CUARENTENA VOLUNTARIA

El combate al coronavirus desde el aire: así es un día de patrullaje sobre Montevideo

Desde el sábado 21 de marzo todos los días se escuchan voces desde el aire exhortando a la población a evitar aglomeraciones para disminuir la propagación del COVID-19

Helicópteros y una aeronave sobrevuelan Montevideo, Canelones y parte de Maldonado cada día para exhortar  que no haya aglomeración de personas. Foto: Mateo Vázquez
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Las calles ya no se ven como antes. Los árboles que están en la vereda a pocos metros de distancia entre sí ya dejaron de ser un obstáculo para alguien que intenta mirar a la distancia con claridad. A 500 pies de altura se ve mucho más que un montón de cemento decorado por semáforos, vehículos y personas. Desde ahí las calles parecen ser el trazo de un pincel que dibujó cada detalle del mapa de una ciudad. Así se ve Montevideo desde el aire. Así lo observa el tercer ojo de la Policía: la patrulla aérea.

“Se está volando sobre Montevideo, Canelones y parte de Maldonado”, dice a El País uno de los diez pilotos de la Unidad Aérea de la Policía Nacional minutos antes de comenzar con un nuevo operativo en el marco de la lucha contra el coronavirus. Ese que generó que muchos uruguayos se detengan y pongan su atención en el cielo.

Desde el sábado 21 de marzo todos los días se escuchan voces desde el aire exhortando a la población a evitar aglomeraciones para disminuir la propagación del COVID-19. Esas voces son de observadores policiales que, junto con los pilotos, salen a patrullar la ciudad a 500 pies de altura.

“El Ministerio del Interior solicitó la posibilidad de hacer este tipo de tarea y, como tenemos un helicóptero con un megáfono, se pudo adaptar la idea”, explica el piloto, quien prefiere mantener el anonimato. Aunque por estos días es la más conocida, la exhortación desde el aire no es el único procedimiento que realiza la Unidad Aérea de la Policía.

Desde 2015 esta unidad es el tercer ojo de la Policía. Empezó siendo solo una aeronave que sobrevolaba la carretera para controlar el flujo de vehículos en los cambios de quincena durante el verano y los fines de semana largos.

Luego se sumó el trabajo del patrullaje forestal para avistar columnas de humo y también incendios. Como el trabajo fue exitoso en 2017 se sumaron tres helicópteros a la unidad y una nueva tarea: ayudar desde arriba con los sucesos delictivos

Antes de cada vuelo los pilotos y otros funcionarios de la Policía Aérea se encargan de revisar el helicóptero. Foto: M. Vázquez
Antes de cada vuelo los pilotos y otros funcionarios de la Policía Aérea se encargan de revisar el helicóptero. Foto: M. Vázquez

Desde el aire.

Eduardo Cheker, director de la Unidad Aérea de la Policía Nacional, planeaba el operativo cuando llegó El País al aeropuerto viejo de Carrasco, donde está ubicada la unidad.

Sobre la pista había una aeronave y tres helicópteros en hilera. “Nosotros vamos a volar en esta porque en el helicóptero no entramos todos”, dijo Cheker mientras miraba el pequeño avión blanco y negro con capacidad para cuatro personas. Subimos luego de que uno de los helicópteros, con un piloto y una observadora policial a bordo, despegó para controlar que no hubiera aglomeración de personas en toda el área metropolitana.

En la aeronave la cabina es estrecha y, como el ruido en el aire dejaría sin fuerzas nuestras voces, dijeron que nos pusiéramos los auriculares con un micrófono integrado que estaban sobre los asientos.

En cada vuelo participan un piloto, que se encarga solo del manejo del helicóptero, y un operador, que vigila. Foto: M. Vázquez
En cada vuelo participan un piloto, que se encarga solo del manejo del helicóptero, y un operador, que vigila. Foto: M. Vázquez

“Costa, Cerro de Montevideo, Canelones y volvemos”, dijo la voz que salía por los auriculares. Era la voz de Cheker que, mientras despegaba la aeronave, avisaba a las diferentes torres de control cómo iba a ser la ruta. “Va a ser un vuelo de una hora y media más o menos”, dijo el director de la unidad, pero esta vez nos hablaba a nosotros. A través de esos auriculares los policías se comunican hacia adentro y fuera de la cabina. La aeronave tiene una autonomía de seis horas y viaja a más de 240 kilómetros por hora.

Los helicópteros, por su parte, tienen tres horas de autonomía y alcanzan una velocidad máxima de 180 kilómetros por hora. Por eso, las funciones son distintas, pero ahora se unieron en un mismo objetivo: visualizar si hay aglomeración de personas.

La rambla de Montevideo está completamente vacía. De no ser por el oleaje que golpea sobre la costa y por los movimientos que hace la aeronave para cambiar de rumbo, es casi igual a ver una fotografía aérea tomada desde un dron.

“Está muy tranquilo, muy poco movimiento”, dice el piloto que esta vez le habla al Centro de Comando Unificado (CCU). Ahí es a donde los pilotos avisan si observan algún suceso que requiera la ayuda de la policía por tierra. Pasamos la costa, dejamos atrás el lago del Parque Rodó, la fortaleza del Cerro, dimos la vuelta y aterrizamos en el aeropuerto. “Ayer y hoy se vio mucho menos gente que el fin de semana”, dice Cheker. A los pocos minutos llega el helicóptero que había salido antes.

La Policía Aérea dispone de tres unidades de este modelo de helicóptero. Foto: M. Vázquez
La Policía Aérea dispone de tres unidades de este modelo de helicóptero. Foto: M. Vázquez

“Pasamos el mensaje de exhortación una vez sola sobre una plaza, pero no había casi nadie”, dice al pisar la pista la observadora policial. Así se vio la capital desde el aire a casi dos semanas de confirmarse los primeros casos de coronavirus en Uruguay.

Piloto y observador: el rol de los policías en el helicóptero
En los helicópteros vuela un piloto y un observador policial. Foto: Mateo Vázquez

Alejarse para observar lo que de cerca no se puede. Es para tener un panorama más certero de lo que pasa abajo que la Unidad Aérea de la Policía Nacional va tan arriba.

“Es un área muy interesante y lo importante es poder colaborar y ser un equipo con todos porque no es nuestro trabajo únicamente: es nuestro trabajo con el patrullero que está abajo y con el policía que está corriendo. Somos un eslabón de esa cadena”, explica uno de los pilotos de la Policía.

Lleva 21 años unido a la fuerza policial y dice que no siente adrenalina. En realidad no se lo puede permitir, porque su función es estar atento al tránsito aéreo y a que su ruta puede cambiar en cuestión de segundos. Y eso depende de la orden de su acompañante: el observador policial. Su función es estar atento a los sucesos delictivos. A mirar la ruta, por ejemplo, por la que escapa un delincuente al ser perseguido por un patrullero. Desde el aire hace de tercer ojo y avisa a los que están en tierra cómo proseguir. El que maneja el helicóptero “no se involucra con lo que está pasando abajo para no generar una adrenalina adicional”, afirma el piloto.

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