Cabeza de Turco i washington abdala

Tatú y Tití

Tatú nació en ese barrio rojo. Lo conocía de memoria. Su madre limpiaba casas en una vecindad acomodada a pocos kilómetros de allí. De gurí vivía jugando a los policías y ladrones.

Su padre, a quien conoció apenas unos pocos años —porque lo abandonó para irse de amores con una sobrina llamada Marita— le había regalado una pistola de plástico negro (berreta) que usaba hasta cuando tomaba la sopa. La imagen del niño con la pistola —tamaño real— resultaba absurda. Claro, era otra época, hoy no llamaría la atención.

Tití era su vecino. Su padre era obrero de la construcción y su madre no hacía nada. Nada de nada. Tití era más agresivo y no le gustaba ir a la escuela. Siempre decía que la maestra "la tenía con él". "Mentiras tuyas" le decía Tatú, que además de vecino era su íntimo amigo. "Vos sos vago" le comentaba siempre.

La vida fue pasando y cada uno emigró de aquel barrio maldito. Ninguno lo extrañaba. Tatú se hizo policía y Tití rapiñero ocasional. En la jerga Tatú: era "milico" y Tití "pichi".

Cada uno, con el pasar de los años, iba sabiendo de la vida del otro, por amigos en común, porque ambos iban creciendo y el tiempo nunca pasa en vano. Vamos siendo lo que somos y somos lo que vamos siendo. Y en una ciudad como la nuestra, sin privacidad alguna, siempre alguien cuenta cómo anda aquel amigo de la escuela o el vecino de la esquina. Somos una aldea.

Los dos tienen "compañeras", ninguno se casó. María la esposa de Tatú era milica como él y la había conocido en la misma Escuela de Policía. El día que la vio sabía que ella era para él. Tuvo tres hijos con ella, Marito, Jony y Jazmín. Tití se juntó con La Pelusa, una que decían que era peluquera pero todos sabían en qué andaba. Ella ya tenía dos chiquilines, Jesi y Meli, y los dos que tuvo luego con él fueron Veli y la Pampita. Si, "Pampita" fue idea de Tití porque le gustaba Pampita, la porteña que vivía sonriendo en la televisión no se sabe por qué.

Todo sucedió una noche en el mismo barrio que los había visto nacer. Alguien llamó al 911 porque un almacén, recién instalado, estaba siendo robado. Tatú, como conocía la zona, contestó por el interno del móvil policial a la central: "Estoy a tres cuadras, salgo para allí". De la central le dijeron los códigos y le dieron el "afirmativo", reportando además que otro móvil ya estaba en el lugar".

El auto policial lo picó, y al toque estaba en el lugar. Se sentían los estruendos. Se bajó en medio de una balacera en la que dos policías estaban disparando a fuego cerrado contra dos individuos en moto, estos con el cuerpo perfilado a medias, y entre un muro, casi de espaldas detenidos en una esquina, abrían fuego contra los policías que estaban detrás de su auto. Nadie usaba armas pequeñas. Los policías con sus Glock respondían el fuego que los delincuentes habían abierto. Los cacos estaban encerrados en una callejuela sin salida, por eso no habían zafado y por eso metían bala y bala.

Los ladrones estaban vestidos de ropa negra. Las motos tiradas. Tatú tenía una puntería precisa. Era de los que iban al polígono cada diez días a entrenar a su propio costo. Se bajó, corrió como un lince detrás de un árbol y no tuvo temor de arrimarse a la escena del hecho. Con un tiro preciso le apuntó al pecho al primero de ellos. Acertó. El hombre se desplomó y cayó de bruces. Al segundo, le disparó y la bala ingresó por por la ingle. Los dos quedaron inmovilizados. Lo que sus compañeros no habían podido resolver, él lo liquidó en cinco segundos.

Se hizo un silencio gélido, todos quedaron como levitando, se sentían los zumbidos de las balas, el eco seguía allí. Los cuerpos heridos, la sangre que empezaba a salir a borbotones, el griterío del barrio y el pánico general. Tatú se acercó hacia el cuerpo de los delincuentes para ver qué podía hacer. El segundo que estaba aún con vida, en su último suspiro, sacó una pistola diminuta de su bolsillo, y mientras se desangraba a la velocidad del rayo le disparó a la cabeza a Tatú. Le dio justo en el medio de la sien. Tatú cayó encima del cuerpo de Tití.

Los dos murieron en ese instante.

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