas debidas a la improvisación. Porque es evidente que habló sin saber del tema y sin recordar siquiera el único antecedente del Mercosur en la materia: la injusta exclusión de Paraguay porque su Parlamento aplicó normas constitucionales para destituir al presidente Fernando Lugo. De haber recordado aquella treta avalada por el gobierno del Frente Amplio para excluir a Paraguay, habría caído en la cuenta que la cláusula podía aplicarse más allá de los dos casos que mencionó. Co-mo dice el Protocolo de Ushuaia la cláusula puede regir cuando existe “ruptura del orden democrático”, un concepto amplio y de interpretación discutible.

Es posible que Macri, que estaba en Chile cuando la visita de Vázquez, haya tomado nota de la actitud del presidente uruguayo relativa a su propuesta. Si fue así es obvio que el estreno de las relaciones entre ambos presidentes no fue el mejor. Eso sí lo ve cualquiera con “meridiana claridad”.

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