Crimen, mucho crimen

Eduardo Bonomi, el ministro que llegó a novelista

Concebida como una novela negra policial, Código 79 de Eduardo Bonomi le plantea al lector algunos problemas insalvables.

Eduardo Bonomi
Eduardo Bonomi

El ex ministro de Trabajo y del Interior, ex integrante del MLN Tupamaros y ahora senador, Eduardo Bonomi, acaba de sorprender con una novela policial, Código 79, que trata de una serie de personajes en la zona del Cerro de Montevideo, entre ellos el del periodista que asume el rol de investigador/narrador, Ezequiel Flores Cuadrado. La acción se desarrolla entre los 90 y comienzos del siglo XXI, es decir, entre el gobierno de Luis Alberto Lacalle y la llegada al gobierno del Frente Amplio. Hay muertos, cadáveres desmembrados, muchos disparos, traiciones, venganzas, alguna violación, delaciones y arrebatos emocionales que nunca terminan bien. También fútbol, mucho fútbol, pero poco sexo.

La novela le plantea al lector una dificultad seria. Se trata de la voz narradora, un personaje de ficción que, en los hechos, no llega a tener voz propia y queda desplazado por la voz del ex Ministro Bonomi, una voz potente asociada a su rol como Ministro del Interior, cuando comandó la policía del Uruguay durante largos años, tan mediáticos como polémicos. Eso se agrava, además, cada vez que la voz narradora opina de política y habla del “desastre” que dejaron Lacalle o Jorge Batlle con sus gobiernos. Por momentos parece como una voz llegada del cielo, una suerte de idishe mame a lo Woody Allen en Historias de Nueva York, cuando la madre de Woody lo reta desde las nubes de forma impiadosa, indolente. El asunto se agrava en el epílogo cuando Flores Cuadrado/Bonomi, ante la reciente victoria del Frente Amplio (2004), sentencia: “Agarran el país destruido, y les va a costar mucho recuperarlo”. El novelista Eduardo Bonomi, que no es un ser desprevenido, dejó entrar la política de contrabando.

Esto dispersa la atención de la narración, que ya carga con gran cantidad de personajes, demasiados quizá, articulados entre sí por numerosas historias. Que a su vez no tiene la solución racional del policial clásico (el asesino es el mayordomo), sino el tono propio del policial negro, donde los ricos y corruptos siempre se salen con la suya y los pobres se joden. La policía, curiosamente, no es corrupta; una desviación de las reglas de la novela negra.

Así, el karma de Código 79 es que su autor no es percibido como un francotirador, alguien ajeno al poder —clave en el género para denunciar abusos, injusticias o conjunción de intereses. Bonomi es parte del sistema. Entonces todo sucumbe: tensión narrativa, personajes, historias. En resumen, una muy mala novela.

CÓDIGO 79, de Eduardo Bonomi. Sudamericana, 2020. Montevideo, 188 págs.

NOTA: Para quienes quieran leer una muy buena novela policial uruguaya, quizá la mejor que se ha escrito en la comarca, busquen Montevideo Street, de Eduardo Pérez Vázquez.

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