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Lalo Mir: “La salud de la televisión es la de la sociedad. Estamos en problemas”

El comunicador ha formado parte de algunos de los programas más importantes de Argentina. Ahora tuvo su desembarco en Uruguay.

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Lalo Mir.
ALONSO CIGANDA Luis Ignacio / Cd

Eduardo “Lalo” Mir es uno de los comunicadores más importantes de Argentina del último medio siglo. Hace poco estuvo en Montevideo grabando para Tevé Ciudad el programaEncuentro en el estudio, el exitoso formato que se inició en el vecino país y por el que han pasado -tocando en vivo y dejando un testimonio perpetuo de su arte- algunos de los músicos más importantes de las dos orillas.

Nació en San Pedro, un poblado ubicado a 170 kilómetros de Buenos Aires, a la vera del río Paraná. “Era un hogar de clase media baja, siempre faltaba un peso para llegar a fin de mes. Éramos cuatro entre mamá, papá y un hermano cinco años mayor que yo. Mi madre era costurera y ama de casa. Y mi padre manejaba un taxi y vendía billetes de lotería. Antes había tenido distintas concesiones de cantinas”, comenta Mir a Domingo.

Vivían en una casa alquilada y pequeña ubicada en el centro del pueblo, a una cuadra y media de la plaza de la iglesia y a 5 o 6 de la barranca que da paso al río. En este último hay una zona conocida como Islas de las Lechiguanas, lindera a la provincia de Entre Ríos.

En San Pedro tuvo una infancia bastante pueblerina. “Fue de puertas abiertas, de autos con las llaves puestas, de chicos en las calles, en las plazas y en el río. Yo le decía a mi mamá que salía y su preocupación era si volvía a almorzar o cenar. Fue una infancia bastante ‘salvaje’”, recuerda.

Mir, dueño de una voz inconfundible, recuerda que de joven (arrancó en una radio del pueblo siendo adolescente) no tenía el registro potente y grave por el que hoy todos lo conocen. Y que fue otro conocido comunicador nacido en San Pedro, Fernando Bravo (para los sanpedrinos Fernando Pochulu), el que le hizo ver que podía triunfar en la capital. “Él fue a la escuela de locutores en Buenos Aires, tuvo un programa de radio y después uno de televisión. Cuando volvió, lo hizo con ‘un auto cero kilómetro color zanahoria’, como me gusta decir a mí”, recuerda. Y agrega: “Al salir del Secundario, con 20 o 21 años, trabajé mucho en la construcción y fui empleado público. Pero este hecho de que Fernando Bravo hubiera vuelto con el ‘auto cero kilómetro’ hizo que los jóvenes que entonces estábamos colaborando con una emisora de San Pedro dijéramos: ‘Esto es posible’”.

Desembarco en Buenos Aires

Tras la chispa encendida por Fernando Bravo, decidió irse a Buenos Aires a estudiar locución en el Instituto Superior de Enseñanza Radiofónica (ISER), aunque perdió las primeras pruebas de admisión. Recién pudo ingresar al tercer año, “entre los últimos de la fila”. Corría 1974 y el profesor que lo examinó fue Juan Ramón Badía, padre de Juan Alberto, quien no confiaba mucho en su voz y talento.

Al terminar la carrera empezó a trabajar por el contacto de Estela Montes (locutora todavía en actividad) en Radio del Plata. A raíz de este empleo, en el que se desempeñaba como locutor suplente, pudo dar una prueba para ingresar a Radio Rivadavia. Y comenzó a trabajar en las dos emisoras a la vez. “Para ganar el equivalente a un sueldo mínimo tenía que cubrir todos los turnos posibles del sábado y del domingo. Por ahí laburaba 18 horas sin parar yendo de una radio a la otra, que estaban a tres cuadras de distancia. Y la verdad es que lo que hacía no estaba muy bueno, hablaba poco frente al micrófono, era un trabajo más administrativo”, rememora.

Esto lo desalentó y volvió al negocio de la construcción. Pero en el ínterin había conocido al “Cholo” (Oscar) Gómez Castañón y a Alfredo Ojea, que tenían un programa en Radio del Plata. Ellos lo convocaron para que regresara al ruedo. “Empecé a trabajar en una productora de espacios radiales. Era la más importante de Argentina en ese momento. Arranqué en 1975 y estuve 11 años ahí”, anota.

