EN PRIMERA PERSONA

Una uruguaya cuenta cómo es el día a día en Italia, país bajo cuarentena por coronavirus

La OMS finalmente definió la expansión del nuevo coronavirus como una pandemia. Desde Italia, la visión de una periodista uruguaya.

Las palomas son las únicas visitantes de una zona turística que, hasta hace poco, estaba repleta de personas. Foto: Reuters
Las palomas dominan una zona turística de Milán que, hasta hace poco, estaba repleta de personas. Foto: Reuters

La vida cotidiana ya no es la vida cotidiana. Desinfectás pestillos, ventilás la casa con 10º, no salís a la calle sin el alcohol en gel, te lavás las manos, te lavás las manos, te lavás las manos.

Saludás a los amigos de lejos o con el pie, te tomás el café sentado porque acodarse a la barra de todos los bares no está permitido, hacés la cola afuera del supermercado a una rigurosa distancia de un metro con el de adelante y esperás a que la funcionaria con tapabocas y guantes te indique que el próximo grupo de tres personas puede entrar, te alegrás de que los gimnasios estén cerrados así podés pegar el faltazo sin culpa, ya no te depilás porque tu salón de confianza bajó la cortina hasta nuevo aviso.

Caminás lo que nunca caminaste con tal de evitar el metro, no aceptás invitaciones a los pocos cumpleaños que aún se festejan, hacés terapia por Skype, te reunís con tus colegas en video conferencia, no ves a tus suegros desde hace tres semanas porque son ancianos y no querés cargar con la culpa de haberles llevado el coronavirus.

Te quedás sordo del silencio (tenebroso) de las noches milanesas y ya no te acordás de la odisea que era conseguir una mesa en la pizzería de la esquina, ves la tristeza del dueño del bar de enfrente cuando te dice: “Mañana cierro, ya no viene nadie”; mirás indignado al grupete del apartamento de enfrente que a pesar de las restricciones se obstinan por juntarse, llorás con tu amiga que acaba de perder a un amigo y que no puede ir al velorio porque los funerales están limitados a familiares cercanos, te preguntás cuánto más podés aguantar las corridas de las tres niñas de arriba que te retumban en la cabeza, ni los gritos desesperados de la madre, que no tiene un minuto de paz.

Te levantás, prendés la tele y no sabés cómo digerir lo que estás viendo: “Crecen los contagios, aumentan los muertos”, “médicos advierten posible colapso del sistema sanitario”, “virólogos: el único modo de frenar al virus es evitar el contacto social y estar en casa”, “si tienen síntomas no vayan a la Emergencia, llamen primero al 112”. Cambiás de canal y: “Suspendida la serie A”, “Vaticano: Cerrada la Plaza de San Pedro”, “cerrado el Duomo”, “suspensión de todas las ceremonias religiosas, curas apelan a la misa en streaming”, “crecen los países que bloquean los vuelos desde Italia”, “British Airways, Air France, Ryanair e EasyJet suspenden vuelos a Italia, “tráfico aéreo de Milán cayó un 70%, peor que el efecto 11/9”.

La vida cotidiana en Italia se ha visto seriamente afectada por el coronavirus. Foto: Caterina Notargiovanni
Milán: ir de compras requiere de medidas preventivas especiales en una ciudad desierta. Foto: Caterina Notargiovanni

Hasta que tu capacidad de asombro pide tregua: “Dos ancianos en cuarentena se fugan de la zona roja para irse a su casa en la montaña. Dan positivo y deben ser internados”, “miles de personas se fugan de Milán en la madrugada por temor a la limitación de entrada y de salida de la Lombardía”, “economistas pronostican un futuro negro”, “recesión”, “motines contra la medida de suspensión de las visitas en varias cárceles italianas, hay muertos y fugados”.

Estás por rendirte cuando anuncian una buena: “Jóvenes de un condominio se organizan para hacerle el surtido a los vecinos ancianos. La iniciativa se replica en toda Italia”.

No, la vida cotidiana no es más la vida cotidiana. Pero se sigue. Desinfectás pestillos, ventilás la casa con 10º, no salís a la calle sin el alcohol en gel, te lavás las manos, te lavás las manos, te lavás las manos.

Presidente de Lombardía, Attilio Fontana, anuncia en directa Facebook que entraba en auto cuaretena debido a un contagio entre su staff_26 de febrero. Foto: Captura
Presidente de Lombardía, Attilio Fontana, anuncia en directa Facebook que entraba en auto cuaretena debido a un contagio entre su staff. Foto: Captura

Rewing.

Pero esa vida cotidiana no cambió de un día para el otro. Fue necesario alcanzar los 10.000 contagios y escuchar las súplicas de los médicos en televisión para que los ciudadanos terminen de cambiar sus hábitos.

Hace tres semanas, cuando se habían identificados los dos primeros focos (Codogno-Lombardía, Vo’ Euganeo-Veneto) y los casos eran pocos, el gobierno tomó una serie de medidas para Lombardía y otras provincias de Veneto, Venecia incluida -como la obligatoriedad de cierre de pubs y bares después de las 18.00, cierre de museos, partidos de fútbol sin público- que fueron muy criticadas por la opinión pública por “exageradas”. Empresarios hoteleros y gastronómicos, sindicatos, industriales y periodistas conformaban el coro. “Estamos arruinando la imagen de Italia en el mundo”, “Moriremos de hambre y no de coronavirus”, “Déjenos trabajar”.

