NEGOCIOS

Río sin fiesta de Carnaval 2021: pérdida millonaria

El impacto negativo de US$ 500 millones afecta sobre todo a los sectores de turismo y comercio.

Carnaval Río
Carnaval Brasil

Río de Janeiro está vacía y agoniza; no hay turistas, los hoteles operan a media marcha y el color del carnaval se esconde bajo el gris asfalto de las calles. Este año la pandemia mató a la fiesta más icónica de Brasil y dejó sin sustento a miles de cariocas que viven del espectáculo.

Por primera vez en su historia, Río no tuvo su carnaval -que habría tenido lugar esta semana- y las consecuencias económicas de su cancelación para evitar una mayor propagación del COVID-19 han sido nefastas, con pérdidas estimadas por la patronal de los comerciantes en 2.700 millones de reales (US$ 509 millones), una cifra nunca antes vista.

Han resultado afectados desde los vendedores ambulantes hasta los hoteleros, que han visto reducida su ocupación en más de un 50 %.

También han sentido el azote los profesionales invisibles que año tras año dan brillo al carnaval. Artesanos, diseñadores, carpinteros, soldadores, costureros y mecánicos: todos quedaron cesantes.

A ellos se suman infinidad de músicos y bailarines, así como comerciantes que importaban adornos, disfraces e implementos para el carnaval. Toda la cadena de productos, comercio y servicios ha sentido el golpe.

Los más azotados han sido los pequeños negocios y los trabajadores temporales, en su mayoría personas de escasos recursos cuyo sustento depende del carnaval.

Solo en el turismo más de 25.000 personas que antes ayudaban a atender las demandas de la fiesta carioca dejaron de ser contratadas temporalmente en hoteles, bares y restaurantes de Río, explicó Fabio Bentes, economista de la Confederación Nacional del Comercio.

«¡Las ventas han sido pésimas! Sin el carnaval estamos vendiendo solo un 10%», aseguró María Vicente da Silva, que trabaja en una tienda de artículos para carnaval en Saara, un popular polo comercial en el centro de Río famoso por la venta de estos productos.

Prueba de resistencia

Las escuelas de samba, alma, corazón y vida del carnaval, han tenido que reducir drásticamente su personal y hacer malabares para mantenerse a flote.

Con 22 títulos a cuestas y 98 años de fundada, la Portela, la mayor campeona de la fiesta carioca y una de las escuelas de samba más tradicionales de Río, no es la excepción. En el último año, fallecieron 50 integrantes -la mayoría por COVID- y los ingresos de la escuela casi se esfumaron por impedimentos de la pandemia.

En esta escuela, unas 400 personas se han visto perjudicadas con la cancelación del carnaval. La mayoría es personal temporal que trabaja en la Ciudad de la Samba, un lugar lejos de la sede principal, donde se confeccionan los disfraces y se hace el montaje de los carros alegóricos.

La situación es similar en Beija Flor, otra de las 12 escuelas del Grupo Especial, donde están las mejores. «Bajamos los salarios e intentamos mantener a todos los colaboradores hasta ahora, porque los gastos son muy altos si no se tienen ingresos», dijo Selminha Sorriso, famosa portabandera de la escuela.

Caen las reservas

Río de Janeiro responde por más del 30% de los ingresos de todo Brasil por turismo recreativo, y el carnaval, por contar con la fiesta más atractiva y famosa, es la que más dividendos deja para la capital fluminense.

El año pasado, 2,1 millones de turistas -de los cuales cerca de 500.000 fueron extranjeros- visitaron la ciudad durante la fiesta y dejaron unos US$ 717 millones a la ciudad, un récord para la cidade maravilhosa que en los últimos años venía aumentando consecutivamente el número de visitantes.

En 2020, los cupos en los hoteles se llenaron en un 93%. Este año, solo se ha reservado el 41%, y de ese total, solo un 8% fue ocupado por extranjeros.

En un primer momento, el carnaval de Río llegó a condicionarse a la vacuna y fue aplazado para julio, pero en enero la Alcaldía de la ciudad optó por cancelarlo definitivamente por dificultades logísticas para su organización.

La decisión traerá un fuerte revés económico para Río, pero evitará las aglomeraciones y frenará la propagación del virus en una ciudad de 7 millones de habitantes, donde más de 193.000 se han contagiado y unos 18.000 -el mayor número en todo el país- perdieron la vida por el COVID-19.

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