Agustín Iturralde
Agustín Iturralde

La única verdad es la realidad

Tomar decisiones suponiendo que va a pasar lo que nos gustaría que pase y no aquello que tiene más probabilidad de ocurrir, no es solo romántico e idealista.

Es una postura que, llevada adelante por gobernantes, tiene una terrible capacidad de hacer daño. Hay personas que sistemáticamente se enamoran de una lectura de la realidad que les gusta, o que les parece más justa o deseable. Privilegian el creer en algo “moralmente superior” a la atención de si las cosas efectivamente funcionan como a ellos les gustaría que funcionaran.

El actual gobierno argentino parece estar incurriendo en este desapego de la realidad que no era característico del peronismo. Juan Domingo Perón decía que “la única verdad es la realidad”. En esa sentencia, algo simplista, mostraba su capacidad de adaptación a las circunstancias. Si algo puede destacarse del peronismo fue su realismo político y versatilidad. Por ejemplo, el segundo gobierno de Perón, en el año 1952, implicó un gran cambio de política que incluyó un congelamiento de salarios. Menem también representó una cara del peronismo pragmática y “pro mercado” que era desconocida hasta entonces.

Este pragmatismo no parece estar presente en el actual gobierno allende el Plata. Los mensajes que el Presidente argentino viene enunciando en medio de esta terrible crisis están cada vez más desconectados de la realidad. Sus pronósticos y reflexiones no guardan relación con los problemas sino que son sobre su visión idílica del mundo y la sociedad argentina.

A diferencia de su primer etapa, esta vez al kirchnerismo le toca gestionar la escasez. Su manual tiene buenas respuestas para distribuir la abundancia, pero un pésimo entendimiento de cómo se genera ese crecimiento. Permanentemente confunde el funcionamiento verdadero de los mercados con cómo a ellos les gustaría que funcionen. Nada bueno sale de desconocer la realidad.

Hace unos días Alberto Fernández decía que los dólares “hacen falta para producir, no para guardar". Difícil ser optimista sobre la economía argentina con un análisis tan voluntarista. Más allá de lo que el Presidente crea sobre cómo deberían ahorrar los argentinos, los agentes toman decisiones tratando de preservar su patrimonio. Las lecciones morales son inútiles.

Lo que realmente reduce la especulación y el atesoramiento de moneda extranjera son las reglas claras y la credibilidad en un rumbo sustentable de la economía.

El siglo XX tuvo enormes catástrofes humanitarias provocadas por interpretaciones del mundo equivocadas pero “deseables”. “El Gran Salto Hacia Adelante” de Mao era parte de una visión de la sociedad y economía chinas que ilusionó a millones porque proponía un modelo más “justo” y colectivo. Los errores en el entendimiento de cómo funcionaba la economía costaron 30 millones de vidas. Amartya Sen argumenta que las democracias tienen resortes que evitan llegar a estos niveles de desastre, pero no por eso deja de ser mucho el daño que se puede hacer.

Cada intervención del gobierno argentino hablando de una economía idílica que debieran construir en este contexto agrava la situación.

Hay un barco incendiándose mientras que el capitán se dedica a explicar cómo se deberían construir los futuros barcos.

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