Andrés Ojeda
Andrés Ojeda

Libertad irresponsable

El tema de debate en estos días parece ser la vigencia de libertad responsable ante el número de contagios diarios y de fallecimientos por COVID-19 en nuestro país. Consultado al respecto, el Presidente dijo “si fracasa la libertad responsable, fracasa la humanidad” y desató la polémica.

Ayer se refirió al tema en su columna semanal el periodista Martín Aguirre y se hace una pregunta por demás interesante “¿Por qué a un sector de la prensa y la política les molesta cuando Lacalle Pou o Salinas (¿se acuerda de aquello de “la muerte es parte de la vida”?) apelan a un concepto 10 centímetros más profundo de lo que están acostumbrados?”.

Es evidente que, más allá de la vorágine diaria de decisiones sobre el combate a la pandemia, estar viviendo semejante cataclismo mundial necesariamente nos lleva a interpelaciones de corte filosófico, rectoras de todo lo que hacemos.

Es obvio que el pensamiento filosófico e ideológico de los gobernantes se puso a prueba como nunca. Esa visión liberal detrás de la libertad responsable encierra una manera de pensar y ver la vida, obviamente es más fácil ser liberal en tiempos “normales”, pero el verdadero apego a la libertad como idea, como concepto filosófico se ve en las difíciles, incluso ante las condiciones más extremas, como la que nos toca vivir hoy.

“Libertad o muerte” reza la bandera de los 33 orientales, llevando a la libertad hasta por encima de la propia de vida y este ordenamiento de valores lideró la gesta heroica. Nadie discute que la vida es el valor primordial a proteger siempre, ningún gobierno de ningún signo político sostiene lo contrario, pero su relación con la libertad sí es motivo de polémica porque la gravedad de la hora que vivimos abre el debate sobre cuánto debemos restringir la libertad para proteger la vida.

En marzo de 2020, al inicio de la pandemia, el debate se centró sobre el reclamo de muchos de ir a la cuarentena general obligatoria, el gobierno -bajo muchísima presión y responsabilidad- optó por no ceder a esos reclamos e ir por el camino de la libertad responsable.

Con el diario del lunes sabemos que esa decisión fue acertada y Uruguay está hoy atravesando su primera ola de contagios cuando otros países ya van por la tercera o la cuarta.

Hoy no se pide más cuarentena general obligatoria, pero se reclama una severa restricción compulsiva de la movilidad. Y el dilema que enfrentamos no es tan distinto al que nos ocupaba hace poco más de un año. Si pretendemos obligar a la gente a hacer algo, tenemos que estar dispuestos a actuar en consecuencia si no lo hacen, y -sencillamente- no parece ser deseable ni viable obligar a más de tres millones de uruguayos a cumplir con las disposiciones sanitarias a la fuerza.

Al ver un sondeo de opinión pública hecho por una importante consultora local que sostiene que el 74% de los uruguayos está de acuerdo con la implementación de mayores restricciones a la movilidad, más me convenzo de que ese no es el camino: si cada uno de los que componen ese 74% redujese su propia movilidad, no necesitaríamos restricción alguna. Paradójicamente, parecen estar reclamándole al gobierno que los obligue a ellos mismos a bajar su propia movilidad.

Claramente, no es por la fuerza, ni a palazos, que vamos a salir de esta situación, sino tomando conciencia y actuando con responsabilidad porque así lo decidimos, no porque nos obligan.

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