Giuseppe Sala, alcalde de Milán, se sumó a una campaña viral bajo el slogan “Milano non si ferma” (Milán no se detiene). Su partido organizó un aperitivo masivo cerca del Duomo para demostrarle a los milaneses y al mundo que acá está todo bien.

La vida cotidiana en Italia se ha visto seriamente afectada por el coronavirus. Foto: Caterina Notargiovanni
La vida cotidiana en Italia se ha visto seriamente afectada por el coronavirus. Foto: Caterina Notargiovanni

Ante la presión, el gobierno flexibilizó las medidas. Reabrieron el Duomo, museos y bares; siempre que se respete la distancia de un metro entre las personas. Durante 15 días la vida volvió casi a la normalidad. Se respiraba la sensación de que bastaban los eslóganes y las ganas de seguir para terminar con el virus.

Pero los contagios seguían: en Lombardía pasamos de 167 el 24 de febrero a 2.742 el 7 de marzo.

Algo no estaba funcionando. Fue así que el domingo 8 nos despertamos con la noticia de que el gobierno cerraba la región y otras 15 provincias del norte (la conferencia de prensa del presidente del Consejo de Ministros se realizó a las 2.40 de la madrugada). Nadie sale ni entra a menos que acredite motivos de trabajo, de salud o situaciones de extrema necesidad. Pero el borrador del decreto ya se había filtrado a la prensa en la tarde del sábado 7, lo que provocó la fuga masiva de ciudadanos hacia el sur de Italia. Solo a Puglia los fugados se calculan en 20.000. Las imágenes de la Estación Garibaldi de Milán de la gente corriendo con valijas quedarán marcadas como unas de las más tristes de la historia reciente italiana. Así como los rostros desesperados de varios gobernadores del sur rogando en televisión: “¡No vengan!”.

“Locura pura. Se deja filtrar el borrador de un decreto severísimo que mete en pánico a la gente que intenta escapar de la hipotética zona roja, llevando consigo el contagio. Al final el único efecto es el de ayudar al virus a difundirse. No tengo palabras”, twitteó Roberto Burioni, médico y profesor de microbiología y virología del hospital universitario San Raffaele de Milán. Un hombre que insiste desde el minuto cero en la necesidad de estar en casa como único modo de evitar contagios

Al día siguiente, el lunes 9, toda Italia se convirtió por decreto en zona roja, ampliando así las restricciones a todo el territorio nacional.

Forward.

Hoy el coro apoya esa decisión del gobierno. Es más, algunos piden medidas más fuertes, como el gobernador de Lombardía, que quiere el cierre total de las actividades comerciales; con excepción de farmacias, supermercados y locales de venta de comida. Algunos van más lejos y están pidiendo hacer de Europa una gran zona roja.

Por primera vez la preocupación por la salud se ubica primero que por la económica.

En ese sentido, el gobierno anunció un paquete de medidas económicas para enfrentar la emergencia por un total de 25.000 millones de euros.

“Ninguno perderá el trabajo por el coronavirus”, afirmó el ministro de Economía, Roberto Gualtieri. Entre las medidas de apoyo, proponen la suspensión de pago de aportes previsionales de los trabajadores estacionales y autónomos, suspensión del pago de la hipoteca de la primera casa para aquellos que hayan perdido total o parcialmente el trabajo, más crédito para las empresas y descuentos en los aportes patronales. Para las familias: permisos parentales de 15 días y un “bono babysitter” de 600 euros mensuales, que será más alto para operadores sanitarios e investigadores científicos. Además, la contratación de 5.000 nuevos médicos, incluidos residentes y jubilados, más 15.000 enfermeros y operadores sanitarios.

La vida cotidiana en Italia se ha visto seriamente afectada por el coronavirus. Foto: Caterina Notargiovanni
La vida cotidiana en Italia se ha visto seriamente afectada por el coronavirus. Foto: Caterina Notargiovanni

El futuro es incierto. Gobierno y virólogos coinciden en que Italia aún no alcanzó el pico de contagios. Mientras los médicos hacen malabares en las terapias intensivas abarrotadas y los gobernantes apagan incendios en todos los frentes, a los ciudadanos se les pide que hagan lo único que pueden hacer: “quedarse en casa”.

El virus cambio la televisión italiana

El coronavirus también cambió la televisión italiana. Talk-shows sin público, programas cancelados por casos positivos dentro del staff de producción, conductores famosos contagiados y la RAI que reorganiza toda su programación pensando en los niños y jóvenes bloqueados en casa.

La ironía de los primeros focos

El aislamiento está funcionando. En Codogno y Vo’Euganeo -los dos primeros focos cuya población fue puesta en estricta cuarentena desde el 21 de febrero- no se registran nuevos contagios y crecen las altas médicas. Irónicamente, estos parecen ser hoy los sitios más seguros de Italia.

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