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Perros y gatos también al diván

Ansiedad, estrés o trastorno obsesivo no son patologías exclusivas de los humanos. En animales es común que se den y, en los casos más graves, requieren medicación.

perro triste

Cuando llegó Simonetti a la vida de la Manchi, todo cambió. Simonetti, extrovertido y con ansias de protagonismo, llenaba todos los espacios de la casa, mientras que Manchi, más tímida, estaba estresada, ansiosa, arañaba las paredes y rompía el papel mural. La relación entre ambos se hizo insostenible y las peleas eran cada vez más frecuentes. "Las características de personalidad de cada uno era lo que los hacía llevarse mal", relata Sebastián Garay, dueño de Manchi y Simonetti, dos gatos que se vieron obligados a compartir el mismo hogar.

Sus vidas se cruzaron cuando Manchi, en ese entonces de seis años, tenía una enfermedad renal. Mientras estaba hospitalizada, Sebastián y su señora conocieron a Simonetti en la sala de espera de la clínica. "Era la oportunidad que nos presentaba Manchi para adoptar un gato abandonado", dice, pero nunca previeron que algo así podría pasar.

En Estados Unidos se estima que cerca de 60% de los dueños de mascotas ha tenido al menos un problema de comportamiento con sus animales", número alto considerando que en 72% de los hogares uruguayos hay una mascota.

Perros que ladran incansablemente, gatos que pelean u orinan en lugares que no corresponde o la infructuosa manía canina de perseguirse la cola son algunas de las manifestaciones producto de estrés, ansiedad, depresión y fobias.

Constanza Stewart, veterinaria, aclara que hay que diferenciar los problemas conductuales de las patologías conductuales. "Hay cosas que son normales, pero son molestas, por ejemplo, que un gato arañe un mueble. Eso es diferente a que tenga miedo, fobia o ansiedad. Lo mismo la agresividad. Es una forma de comunicación del perro, pero hay un límite".

Un ejemplo de esto es el caso de Matilde. La paciente de la veterinaria Carmen Luz Barrios ladraba a volúmenes molestos para los vecinos cada vez que su dueña salía de la casa. "Me llamaron cuando estaban a punto de pedirles que se fueran del departamento por los reclamos", recuerda. "Tenía un trastorno del comportamiento asociado a la ansiedad. Tuvimos que mandar una carta al edificio con el diagnóstico y certificando que comenzaba el tratamiento".

Aunque a nivel mundial no hay datos cuantitativos, los especialistas consultados coinciden: "En perros, lo más común, en este orden, es la agresión, la ansiedad por separación y la destrucción. En gatos, los problemas de eliminación (es decir, orinan o defecan fuera de su caja), la agresividad y los trastornos compulsivos", dice Liz Stelow, médica veterinaria y jefa del Clinical Behavior Service de la UC Davis.

Las causas son variadas, desde animales que nacen con predisposición genética a factores externos, como cambios de casa o nuevas personas en el hogar. Y aunque no existe una versión animal del DSM 5 (Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales de seres humanos), los veterinarios etólogos evalúan de acuerdo a la gravedad y frecuencia de la conducta. "Cuando una mascota empieza a ver mermada su calidad de vida y el vínculo con su dueño, necesita un etólogo clínico (un veterinario con especialización en comportamiento) para poder evaluar qué problema lo está afectando", explica Barrios.

Para descubrir eso, se realiza una anamnesis profunda. Es decir, el etólogo clínico completa una ficha con toda la historia del paciente, desde cómo fue su infancia hasta el día de hoy, va a su casa y analiza su entorno, las condiciones del núcleo familiar e, incluso, registra lo que come. También se hacen exámenes para descartar alguna patología orgánica y se utilizan son videos

En cuanto a los tratamientos, hay varias alternativas y su uso se decide de acuerdo a la intensidad y cronicidad del problema. Lo primero es la "modificación de conductas, el manejo del entorno y el uso de feromonas", indica la doctora Barrios. Esto significa que los dueños deben realizar una serie de ejercicios. Y Si bien no es la primera opción, dependiendo de la severidad del problema, se prescriben medicamentos. 

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