OBSERVATORIO DE ENERGÍA Y DESARROLLO SUSTENTABLE - UNIVERSIDAD CATÓLICA

Regasificadora: hora de tomar decisiones

El proyecto de la planta regasificadora ha merecido nuestra atención en varios artículos pasados. Como se sabe, el plan energético inicial proponía una expansión del parque de generación equilibrada entre las energías renovables y la generación eléctrica en base a Gas Natural.

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Gas Sayago es una de las empresas de derecho privado que funciona en la órbita del Estado. Archivo El País.

Para atender esa demanda, se había previsto la regasificadora, cuya escala ya en ese contexto resultaba grande, razón por la cual se buscó avanzar con Argentina como socio. Después de idas y vueltas, eso no prosperó y se decidió avanzar sin ellos, adjudicándole el proyecto a GDF.

La posterior ampliación de los contratos de energía renovable redujo la demanda prevista de gas para generación eléctrica (la única significativa), que se proyecta en promedio menor a 1 Mm3/día (10 Mm3/día es la capacidad); y sobrevino luego la crisis con la empresa adjudicataria. Hubo que replantear todo y solamente la participación argentina podía salvar al proyecto. Con el gobierno Macri esto pareció resolverse, por lo menos a nivel de las intenciones y los acuerdos generales. Veamos si es así.

Los pasos recientes.

Existen datos de que el gobierno sigue trabajando para salvar el proyecto, con un cambio de estrategia respecto de la administración anterior:

1. Gas Sayago S.A. (GSSA) ha encargado un nuevo y más completo estudio de ingeniería a firmas consultoras internacionales, revisando los supuestos iniciales. Por lo que ha trascendido, ya se proyecta un costo bastante superior.

2. El barco regasificador (FSRU), antes incluido en el contrato de GDF, se negocia directamente con el armador (MOL, de Corea del Sur).

3. Se está buscando un socio operador, que construya la terminal y luego la opere, haciendo la inversión y cobrando por el servicio.

4. Una consultoría está determinando los costos y precios proyectados del servicio de la regasificadora y la escala necesaria para funcionar, un estudio que podría determinar incluso una ampliación de la capacidad (hasta p. ej. 15 Mm3/día) para lograr costos competitivos (la inversión sería prácticamente la misma).

5. Se están buscando proveedores de GNL, y se encaró el tema tal vez más importante: el de la demanda. Se llamó a una open season no vinculante para conocer la demanda de gas natural regional que podría servirse desde la terminal. A nivel de intenciones, la respuesta fue favorable. Se haría luego otro llamado, esta vez vinculante, para concretar contratos de venta de gas natural. Exportar gas natural requiere la ampliación del gasoducto a Buenos Aires, que sería un cuello de botella: otra inversión a considerar.

Hay que reconocer que este nuevo camino implica un encare profesional y, aunque consume recursos públicos abundantes (estudios y consultorías, más el funcionamiento de la estructura de GSSA durante este tiempo), permitiría definir seriamente el proyecto y su viabilidad.

Algunos comentarios.

Sobre esta nueva estrategia se pueden comentar tres cosas. La primera es por qué no se hizo un esfuerzo así en el período pasado, si se estudió el tema durante años.

Leyendo entrelíneas a las autoridades actuales, es difícil no concluir que el proyecto anterior contaba con falencias importantes. Lo segundo que llama la atención es la compleja estructura institucional: Ancap y UTE son accionistas y garantes de GSSA, que además se asociaría con el "socio operador"; luego se requieren proveedores de GNL, un gasoducto ampliado y compradores mayoristas de gas natural. Si se logra un proyecto sólido, será con múltiples actores e intereses. Y son muchos los supuestos que deben cumplirse (costos de operación competitivos, socio dispuesto a invertir, riegos de construcción acotados y, sobre todo, demanda argentina confirmada).

Y finalmente, ¿por qué tiene que liderar Uruguay un complejo y millonario proyecto donde tiene que gastar para estructurar, luego respaldar con el tesoro nacional, hacer obras de dragado, asumir riesgos diversos, y todo para que el 90% o 95% del gas natural se lo lleve Argentina? La regasificadora ya no es estratégica para nuestra matriz eléctrica, la escasa generación térmica puede funcionar con gasoil y hasta con gas regasificado a façon en Argentina. ¿Necesitamos la planta? Como diría el reciente premio Nóbel: "la respuesta está soplando en el viento"...

¿Otra opción?

Aun aceptando que no la necesitamos, el proyecto podría ser una oportunidad de negocios: los barcos de GNL pueden descargar en Montevideo con algunas ventajas de transporte respecto de Argentina, tal vez Uruguay pueda dar mayores garantías para invertir. Incluso, se podría concebir la terminal como un servicio tercerizado de regasificación para un operador poderoso que aporte el GNL y venda el gas natural en la región. Pues entonces, que venga una compañía internacional, incurra en costos y asuma riesgos y construya su terminal regasificadora. Y nosotros, a recibir una inversión externa directa, a cobrar por el uso de nuestros recursos portuarios, evitando participar del proyecto y compartir sus riesgos. Y tal vez, de esta manera, conseguimos un suministro de gas natural flexible y a precios competitivos.

Este proyecto para el Estado uruguayo ya no es estratégico y otras decisiones le han quitado el espacio que inicialmente tenía en la Política Energética. En un país con fuertes necesidades de inversión pública en infraestructura, no parece prioritario. Si privados lo quieren hacer, veamos las condiciones. Si no, lo más sensato es cancelar el proyecto.

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