El despegue y el rock

En 1982 comenzó con el programa 9 PM en Radio del Plata, en un horario que producía junto a su equipo y que no se vendía desde hacía tiempo. Ese fue su primer hito radiofónico. Y su primer programa de rock. “Nueve PM empieza dos o tres semanas antes de la Guerra de Malvinas, cuando las radios dejan de pasar música en inglés. O sea que solamente me quedaba pasar rock argentino o latinoamericano, que había muy poco. El programa se convirtió en un fenómeno porque fue el parlante de esa generación. Era como el club del rock, de ahí salió Soda Stereo, ahí se presentó Virus, Memphis la Blusera, RIFF, Charly García solista. Estuve en el lugar correcto y en el momento justo. Son esas cosas que pasan muy pocas veces. Fueron cuatro años de mucho vértigo, porque empecé a viajar, me invitaban las discográficas a ver los conciertos en el extranjero”.

De todos modos, siguió trabajando en la productora hasta 1986. Y en 1987 se tomó un año sabático. Después comenzó su etapa en la época dorada de la Rock & Pop. “Cuando empecé con 9 PM en 1982 tenía como siete años de producción. Y me senté atrás del micrófono con ese bagaje, con ese conocimiento. Fue como una piña”, relata.

En 1987 el empresario Daniel Grinbank lo convocó para salir al aire en la Rock & Pop. “En esa época empezó Mario Pergolini con Ari Paluch en un programa que se llamó Feedback (que venía de otra radio) y después arrancamos con Radio Bangkok. Este fue el segundo hito en mi carrera”, asegura. Y explica que el fenómeno de Radio Bangkok no hubiese sido posible sin su programa anterior: “Grinbank tenía 9 PM con sus músicos para promocionar sus shows. Y de alguna manera el armado original de la Rock & Pop se basa en la estructura artística de 9 PM”.

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Lalo Mir.

La TV de antes y de hoy

Mir es un hombre de radio, no caben dudas. Pero ha tenido sus incursiones en televisión. “Las experiencias de TV siempre fueron más enredadas que las de radio. Tuve un debut con la Rock & Pop TV, que era un engendro y funcionaba porque era para un público que no tenía otra cosa. Fue antes de la aparición de Tinelli y nosotros salíamos los domingos tarde a la noche. Era como un anarco-programa que se armaba sobre la marcha y no duró mucho”, recuerda. Después tuvo una pequeña participación en La noticia rebelde, que fue un programa de mucho éxito. Y estuvo seis meses con Alejandro Dolina y la “Negra” Elizabeth Vernaci en Fuga de cerebros.

“En 1996 hago Las patas de la mentira, el primer programa de archivos de la TV argentina, hasta que (Eduardo) Eurnekian, el dueño del canal América, levantó todos los programas periodísticos en época de Menem. Otra locura de esos años fue Planeta caníbal, un experimento muy divertido y anárquico. Y tuve durante tres años un programa de artes visuales en Canal 7. Un par de años después arranqué con Encuentro en el estudio”, agrega.

— Hace pocos días fue muy comentado que un connotado actor como Pablo Alarcón estaba trabajando “a la gorra” en una plaza. ¿Cómo observa la ausencia de ficciones y la salud de la TV argentina?

—La salud de la televisión es la salud de la sociedad, porque la hace la gente. Estamos en problemas. Es mucho más fácil un programa con un panelista, un conductor y cinco tipos en una mesa que cobran medio sueldo cada uno. Prácticamente no hay escenografía, usan la misma para cinco programas. Pero todo va cambiando. Hoy el promedio de la audiencia de la televisión abierta está arriba de los 65 años. Eso significa que en una década o dos habrá decrecido a la mitad. Hoy con el on demand podés ver algo que te interesa en el momento que te interesa.

Periodismo y grieta

Mir considera que la polarización del periodismo “sucedió siempre y en todos lados”, aunque entiende que en Argentina es muy visible debido a que “se blanqueó y se fue de mambo”.

—¿Los periodistas tienen responsabilidad en la profundización de la grieta?

—La tienen los políticos, los periodistas, los analistas, los empresarios, los sindicalistas, los líderes de opinión. El tema es que hay una desvalorización del oficio, con respecto al chequeo de las fuentes y la forma de decir las cosas. Y en las redes todo está fuera de contexto, el contenido es una partícula.

Con respecto al fenómeno Javier Milei, que también tiene que ver con los medios, disparó: “Estoy harto de que todo el mundo hable de él todo el tiempo. Todos los que se asustan de Milei están todo el día hablando de él. Es lo que votamos. Hoy todo pasa por la pasión y no por la racionalidad”.

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