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Aprender a vivir de a tres

Ser padre o madre por primera vez es descubrir un mundo nuevo que conlleva numerosos desafíos.

Dante nació el 18 de enero de 2017
Dante nació el 18 de enero de 2017. Foto: G. Pérez

Es como tirarse a una piscina llena de algo que no se conoce, dicen, que no se sabe muy bien qué es, pero que nunca es igual para todos. Es como redescubrirse y reencontrase con lo más profundo de uno mismo pero siendo diferente, o siendo en un rol distinto. Es como un sacudón que de pronto los encuentra de a tres y ya no de a dos. Que los descubre compartiendo la cama o el cuarto con un tercero, que los encuentra haciendo cosas que nunca habían imaginado o que creían que nunca podrían hacer. Es empezar a pensar en tres o en cuatro o en cinco, pero ya no más en dos. Es algo, dicen, que no se puede poner en palabras. Quizás haya consejos, haya cursos, talleres y personas a las que escuchar, pero no hay fórmulas. Parece que sí, pero no. Nunca se está del todo preparado. Nunca mucho es suficiente y siempre un poco no alcanza.

Dante (foto principal), es uno de los 43.036 niños que nacieron en 2017, de acuerdo a datos brindados por Estadísticas Vitales del Ministerio de Salud Pública. También, es uno de los 15.885 que fueron los primeros niños de la familia. Ser padres por primera vez es siempre encontrar un universo desconocido y nuevo, que puede ser caótico y hermoso al mismo tiempo, pero que siempre revoluciona la vida de los padres, que los modifica y los hace conocerse de nuevo o desde otro lugar, a ellos mismos y a sus parejas: desde el rol de madre y desde el de padre.

Si bien cada persona es diferente y cada pareja es un mundo, la licenciada en psicología especializada en niños y familias, Alicia Perles, dice que "la llegada un bebe al mundo genera en cada familia, generalmente, emociones encontradas: por un lado la alegría de recibir un nuevo integrante en el seno del hogar, y por otro, la gran incertidumbre acerca de cómo irá aconteciendo la construcción de esos nuevos vínculos, cómo será la cotidianidad".

Magdalena con Guille y Manu
Magdalena Piñeyrúa con Guille y Manu. Foto: D. Borrelli

Más allá del modelo tradicional de familia, cada vez hay más uruguayos que deciden ser padres o madres solteros. El primer paso para afrontar esta etapa, dice Fanny Berger, psicóloga clínica gestáltica y escritora, es "aceptarse como padre y madre, qué nos genera, cómo nos vemos, qué miedos nos surgen". Porque siempre surgen miedos. Después de todo, ser padres por primera vez es vincularse, cuidar, proteger y amar más que a nadie y nada en el mundo, a una persona que depende completamente de ellos.

Antes.

Emilia (28) y Rodrigo (32) están juntos hace siete años y hace seis que conviven. Se casaron en febrero de 2015 y un tiempo después empezaron a charlar sobre la posibilidad de tener un hijo, especialmente para planificar lo que querían hacer antes de tenerlo. Se fueron de viaje y a la vuelta visitaron juntos a un médico para efectivamente empezar a buscarlo.

Aunque era una posibilidad, nunca imaginaron que fuera real, o tan real como cuando en la primera ecografía vieron algo extraño: no era uno, eran mellizos. "Yo me empecé a reír y Rodrigo dijo que el había visto algo raro en el monitor, se había dado cuenta al toque que eran dos. Pasado el shock inicial, los dos quedamos chochos con la idea", dice Emilia. Acaban de cumplir la semana 33 de embarazo y dicen que todo ha ido con normalidad, que es considerado un embarazo de riesgo porque son dos, que solo tuvo un tema con el azúcar y que recién en la semana 28 la mandaron a "bajar las revoluciones" por precaución.

