TERMINA UN CICLO CON LUCES Y SOMBRAS

La fuga de votos de las capas medias marca el fin de la era frentista

Los tres períodos consecutivos de gobierno conforman un ciclo que imprimió, con luces y sombras, su impronta en la historia política e institucional del país.

El presidente Tabaré Vázquez, abrazando al entonces presidente electo José Mujica, en 2010. Foto: AFP
El presidente Tabaré Vázquez, abrazando al entonces presidente electo José Mujica, en 2010. Foto: AFP

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Desde su creación en 1971 como fuerza alternativa a los partidos tradicionales a la fecha, el Frente Amplio ha tenido una vida política intensa. De aquella génesis en los años que fueron el preámbulo del golpe de Estado, la fuerza de izquierda ha acumulado tres décadas de sucesivos ejercicios de gobierno, la primera mitad de ese período en el gobierno departamental y la segunda en el nacional en un ciclo que terminará el próximo 1° de marzo cuando la banda presidencial cruce el pecho del nacionalista Luis Lacalle Pou.

En este casi medio siglo de vida el Frente Amplio cambió en varios sentidos. El politólogo Jorge Lanzaro dedicó buena parte de su batería académica a estudiar la formación de izquierda y en algún momento señaló su evolución de “partido desafiante” a “partido dominante”. Es necesario recordar que en su lejana postulación de 1971 obtuvo apenas el 18% de los votos, en tanto que en las primeras elecciones de la restauración su votación logró escalar pocos puntos y llegó a marcar un 21,5% de los votos. “En 1999 el FA se convirtió en el partido más grande del espectro uruguayo y en 2004 conquistó finalmente el gobierno, reteniéndolo por tres períodos consecutivos”, describe Lanzaro en uno de sus trabajos.

Ese arco de años fue, asimismo, una etapa en la que se registraron algunos hechos poco frecuentes en la historia política uruguaya. “El FA ganó las elecciones de 2004 en primera vuelta y tuvo mayoría absoluta en ambas cámaras, en una posición que ningún partido había alcanzado en Uruguay desde 1966. En las urnas, el FA logró el 50,5% de los votos, pero en virtud de las normas de adjudicación de escaños del sistema electoral, dispuso de un número de bancas parlamentarias mayor (52%)”, apunta Lanzaro en el mencionado trabajo.

Estos tres períodos consecutivos de gobierno conforman un ciclo que imprimió, con luces y sombras, su impronta en la historia política e institucional del país.

Ascenso y caída.

La creciente pérdida de preferencia entre los electores comenzó a gestarse entre la segunda y la tercera elección, según un análisis del politólogo Óscar Bottinelli, presidente de la consultora Factum. Bottinelli fue, además, secretario político del presidente del Frente Amplio, Líber Seregni entre 1971 y 1987, lo cual lo convierte en un profundo conocedor de la historia de la fuerza política.

“Cuando el Frente Amplio se crea, de manera explícita, se ubica como el defensor de una alianza de dos grandes capas o clases: lo que se llamaba clase trabajadora, técnicamente para definirla es más bien el sector asalariado de obreros y de empleados, con las capas medias o media alta”, señala Bottinelli.

Durante la década de 1990, continúa el investigador académico, y sobre todo a instancias de la acción del Movimiento de Participación Popular (MPP), liderado por José Mujica, se incorpora una clase que los politólogos suelen llamar como “subproletariado”, sectores de población que viven entre la pobreza y la extrema pobreza.

“Ese sector claramente lo incorpora el Frente Amplio en un giro que hace de derecha a izquierda, este sector había sido el elemento central del pachequismo, por ejemplo, y desde entonces gira a la izquierda en un fenómeno que se consolida luego con el mujiquismo”, explica Bottinelli.

Acto de José Mujica en las elecciones de 2009. Foto: AFP (Archivo)
José Mujica habla durante un acto, frente a su propia imagen impresa en el estrado. Foto: AFP (Archivo)

En los dos primeros gobiernos la batería de medidas de gobierno más importantes apuntaron, básicamente, a esos sectores, explica el politólogo. Tanto a través de las políticas sociales -Mides, planes de emergencia, etc.-, como de políticas laborales para la masa de asalariados. Durante el período “mujiquista” esta tendencia se acentúa y de algún modo “rompen esa concepción de alianza con las capas medias”.

Bottinelli observa que las acciones que tomaron los principales órganos recaudadores del Estado, como la DGI, el BPS y, sobre todo en este último período, el Ministerio de Trabajo golpearon principalmente en estos sectores medios.

Esto explicaría, a juicio del politólogo, la paulatina pérdida de votos de la clase media en las elecciones de 2009 y 2014. Ello no se reflejó en las mayorías ya que esta “fuga” de votos fue compensada por un crecimiento de los sectores más bajos. Sin embargo, este panorama cambió drásticamente en este período.

“Y ahora lo que llega es la pérdida en el subproletariado, que es un sector normalmente más volátil, más inmediatista que no guarda demasiada historia, no es capaz de luchar por sí solo, que necesita un Estado o un líder que los proteja y el Frente Amplio no los estaba protegiendo, ya sea por el tema seguridad ya sea por el tema económico”, analiza el cientista político.

Sin embargo, la impronta del ciclo frenteamplista quedó plasmada en un conjunto de iniciativas institucionales y, muy claramente, en la llamada agenda de derechos. Tras 15 años de gobiernos frenteamplistas el balance comenzará, en rigor, cuando el nuevo gobierno tome los mandos de la nave.

Un liderazgo que se apagó en el último período
Seregni, Vázquez y Mujica. Foto: El País

Los liderazgos de la izquierda han tenido caracteres e improntas bien diferentes. El de Líber Seregni con su obsesión por el consenso a la interna de la fuerza fue bien distinto al de José Mujica y ambos al del actual presidente Tabaré Vázquez.

En tal sentido el politólogo Óscar Bottinelli recuerda que, de algún modo, el momentum de Vázquez estuvo en su primera presidencia (2005-2010) y su punto final llegó cuando la dupla José Mujica-Danilo Astori tomaron la presidencia y vice, respectivamente, entre 2010 y 2015. “No retoma ese papel cuando vuelve a la Presidencia. Ya es un papel que no es el de liderazgo el de Vázquez, más bien en este último quinquenio -una de las tantas cosas que hay que analizar para explicar el resultado electoral, que es multicausal-, es que el Frente no tuvo una gran conducción política”, analizó Bottinelli.

No obstante, durante el primer período de gobierno Vázquez dejó su impronta con un puñado de decisiones que además de llevar su sello personal supusieron grandes aciertos. Las medidas de lucha contra el tabaquismo, la implantación del Plan Ceibal, la lucha contra el alcoholismo con una primera medida drástica de alcohol cero para conductores, son algunas de estas medidas. También habría que agregar la administración del conflicto con Argentina durante la instalación de la planta de celulosa en Fray Bentos. Y entre sus actos fallidos el veto a la despenalización del aborto. “Vázquez más bien fue un gran líder popular, un gran referente”, opinó el cientista político.

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