TEMA DE ANÁLISIS

Los intereses lideran la suba del gasto

Desde que rige el actual Presupuesto, las erogaciones del consolidado GC-BPS aumentaron en 3.4 puntos del PIB.

Foto: Pixabay
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La tendencia que muestra el déficit del sector público amerita correcciones inmediatas. El ajuste es necesario, ya que las necesidades de financiamiento para cubrirlo son crecientes y ello presiona sobre una deuda cuya trayectoria no es la deseada. La dinámica de la deuda pública es ascendente y por lo tanto es cada vez más pesada, dada la limitada capacidad de generar ingresos por parte del gobierno.

Actualmente el país cuenta con liquidez y líneas de contingencia que le cubren los vencimientos de los próximos dos años. Pero por más respaldo que se tenga y mejores condiciones que se presenten en el mercado internacional, el hecho de seguir recurriendo al endeudamiento puede generar desconfianza, que tarde o temprano se traduce en un freno en el financiamiento que obliga a ajustes dolorosos. Por ello, es imperioso controlar la trayectoria de la deuda y el camino pasa inexorablemente por el abatimiento del déficit fiscal.

Según las cifras recientemente divulgadas por el ministerio de economía, el déficit global del sector público en los últimos doce meses a setiembre se ubicó en el equivalente al 4,9% del PIB (sin considerar el Fideicomiso del BPS por los cincuentones), tal como se muestra en el gráfico que aparece arriba en el cuadro. Se muestra también allí la evolución del resultado primario, es decir antes del pago de intereses.

Se ve que ambas variables mostraron un comportamiento relativamente estable desde 2015 hasta comienzos de 2018, con un déficit primario promedio del orden del 0,2% del PIB y un déficit global en el entorno al 3,5%.

Déficit de tal magnitud, superiores a la tasa de crecimiento de largo plazo de la economía, llevaron necesariamente al incremento de la deuda, no sólo en términos absolutos, sino también como porcentaje del PIB. En particular en los últimos años, en que la tasa observada de incremento del PIB estuvo por debajo de la de largo plazo.

Esta situación, que ya de por sí merecía toda la atención, al punto tal que el gobierno fue adoptando sucesivas medidas en una suerte de ajuste en etapas, comenzó a deteriorarse paulatinamente a partir del pasado año. Se ve en el gráfico que desde entonces el déficit no dejó de aumentar hasta rozar el 5% actual, lo mismo que el resultado primario, que es negativo en 1,6 puntos del PIB. Esto último significa que la recaudación del gobierno es insuficiente para hacer frente a sus obligaciones y necesita endeudarse para pagar salarios, pasividades y otros egresos.

Esto no sólo es grave porque aumenta aún más la deuda y el consiguiente peso de los intereses, sino por el impacto negativo que tiene sobre los precios relativos. El gasto público de por sí los afecta, al tener un elevado componente no transable. Si el resultado primario está equilibrado o es levemente negativo como lo fue hasta el año pasado, el endeudamiento en que incurría el gobierno era para pagar intereses que básicamente están denominados en esa moneda, por lo que no agregaba más daño al que ya hacía en materia de competitividad. Pero un déficit primario que a nivel del consolidado Gobierno Central-BPS asciende a US$ 730 millones y se financia con deuda en dólares que se destina a pagos en pesos, sí altera aún más la competitividad.

El déficit es el resultado de un gasto superior a los ingresos. Al analizar el comportamiento de las cuentas del consolidado GC-BPS a lo largo de los últimos, años se constata que los gastos efectivamente no dejaron de crecer en tanto que los ingresos se estancaron en el último año, tal como se observa en el gráfico que aparece en la parte media del cuadro, lo que explica el marcado deterioro del déficit.

Se ilustra allí con claridad los problemas de las finanzas del sector público. Por un lado, un gasto que no se puede controlar fruto de sucesivos aumentos que no solo lo tornan rígido, sino que en algunos casos compromete mayores erogaciones a futuro. Por el otro, una recaudación que no aumenta debido a que la economía no crece debido a problemas de competitividad, fenómeno al cual el aumento del gasto público no es ajeno.

En materia de las finanzas públicas, el consolidado GC-BPS es la porción más relevante y aquella sujeta al Presupuesto Nacional. Desde que está en vigencia el actual, desde el año 2016, el gasto se incrementó en 3,4 puntos porcentuales del PIB. En términos reales, el crecimiento acumulado desde diciembre de 2015 a septiembre del presente año es del 12,3% (comparando años móviles), casi el doble de lo que creció el PIB en el período (6,6%).

Esta trayectoria del gasto, que está creciendo a una tasa anualizada del 4,3% real, no es sostenible para una economía que crece a un ritmo menor y en el último año prácticamente no lo hizo, ya que no recauda los impuestos suficientes para financiarlo.

El problema con el gasto no es sólo la tendencia, sino también su composición, que se torna cada vez más rígida. A su vez, los gastos que más crecen son aquellos que tienen componentes de indexación o responden a compromisos externos, lo que los vuelve endógenos.

En el gráfico que aparece a la izquierda en la parte baja del cuadro se descompone el crecimiento acumulado del gasto del consolidado GC-BPS desde que rige el actual presupuesto a la fecha. Se ve claramente que los rubros que más crecen son las pasividades que sirve el BPS, los intereses de la deuda pública, las transferencias del Fonasa y las remuneraciones, que explican las tres cuartas partes del incremento del gasto.

Por su propia característica, son gastos que en la tendencia actual generan compromisos a futuro. El caso de los intereses es muy claro, ya que la deuda está creciendo, lo mismo que el tipo de cambio, moneda en la que está pautada. El tema de la seguridad social no exige mayores explicaciones. Existe coincidencia en todo el espectro político de la necesidad de una nueva reforma ante el incremento que se produjo en el gasto tras la flexibilización del año 2008, dado el importante incremento en el número de pasivos que propició, cuyos ingresos futuros (como los de todos los pasivos) están indexados por mandato constitucional.

El gráfico que aparece abajo a la derecha acota el período de análisis de la evolución del gasto al último año. Se ve allí que en estos últimos doce meses fueron los intereses el componente que más subió. De hecho, más de la mitad del crecimiento que experimentaron estos egresos desde que rige el actual Presupuesto se produjo en este período.

En el último año también subieron las pasividades y las remuneraciones. Este último rubro es relevante, ya que la decisión de aumentarlas es totalmente discrecional, pero compromete hacia el futuro.

La buena noticia es que el incremento de las transferencias del Fonasa se está frenando, al ya estar prácticamente toda la población incorporada al sistema.

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