Expertos recomiendan consulta preconcepcional
Expertos recomiendan consulta preconcepcional

"En el primer trimestre, es decir, en la primera consulta del embarazo, las pacientes suelen no preguntar demasiado. Primero porque están un poco shockeadas con la noticia, no están acostumbradas a ese tipo de consultas, tienen nauseas, se sienten más o menos y no se han cuestionado demasiadas cosas", explica la ginecóloga y expresidenta de la Sociedad Ginecotocológica del Uruguay, Nancy Murillo. "Por eso nosotros insistimos en la consulta preconcepcional, que es cuando la paciente está más lúcida, se propone planificar un embarazo, le podemos diagnosticar patologías previas que podemos tener que estabilizar o que condicionan el pronóstico del mismo, le podemos dar ácido fólico, que es una vitamina que deben tomar previo al mismo y hablar con más tranquilidad".

Aunque Maite y Felipe aún no están entre ellos, Emilia y Rodrigo ya piensan en cuatro y no en dos: "Modificamos cosas de la casa y los tenemos en cuenta en los planes que hacemos". Además, su rutina cambió completamente. Primero para Emilia, que ya no está trabajando, pero también para Rodrigo, que modifica su sus horarios de trabajo para poder acompañarla a cada consulta con cada médico: "Ginecólogo, endocrinólogo, nutricionista y ahora incluso al neonatólogo/pediatra".

Pero también cambiaron cuestiones de la pareja: "Yo duermo más tiempo y más temprano, cambió el tema de las comidas y los cuidados. Hay cosas de la casa que ya no puedo hacer y se hace cargo Rodrigo solo". Entre los dos, sin embargo, se complementan. "Lo que me da más miedo es el tema de que nazcan y esté todo ok, pensando además en que nacerán un poco antes de las 40 semanas seguro. Rodrigo es más bien el que tiene la mirada positiva y me tranquiliza".

Eso, de acuerdo a Alhelí Quintanilla, periodista española especializada en infancia y salud, "es el primer miedo y más lógico de los miedos: que el embarazo vaya bien y el bebé se desarrolle sin problemas". Luego, dice la periodista, "entran en juego toda una serie de dudas normales: ¿Cómo será mi hijo? ¿Seré buen padre o madre? ¿Estoy realmente preparado? Cada uno tiene, además, su propia historia personal y vivencias familiares, que influirán mucho en su visión de la maternidad o paternidad".

Además, dice Perles, siempre existe el miedo de la mamá por sí misma: "Por no estar preparada e incluso por el mandato social de no poder expresar sus miedos ya que parece ser que el embarazo debe ser vivido desde la idealización".

Emilia y Rodrigo no saben muy bien cómo se van a arreglar y repartir para atender a Maite y a Felipe. Les preocupa lo mismo que a todos, pero multiplicado por dos: "No saber cómo vamos a hacer para atender a dos bebés, dormir y no morir en el intento. Y los miedos normales de los primerizos, de no saber cambiar a un bebé hasta no saber cómo será la lactancia".

Los primeros días.

Ana, Alfonsina y Juan Manuel
Ana, Alfonsina y Juan Manuel

Alfonsina nació el 30 de junio a las 14:35 y pesó 2,420. Juan Manuel (29) y Ana (30) aún están buscando cómo organizarse el tiempo y casi siempre el día se pasa más rápido que antes. Alfonsina se duerme en sus brazos y no hay forma de que lo haga en otro lado. Lo han intentado, pero es en vano. "La primera semana era imposible, estos últimos días logramos que duerma una o dos horas en el coche. Pero no más que eso".

Están cansados, pero no les importa: están disfrutando todo de su hija, se están conociendo mutuamente, se están adaptando entre los tres. Y, en ese conocerse, dicen, miran a Alfonsina prácticamente las 24 horas del día, y de a poco empiezan a entenderla: "Vamos aprendiendo a darnos cuenta cuándo tiene hambre, si tiene algún dolor o está incómoda por algo". También, claro, se generan muchas dudas: "Si tiene frío, calor, si se llena tomando pecho o se queda con hambre, si está bien la temperatura de la mamadera, o del agua para su bañito, si está respirando bien, si está cómoda y así varias más".

