ENTREVISTA

Mario Bergara: el Frente Amplio asegura el rumbo, la estabilidad y más certezas

No es posible un recorte del gasto de la magnitud planteada por la oposición, sin afectar directamente el gasto social.

Mario Bergara, candidato del Frente Amplio a Ministro de Economía. Foto: El País
Mario Bergara, candidato del Frente Amplio a Ministro de Economía. Foto: El País

"El Frente Amplio es el único partido político que en la historia moderna del Uruguay le ha garantizado la estabilidad a la sociedad uruguaya”, afirma Mario Bergara. Designado como ministro de Economía para un eventual gobierno del Frente Amplio, Bergara considera impracticable el recorte del gasto anunciado por la oposición sin afectar el gasto social. Rechaza la posibilidad de incrementar impuestos y afirma que es posible tener impactos a corto plazo de una reforma de la seguridad social que debe discutirse entre todos los partidos políticos. A continuación, un resumen de la entrevista.

—¿Cuál es el plan del FA para superar el estado actual de las cuentas públicas?

—El resultado fiscal ha sido foco de preocupación del gobierno desde hace varios años. Se tomaron medidas para su reducción en el frente tributario, también en cuanto al gasto, pero el déficit no solo no ha bajado sino que subió. La corrección de las cuentas públicas no va a venir esencialmente del lado de los ingresos; la actual carga tributaria no es baja, es la adecuada y, por lo tanto, no prevemos que suba y mucho menos de manera significativa como para contribuir en forma importante a un objetivo de reducción del déficit de más de mil millones de dólares. Claramente hay que focalizar por el lado del gasto, porque por el lado tributario no va a venir la solución.

—Desde el Frente Amplio se ha referido en más de una oportunidad a las mejores condiciones que pueden venir por el lado del crecimiento del nivel de actividad…

—El crecimiento va a ayudar, sí. Va a repuntar en los próximos años a partir de un montón de inversiones que están sobre la mesa que nos permiten ser optimistas de que tendremos tasas de crecimiento de 2% o más en los próximos años.

—¿Pero eso es suficiente para impactar significativamente en la reducción del déficit?

—No, no lo es. Pero hay otra perspectiva del crecimiento que es importante. La forma en que se hace la corrección fiscal puede obstaculizar o no el crecimiento. En nuestra visión, no pensamos que estamos “al borde del abismo” y que es imprescindible pegar un shock de austeridad, un ajuste drástico en las cuentas públicas. No estamos hipotecados, como dice la oposición. Hacer las cosas de esa manera tendría perjuicios en el crecimiento económico. Todo ajuste fiscal drástico viene asociado a perturbar el crecimiento económico. Cuando en realidad, el crecimiento debería ser parte de la solución.

—¿En qué se basan para sostener que no se está “al borde del abismo”?

—La variable fiscal hay que verla en el conjunto de las fortalezas financieras que tiene el país. No es una variable aislada que se mueva sola. Es cierto que hace varios años está en niveles que nos están llevando a incrementar la deuda pública. Por tanto, hay que analizar dónde esta ubicada esa deuda. Cuando el Frente Amplio llegó al gobierno la deuda estaba en niveles superiores al 100% del PIB y hoy se encuentra en algo más del 60%. Por tanto, desde el punto de vista del peso estamos en una situación mejor y todas las propiedades de la deuda pública son mucho más saludables: plazos, moneda, condicionamiento, tasas. Esa situación no se puede comparar. Es cierto que ha subido y que preocupa. Pero es diferente verlo desde esa perspectiva y tratar de corregirlo, con medidas graduales, que tomarlo con la urgencia que lo plantea la oposición y “pegarle un hachazo” de 900 millones de dólares al gasto público, sin tomar en cuenta que eso traería consecuencias negativas en el crecimiento.
En el documento de compromiso de la oposición se dice “identificar y aprovechar oportunidades de ahorro”; ya no refiere a los 900 millones de dólares de recorte que aparecían en el borrador y de los que se viene hablando desde hace más de un año. A esta altura, si esa es la estrategia, ya deberían tener identificadas esas oportunidades de ahorro. Seguimos sin saber sobre eso. No solamente los asesores en economía no han dado a conocer su orientación, sino que además, si hay cosas que están involucradas en la ley de urgente consideración de la que hablan, tampoco lo sabremos antes de las elecciones. No conocemos cómo van a bajar esos US$ 900 millones. Dicen que lo harán sin tocar el gasto social…

—¿Y usted entiende que eso no es posible?

—No lo es, porque el gasto social representa más de las tres cuartas partes del gasto público. Por tanto, no es factible recortar casi mil millones de dólares de otros rubros que no sean gasto social.

—Las referencias han venido de ganancia de eficiencias y gastos en cuestiones accesorias y operativas, sin afectar el rubro principal…

—Me resulta una cuestión bastante ilusoria. Cabe tener en cuenta que cada reforma estructural de las que han hecho los gobiernos del FA trae consigo una reforma institucional: DGI, Aduanas, BCU, gobierno electrónico… ha habido muchas. El Estado es más eficiente y transparente que antes. Me gustaría saber a qué se refieren, porque cuando se respaldan en un informe del BID que habla sobre ello, habría que especificar por cuál de los comentarios del BID entienden que deben llevar a cabo sus iniciativas. Por ejemplo, el BID dice que hay ciertos niveles laborales que el Estado los paga más que el sector privado; si va a haber ganancia de eficiencia por esa vía hay que decir con claridad que hablan de bajar salarios públicos, sin eufemismos. También refiere el BID a exoneraciones tributarias asociadas al IVA; ¿eso significa que se eliminarán las tasas de IVA mínimo o IVA cero, si eso es ganancia de eficiencia? Porque cuando ese estudio llega a 2.000 millones de gasto ineficiente, como dice, toma en cuenta todos esos aspectos. Deberíamos ser más claros.

