VIAJES

De paseo por mercados navideños en Alemania

Después del atentado del año pasado, estas ferias vuelven a ser el punto de encuentro de locales y turistas. Sin que el frío amedrente, una gira por los más tradicionales, entre el vino y las salchichas.

Navidad en Alemania

El olor de las salchichas que se asan lentamente invade el aire. A unos pocos pasos se vuelve protagonista el azúcar quemado de las garrapiñadas de almendras, nueces y castañas. Camino guiada por los diferentes aromas, de puesto en puesto, mirando las artesanías típicas, los dulces, los juegos infantiles, las luces de la decoración que se prenden y apagan, e invadida por el espíritu navideño que derrochan los mercados alemanes, especialmente el de la pequeña ciudad de Núremberg. No importa que el termómetro marque varios grados bajo cero, que prácticamente no se puedan sacar las manos de los bolsillos y que la llovizna poco a poco se transforme en nieve. Nadie se mueve. Una taza de glühwein, el vino caliente con especias típico en estas fechas, ayuda a calentar el cuerpo.

El año pasado fueron triste noticia cuando el terrorismo de EI atentó contra uno de los mercados de Berlín, frente a la iglesia Memorial Kaiser Wilhelm. Pero, como siempre, el país se levanta y sigue, fiel a su historia. Y los mercados vuelven a ser el punto de encuentro, el lugar por el que hay que pasar. Durante diciembre, los mercados navideños presentes en prácticamente todas las ciudades de Alemania, son una tradición que se fomenta desde hace siglos. Un buen plan para encontrarse con amigos, hacer compras o simplemente pasear.

Pese al crudo invierno, todos salen con gorro, guantes y camperones a pasear sin apuro, a comprar adornos para el arbolito y el pesebre, a comer un sándwich de salchichas al aire libre, a escuchar villancicos navideños y, claro, también a hacer viajes imaginarios varios siglos atrás. Porque aseguran que todo se ve como en aquel entonces, siglo XV, XVI, cuando empezaron a organizarse estos mercados.

Hay mercados grandes, pequeños, más o menos antiguos y más o menos ornamentados, pero todos mantienen una misma esencia: lo que venden y producen tiene que ser artesanal y originario de cada lugar. El made in Germany incluye bolas de vidrio pintadas a mano y carísimas (las más grandes cuestan 25 euros), adornos de madera y hasta muñecos hechos con nueces y pasas de uva. Comida regional de todo tipo y sabor y también tejidos a mano y muchas otras artesanías. Suele haber música en vivo, espectáculos y atracciones como en un parque de diversiones para los chicos.

Nuremberg.

En el ranking de los mejores mercados navideños alemanes, el de Núremberg, la ciudad del estado de Baviera, a dos horas y media de tren de Fráncfort, seguramente está entre los primeros puestos. No es el más antiguo ni el más grande, pero el Christkindlmarkt es uno de los más famosos y recibe cada invierno más de dos millones de visitantes.

El mercado transporta a los tiempos medievales en un abrir y cerrar de ojos. La próspera ciudad de la región más rica del país, donde hasta incluso el subte funciona de manera automatizada sin conductor, se olvidan durante la visita. La feria de Navidad se organiza en la plaza central de la ciudad, donde habitualmente venden frutas y verduras y está rodeado de restaurantes, y de la iglesia Frauenkirche (Nuestra Señora).

Un mercado con más de 100 puestos, un sector de chicos, con calesita y vuelta al mundo y otro mercadito con artesanías de ciudades del mundo, hermanas de Núremberg. Aquí el plato típico e irresistible es el sándwich 3 im Weggla, con tres salchichas típicas de Núremberg. Las salchichas de esta ciudad son finitas como un dedo y cortas. Cada ciudad tiene su variedad, una marca registrada alemana.

También hay que probar gingerbread, una clase de galletitas especiadas con 600 años de historia. Aunque hay muchas, las originales son las Lebkuchen, que las venden en un comercio a pasos de los puestos del mercado. Y acompañar, claro, con el glühwein, que lo sirven en unas tacitas conmemorativas de los mercados, un buen suvenir.