La llegada de un hijo siempre modifica a una pareja. El embarazo, dice Magdalena Piñeyrúa, madre de Manu (10) y Guille (7), bloguera y escritora, si se vive realmente de a dos es "una aventura compartida llena de sobresaltos, descubrimientos y emociones intensas que sin dudas une". Ahora, el nacimiento es una historia diferente: "Porque de un día para el otro ambos se enamoran perdidamente de una tercera persona y hay que reacomodarse y aprender a funcionar en formato trío. Además, uno descubre al otro en su nuevo rol y puede gustarte o no lo que ves. Alguien me dijo una vez es normal que por momentos se odien, pero después todo vuelve a la normalidad. Me lo tomé al pie de la letra".

También es cierto que lo "normal" es relativo, siempre. Y es que a partir del nacimiento de un hijo, nada vuelve a ser como antes, sobre todo porque a partir de ese momento se empieza a ser la mamá o el papá de. "Estrenamos el sentimiento de que existe alguien a quien amamos más que a nada ni nadie y que depende absolutamente de nosotros. Cambian los roles familiares y nos embargan emociones fuertes y complejas: satisfacción y sensación de haber fundado una familia, de que alguien nos va a continuar; así como miedos, preocupaciones, inseguridades. Mientras debemos atenderlo, cuidarlo, alimentarlo y empezar a tratar de entenderlo. Estas complejidades nos colocan frente a un desafío apasionante y difícil", explica la psicóloga Perles.

Ana y Juan Manuel intentan complementarse entre los dos para cuidar a Alfonsina. "A mí la lactancia me demanda mucho tiempo, debe comer cada tres horas o incluso antes, entre medio de esto hacerle provecho, cambiarle los pañales, ordeñarme. Prácticamente cuando termino empieza todo de nuevo. Por suerte él me ayuda mucho, es quien se queda de madrugada más despierto. Desde que nació la bebé duerme una o dos horas por día sentado en un sillón", cuenta Ana.

Para Magdalena, autora del libro Catarsis de una madre común y corriente, el principal desafío de los primeros meses de la maternidad y paternidad es "vivir esa etapa con alegría y felicidad sin centrarse en el discurso agotador de la esclavitud, el cansancio y lo difícil que todo resulta. Quizás desde la distancia es más fácil verlo, pero la realidad es que es una de las etapas más lindas y disfrutables. Una etapa para reírse de la caca voladora, dormir de a ratos, morder deditos gordos y atomizar a los parientes y amigos con miles de anécdotas y fotos".

Después.

No lo buscaban, pero llegó. Y entonces sí, lo empezaron a esperar y a desear con la ansiedad con la que se espera siempre a lo que es desconocido.

Dante se llama Dante porque así se llamaba la calle (hoy Eduardo Víctor Haedo) en la que Jessica (31) y Syuji (31) se conocieron en junio de 2011, cuando se juntaron en la plaza Líber Seregni para formar una murga joven que fracasó. Ella nunca lo había pensado. "Mi familia creía que nunca en mi vida iba a tener hijos, que nunca iban a tener nietos, sobrinos, etcétera". Él sí. "Yo soy más hogareño, más de la idea de tener una casa con un niño y un patio con parrillero". Ahora, Dante tiene un año y siete meses y todo cambió: "Siempre digo: si tienen un hijo, tengan a uno que sea como Dante", dice Jessica.

Si bien Dante modificó al principio sus rutinas, los ayudó a descubrirse de nuevo y los fortaleció como pareja; poco a poco, dicen, todo se fue encausando y reacomodando. "Él es el bastión de todo", cuenta Syuji. Así, el primer mes estuvieron juntos y dedicándose solo a ellos tres; después Syuji volvió a trabajar y Jessica a hacer medio horario, pero tuvieron (tienen) el apoyo de sus familias que los ayudaban a cuidarlo. Incluso, como Jessica tiene un proyecto personal (es directora y editora de la revista La Mirilla) para el que trabaja desde su casa, muchas veces lo incluye a Dante en su trabajo: "Ha ido conmigo a hacer entrevistas y cuando me sentaba a escribir, al principio lo ponía en el coche al lado mío y cuando fue más grande lo sentaba en mi falda".

