PROPUESTA UNIVERSITARIA

Vacunas uruguayas antes de la próxima pandemia, ¿de qué trata el plan de UdelaR?

Aquella “vieja” idea de retomar la fabricación local de vacunas figura en un proyecto de ley y los parlamentarios son los que tienen la palabra.

Facultad de Derecho es el servicio que tiene más cantidad de docentes que superan los 70 años. Foto: F. Ponzetto
Personas caminando frente a la Universidad de la República, en el centro de Montevideo. Foto: Fernando Ponzetto (Archivo)

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Antes de la pandemia que viene, Uruguay debería investigar y producir -al menos a escala piloto- sus propias vacunas. Esa es la apuesta de la Universidad de la República (UdelaR). Aquella “vieja” idea de retomar la fabricación local de vacunas, para ganar en autonomía científica y tecnológica, ahora, COVID-19 mediante, se acerca a su concreción: figura en un proyecto de ley y los parlamentarios tienen la palabra.

La UdelaR le envió al Parlamento ayer su proyecto de Rendición de Cuentas. En un pedido de incremento presupuestal que el rector Rodrigo Arim definió como “extremadamente austero”, la Universidad apuntó “a lo urgente y a lo absolutamente necesario”. Y destacó que fue postergado, por ejemplo, el inicio o la apertura de nuevos ingresos de 23 carreras.

Entre lo priorizado -un incremento $ 833.963.587, equivalente al 4,2% del presupuesto que dispone la Universidad para el año 2022- figuran el aumento de becas de grado y posgrado, la retención de recursos humanos del Hospital de Clínicas así como la solución a problemas de inversión que acarrea el hospital universitario, la rehabilitación de pacientes que padecieron COVID-19, un programa de rápida resolución del cáncer de mama y la creación de dos institutos de investigación: uno de ellos focalizado en la generación y producción de vacunas.

Alejandro Chabalgoity, profesor titular del Departamento de Desarrollo Biotecnológico y una de las cabezas detrás del proyecto, dice que hay razones sanitarias y económicas para apostar a un instituto de producción de vacunas: “Uruguay no accedió a las vacunas que quería contra el COVID-19, sino a las que pudo. A diferencia del test de diagnóstico, en que hubo un desarrollo local, en vacunas el país depende de otros y eso, en emergencias sanitarias, no permite el acceso en tiempo acelerado a la solución”. No solo eso: “la dependencia de otros hace que, a la larga, el costo económico sea mucho mayor: supongamos que Uruguay pagó US$ 20 por cada dosis contra el COVID-19, aunque se estima pagó más que eso, son decenas de millones de dólares que, en el caso de una planta, se invierte una vez y queda para siempre”.

En el cuarto artículo del proyecto de Rendición de la UdelaR, se solicita la asignación de $ 5.000.000 para el novel instituto de vacunas. Algo menos del 0,6% del incremento presupuestal que pide la Universidad para todo el año. Y aunque la piedra fundamental no será colocada en 2022, sino que comenzará la elaboración del proyecto ejecutivo y los acuerdos con posibles actores internacionales, el proyecto inicial implica menos de US$ 15 millones extras para inaugurarse en 2025.

Vacuna contra el coronavirus. Foto: Marcelo Bonjour
Enfermero prepara una dosis de la vacuna contra el nuevo coronavirus. Foto: Marcelo Bonjour

La planta piloto -que sería de unos 1.500 m2, similar al instituto que Brasil está impulsando en Minas Gerais- no solo abordaría la salud humana, sino también la animal. En este sentido, algunos científicos que forman parte del proyecto justifican que podría encontrarse soluciones para la mastitis o la garrapata en bovinos, que en Uruguay ocasionan pérdidas por 26 y 33 millones de dólares anuales respectivamente.

En cuanto a la salud humana, más allá del trabajo con vacunas de ARN mensajero y otras tecnologías de punta, “podría pensarse en la investigación y producción de biofármacos de alto costo, de esos que al Estado a veces le cuestan millonarios juicios”, complementó Álvaro Mombrú, decano de Química y coordinador del proyecto que reunió a 15 científicos (incluyendo a figuras del INIA, el Clemente Estable, el Pasteur, entre otros).

Si bien el proyecto era una vieja idea de académicos de la UdelaR, “aprovechando que Uruguay cuenta con los científicos capacitados”, el rector Arim llevó la iniciativa de cara a esta Rendición de Cuentas bajo el entendido que “es una necesidad del país dejar de mirar solo en el corto plazo y porque son necesarias las medidas contracíclicas que además generan empleo”.

Fue entonces que el decano Mombrú tomó la posta porque “con COVID-19 quedó claro que aquella premisa de un país que adquiría tecnología cuando la necesitaba, se derrumbó. Esta pandemia nos ha enseñado que la autonomía en ciencia y tecnología son básicas para la búsqueda de soluciones en las emergencias que vienen... porque la pandemia también nos enseñó que tal vez el COVID-19 no fue tan excepcional y hay que estar preparados para lo que se viene”.

Uruguay y el Índice de Harvard

El mapa uruguayo abandona (lentamente) el color rojo, ese que indica la zona de mayor riesgo epidemiológico según la clasificación de Harvard. Ayer Rivera pasó al color amarillo -ningún departamento estaba en ese escenario desde el 24 de marzo- y otros cinco están en zona naranja: Cerro Largo, Durazno, Flores, Florida y Lavalleja. El índice de Harvard a escala país indica que, en los últimos siete días, Uruguay reportó un promedio diario de 37,72 nuevos infectados por el COVID-19 cada 100.000 habitantes. Eso significa que continúa en la zona roja, pero más cerca del naranja (25 cada 100.000).

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