Entre los puestos del mercado llama la atención el espacio donde venden Playmobil. Sí, son originales de la región, por eso pueden estar, a pesar de que se consiguen en las jugueterías de todo el mundo. Los fanáticos pueden visitar el Núremberg Fun Park, en la vecina ciudad de Zirndorf, a media hora de Núremberg, donde está la gran colección de Playmobil, pero a gran escala.

El mercado, en el centro de la ciudad es un buen punto de partida para descubrir Núremberg. Lo mejor se concentra en el interior de la muralla, donde está el casco histórico y recorre en unas horas. Se destaca el castillo imperial, en lo alto de una colina, desde donde se tienen vistas panorámicas de la ciudad y el mercado navideño. El casco histórico tiene nueve iglesias para visitar, como St. Sebald, que se comenzó a construir en 1220 y St. Elisabeth, con una gran cúpula.

Dresden: donde nació el stollen.

Otra ciudad que merece una escala en la ruta de los mercados navideños es Dresden, en la antigua Alemania Oriental, muy cerca de la frontera con República Checa. Desde Núremberg demanda cinco horas de tren con conexión en Leipzig y apenas tres si se llega de Berlín.

El mercado Striezelmarkt, en la plaza Altmarkt, en el centro, es uno de los más antiguos de Alemania: este año es la edición 583. Un gran espacio repleto de puestos de comida y artesanías, sitios para niños, miniparque de diversiones, todo muy bien acompañado por villancicos que suenan uno tras otro.

Y la gran estrella es el stollen, una especie de pan dulce que hasta tiene fiesta propia, con reina y donde se baten récords de tamaño del famoso dulce, que puede llegar a los 1800 kilos. Hay diferentes variedades; el kilo cuesta 13,40 euros.

Como recuerdo, se venden la famosas estrellas de Herrnhut, (un pueblo cercano), que tienen 25 puntas. Fueron creadas hace más de 160 años por un profesor de matemáticas y se convirtieron en un símbolo mundial de la Navidad.

Pero no es el único mercado. En Dresden hay varios, como el medieval, que recrea oficios antiguos y espectáculos de antes, como shows de tragasables.

El río Elba divide a la ciudad en dos, de un lado la histórica, donde están los mercados, y del otro, la modera, con bares y comercios. La ciudad se destaca por construcciones de estilo barroco, que fueron reconstruidas en los últimos años y por sus bajos precios hoteleros en relación con otras ciudades alemanas.

La gran catedral luterana se reinauguró en 2004 después de un trabajo artesanal para que vuelva a lucir tal como la original y con donaciones internacionales. También se usaron los grandes ladrillos que se rescataron entre los escombros y se destacan de los más claros, los nuevos.

Ahora, además de visita el templo, se puede subir a la cúpula para una vista panorámica de la ciudad.

Berlín.

Lo que sobra en Berlín son mercados navideños. Se cuentan más de 50 y prácticamente hay uno por barrio, algunos muy pequeños y al paso y otros grandes y multitudinarios. Pero el más famoso es el mercado de Gendarmenmarkt, en el Mitte, en la plaza donde está la catedral francesa y alemana y a pasos de las Galerías Lafayette. Es tan alta la concurrencia que se paga entrada (1 euro) y hay que abrirse paso entre la multitud, especialmente a la nochecita cuando hay recitales y espectáculos. Como en todos, la misma tradición, un vino caliente, variedad de salchichas y adornos. Hay puestos en con artesanías y negocios más sofisticados. También un restaurante, para tomarse un respiro del frío.

Otro de los mercados que merecen una visita es el de Alexanderplatz, una zona con varios paseos comerciales que fue el centro neurálgico de Berlín Oriental en los tiempos del muro. Allí está la Torre de la Televisión, uno de los íconos de la ciudad, de 368 metros de altura (se puede subir al mirador, a 203 metros). Además del vino caliente hay que probar el currywurst, una salchicha cortada en rebanas que sirven con salsa de tomate y curry. *La Nación/GDA

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