Ellos vivieron y viven la paternidad y maternidad como algo completamente normal y que no les cambió su forma de vivir, sino todo lo contrario. Si bien hubo horarios que arreglar y modificar, por ejemplo para llevarlo y buscarlo al jardín, también Dante hizo lo suyo. "Él se fue adaptando a los horarios de nuestra casa, nosotros no nos acostamos temprano por ejemplo, y él se adaptó a nosotros. Él se acuesta tarde, como a las once más o menos, pero su mismo mecanismo se fue adaptando a cómo nos manejábamos en casa. Fue un trabajo de los tres".

Dante nació el 18 de enero de 2017
Dante nació el 18 de enero de 2017. Foto: G. Pérez

La llegada de Dante a su vida hizo que los roles que ya estaban marcados, se acentuaran mucho más. "Yo siempre fui el amo de casa de la relación, soy el que se encarga de la limpieza, la comida es compartida, yo hago los mandados y ella cocina, a veces cocino yo también", dice Syuji. "Dante está siempre muy pegado a mí, yo trato de colaborar en lo que puedo en casa, pero él me demanda mucho a mí, de jugar, de estar, la teta; entonces hay momentos en el que estamos los dos pegados y no hay forma de despegarnos, pero en la medida en que podemos tratamos que él lo distraiga y yo hago otras cosas".

Los primeros años de un niño son fundamentales. "La primera infancia es un momento especial en la vida del niño y de la familia. En nuestro país se la considera hasta los 3 años. En ese período el mundo se vuelve para este niño un gran laboratorio, un escenario de investigación donde succionar, probar, morder, romper… Se vuelven actividades esenciales para el conocimiento de sí mismo y del mundo que los rodea. En este sentido le compete al niño ir adquiriendo las herramientas para adaptarse al mundo, y al adulto referente, generar las condiciones para que el desarrollo se de en forma plena", explica la psicóloga Perles.

Dante está creciendo y también empezando a descubrir la vida. Y mientras crece, ayuda a sus padres a conectar con algo que siempre está pero que a veces se olvida. Le gusta la música, a Dante. Le gusta bailar y le gusta que sus padres bailen con él. "Eso también te ayuda a reconectarte con cosas que uno tiene como olvidadas, como jugar, bailar porque sí, cosas que hacen los niños y que de repente no las hacés más porque pensás que sos grande", dice Jessica. "Y también le gusta el fútbol. Uruguay nomá", agrega Syuji.

Disfrutan de cada cosa que hace Dante, de cada paso, de cada caricia, de cada canción que le gusta, de sentarse en el sillón con él al medio a mirar Coco, aunque la hayan visto diez veces. Lo disfrutan porque saben que el tiempo pasa rápido y con él, Dante va a dejar de hacer lo que hace. "A medida que van creciendo se van independizando y ya no estás ahí para solucionarles todo y protegerlos. Y está bien que así sea, pero se sufre más al verlos trastabillar. ¿Se acuerdan de Bambi tratando de pararse solo? Algo así", sostiene Magdalena.

No hay algo que Jessica y Syuji esperaran de la maternidad y la paternidad. No sabían qué esperar, en realidad. Tampoco lo saben ahora. Nadie nunca sabe cómo cuidar, enseñar y ayudar a crecer a alguien más. Saben, eso sí, que criarlo con libertad para ello es fundamental: "Primero sentirse libre de elegir si ser madre o no, tener la libertad de equivocarte, de vivir todo lo que implica ser padre y madre y darle a él esa libertad para crecer".

Mirko, el bebé al que todos conocemos

Marley y su hijo Mirko
Marley y su hijo Mirko. Foto: Instagram

Hace diez meses que Marley, conductor de televisión argentino, es padre. Y es uno de los papás más famosos del momento, en parte porque desde que tiene a Mirko, también está conduciendo su programa Por el mundo, del cual su hijo es protagonista y juntos viajan por distintos destinos de todas partes del planeta.

Marley siempre había soñado con ser padre y tras 20 años de intentarlo, lo logró. Lo hizo gracias a una empresa que gestionó el alquiler de un vientre en Estados Unidos. El conductor ha dicho en varias entrevistas que para ser papá soltero "hay que ser valiente". Incluso, se lo comentó al Papa cuando estuvo en el Vaticano. Y la respuesta de Francisco lo emocionó: "Es amor, se trata de eso. Un amor que tu bebé te devolverá siempre".

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