— ¿Cuál es, concretamente, la fuente de reducción del gasto a la que apuntan en el FA?

—Creo que todos estamos de acuerdo en que hay que abordar la seguridad social en su integridad y plantear modificaciones. Hay un déficit global del sistema que ronda los 3.500 millones de dólares y que está creciendo en forma abultada cada año. Por tanto, nada de lo que se haga estructuralmente va a resolver el tema de las cuentas públicas, si no se aborda una corrección que deberá ser gradual y que fortalezca al sistema. Es algo para discutir y negociar entre todos los partidos y organizaciones sociales en el primer año de gobierno. Los parámetros del sistema se deben acompasar con la evolución de la vida humana.

—Pero las soluciones que lleguen por esa vía no son a corto plazo…

—Hay mecanismos que se están aplicando en otros países que pueden tener impacto más o menos rápido. Por ejemplo, el retiro parcial. Eso le quita presión inmediata al sistema, que sirve menos pasividad y además, mantiene aportes.

—Las bases programáticas del Frente Amplio para 2020-2025 dejan lugar al incremento de impuestos como IRAE, IP o IRPF...

—No prevemos aumentos de carga tributaria. Puede haber retoques, en un mundo cambiante con un gran grado de incertidumbre, pero no cambios significativos; pensamos en cosas que ya se vienen haciendo, incrementar el peso de los impuestos directos y proseguir con una reducción del peso del IVA.
Cuando se habla de reducir impuestos a tal o cual sector, ¡cuidado! Por un lado, hablan de un fuerte recorte, por otro, de reducir impuestos… hay que ser muy cuidadoso. Quien plantee alegremente rebajas tributarias como bandera electoral, está actuando de manera irresponsable.

—La oposición propone la puesta en marcha de una regla fiscal…

—Eso es algo instrumental, estamos abiertos a conversar sobre esos temas. El mecanismo de tope de deuda que tenemos en Uruguay es una regla fiscal y, como en cualquier otro modelo de regla, si hay fundadas razones para excederse, el Parlamento es el que autoriza. No tengo ningún inconveniente en sentarme a conversar para rediseñar una regla fiscal, lo que sí quiero es quitar esa ilusión de que hoy no existe y que por el solo hecho de generar una regla, se solucionan los problemas fiscales. No es cierto.

—El peso de las tarifas públicas en el aparato productivo es una demanda reiterada. ¿Qué hacer en ese sentido?

—Primero, la evolución de las tarifas públicas en estos gobiernos del FA ha estado por debajo de la inflación, ese es un dato de la realidad. También, cabe recordar que este gobierno atendió situaciones puntuales en algunos sectores productivos, como el arroz o los lácteos; fue sensible y tomó medidas, con subsidios a la electricidad y cambios en la forma de tributación en el gasoil. Pensar en una reducción general de tarifas públicas, estará condicionado a la evolución del resultado fiscal. También es cierto que en estos años, debido a la situación fiscal, ha habido un componente mayor de los recursos destinados a rentas generales. Eso, después de muchos años en los que algunas empresas públicas no vertían absolutamente nada y que en el monto global de las empresas públicas, no resulta significativo. Ni por asomo se puede hablar de una baja importante de las tarifas si no se hicieran esos aportes.

—Han acusado desde el FA que si gana la oposición, corren riesgo los salarios; ¿en qué se basan para tal afirmación?

—¿Por qué los trabajadores se apropiaron de una cuotaparte del crecimiento durante los gobiernos del FA? Porque hubo una institucionalidad que se lo permitió; la negociación colectiva y los consejos de salarios. En los noventa crecía al economía y los salarios no. La oposición plantea hacer ajustes a la negociación colectiva en dirección a una negociación menos sectorial y esencialmente, de salarios mínimos. Eso vacía de contenido a los consejos de salarios, dejando de lado un proceso de maduración de este instrumento que en base a acuerdos, fundamentalmente entre empresarios y trabajadores, atendió cuestiones tan importantes como capacitación y condiciones de trabajo. Por tanto, es razonable especular que, en caso de triunfar la oposición, el escenario más probable es el de un debilitamiento de las condiciones de negociación y de los salarios. Y detrás de la caída del salario, viene la caída de pasividades. No agitamos cucos, es lo que surge de lo que se escucha de sus propuestas.

—¿Cuál es la promesa del Frente Amplio en materia económica, “más de lo mismo”?
—En algunas cosas sí: el rumbo, la estabilidad y las certezas. Y además, adecuarnos al mundo que está cambiando, que no es el mismo que hace quince años. Uruguay también es distinto, con un escalón de bienestar más alto, donde cambian las demandas de la gente. Hacia eso apuntamos, sin perder de vista lo primero.

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