Álvaro Ahunchain
Álvaro Ahunchain

Ciencia o free shop

El Museo del Tiempo está en la cuerda floja. Se trata de una excelente iniciativa del Dr. Ricardo Ehrlich, cuando era ministro de Educación y Cultura, que consiste en la creación de un museo de divulgación científica en las instalaciones de la ex Compañía del Gas, de Rambla y Julio Herrera y Obes. Por lo que he podido enterarme de comentarios de amigos allegados al proyecto, los 17 millones de dólares que costaría este emprendimiento cultural ya están previstos en la ley de presupuesto aprobada en diputados.

El Museo del Tiempo está en la cuerda floja. Se trata de una excelente iniciativa del Dr. Ricardo Ehrlich, cuando era ministro de Educación y Cultura, que consiste en la creación de un museo de divulgación científica en las instalaciones de la ex Compañía del Gas, de Rambla y Julio Herrera y Obes. Por lo que he podido enterarme de comentarios de amigos allegados al proyecto, los 17 millones de dólares que costaría este emprendimiento cultural ya están previstos en la ley de presupuesto aprobada en diputados.

Sin embargo, el Ministerio de Transporte y Obras Públicas habría cedido el mismo predio a la empresa Buquebús, para que emplazara allí su nueva terminal naviera.

Alfredo Ghierra, un notable artista y gestor cultural, viene advirtiendo sobre este riesgo desde hace algunas semanas, a través de las redes sociales.

Su propuesta actual es que a la inversión que realizará la empresa de López Mena, de unos 100 millones de dólares, se le exija como contrapartida que financie el proyecto o respete su emplazamiento: “qué maravilla sería llegar a Montevideo por Buquebús y tener en la puerta de entrada a la ciudad un museo de arte y ciencias aplicadas, en lugar del obvio centro comercial con free shop”.

El momento de definición es ahora, en estos días. Lo único que haría falta es que el Ministerio de Educación y Cultura, que usufructúa el predio en calidad de comodato, exija a su par de Transporte y Obras Públicas el efectivo cumplimiento del proyecto. En tiempos en que la utilidad comercial se valora más que el impacto cultural, la sociedad civil puede y debe presionar para que las buenas ideas no sucumban ante la inoperancia burocrática. Recomiendo al lector buscar en la web, un excelente documental sobre el Museo del Tiempo, dirigido y guionado por Pablo Casacuberta y Juan Ignacio Fernández. Es muy conmovedor encontrar allí a los ex mandatarios Sanguinetti, Lacalle y Batlle y al actual presidente Vázquez defendiendo con el mismo entusiasmo un emprendimiento que pondría la popularización de la ciencia al alcance de todos los uruguayos. Habla de una sensibilidad común hacia la cultura y la importancia de la formación académica, más allá de partidos, que une a todos los presidentes de los últimos treinta años, con una sola excepción.

Hay una línea constante que empieza en 1986 con la creación del PEDECIBA y se continúa con distintos hitos, como el Instituto Nacional de Investigación Agropecuaria, el Institut Pasteur de Montevideo y la Agencia Nacional de Investigación e Innovación, que podría culminar ahora con este Museo del Tiempo único en América Latina. Los distintos gobiernos han entendido que, para nuestro país, el desarrollo científico no es un lujo sino una necesidad, en un mundo donde cae el valor de los commodities y el éxito de los países se mide por su capacidad de innovación.

Los grandes titulares hoy hablan de cómo el destino educativo de cientos de miles de niños del sistema público depende de las luchas intestinas entre sectores del Frente Amplio. Lo que más parece desvelar a los sindicatos docentes es alcanzar un seis por ciento del PBI para mejorar sus ingresos. Todos están ocupados en sus asuntos y, detrás del tinglado de intereses corporativos, un aporte cultural de altísima relevancia puede terminar durmiendo el sueño de los justos.

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