elsa gadea y andrés vidal gadea

Madre ayuda a hijo científico en un artículo y termina de coautora

Fue a visitar a su hijo y terminó de coautora de un trabajo científico; allí se describió, por primera vez, la existencia del sensor que mide el campo magnético terrestre en un animal.

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"Me parecía imposible que yo pudiera colaborar ahí, pero ¡me dio una sorpresa con el artículo!"

A fin de año, Elsa Gadea (77) fue a visitar a su hijo Andrés (40) a Texas. Él tenía que trabajar de sol a sol en su laboratorio así que la invitó a acompañarlo en sus experimentos. La colaboración fue un aporte fundamental para la investigación, a tal punto que el nombre de Elsa Gadea fue incluido entre los autores de un artículo científico publicado en la revista especializada eLife la semana pasada.

Elsa vive en Costa Azul, Canelones. Vive sola y dedica su día a trabajar en el jardín, caminar y compartir con los vecinos, según contó en diálogo con El País. Jubilada en la actualidad, creció en Rincón de Mariscala, una localidad rural del departamento de Lavalleja. Allí asistió a una escuela rural y cuando terminó empezó a trabajar.

"Éramos muchos hermanos, todos tuvimos que trabajar", rememora. Entre las tareas que desempeñaba, ayudaba a los hijos de los vecinos en sus estudios. "No es que una fuera muy buena pero en aquella época se valoraba mucho saber leer y redactar sin faltas", apunta. Cada cierto tiempo pasaba unos 15 días o un mes en la casa de una familia ayudando a algún menor en estas tareas.

A los 27 vino a Montevideo y se dedicó a trabajar en la industria textil. Ya casada y con sus hijos grandes una tarde estaba viendo el canal 5 y escuchó que la Embajada de Canadá otorgaba becas para jóvenes que quisieran ir a estudiar en aquel país. Enseguida se acordó de su segundo hijo, que acababa de terminar el liceo.

"Yo creo que el tenía 9 años cuando me dijo que quería aprender inglés para poder irse a estudiar afuera", contó Elsa, sin salir del asombro de verse integrada en una publicación de su hijo en una revista especializada.

Andrés se postuló a la beca, fue aceptado y comenzó una travesía que lo llevó a cursar una licenciatura en Biología en Canadá, un doctorado en Estados Unidos y un postdoctorado en Reino Unido para luego volver a la tierra del Tío Sam donde se casó. Actualmente Andrés, formalmente Andrés Vidal Gadea, es profesor de Neuroetología Molecular en la Facultad de Ciencias Biológicas de la Universidad del Estado de Illinois.

El trabajo.

La pasión de Andrés Vidal Gadea es el estudio del campo magnético terrestre y de cómo los animales se comportan frente a él. El campo magnético es una fuerza ejercida por el centro del planeta sobre todos los animales. El ser humano no parece percibirlo pero las tortugas marinas navegan años en mar abierto sin perderse porque se basan en él para orientarse y no cambiar el rumbo.

Así lo contó Vidal Gadea desde Illinois. Una de las hipótesis es que los animales sienten presión en el cuerpo según la dirección en la que se mueven, y que percibirla en mayor o menor medida les sirve para saber si van o no en la dirección correcta.

Hasta ahora no había aparecido una prueba de una célula que funcione como sensor de estas fuerzas en un animal. Esto fue lo que halló Andrés.

El uruguayo trabaja con una especie de gusanos (caenorhabditis elegans) cuyo tamaño es aproximadamente de un milímetro. "Tienen solo 302 neuronas. Nosotros descubrimos que una de ellas es especial: tiene una terminación que parece una antena de televisión con la que detecta el campo magnético de la Tierra y se orienta" para saber hacia dónde tiene que ir, contó el científico.

El hallazgo le da pruebas a los científicos que trabajan con otras especies, para estudiar si células como esta se encuentran en organismos más complejos que también se sabe detectan el campo magnético de la Tierra.

Para probar que el pequeño gusano se mueve según el campo magnético el uruguayo colocó cientos de su tipo en un equipo que generaba estas fuerzas de forma artificial y los vio desplazarse ante él. Además, modificó genéticamente la neurona para que se tiñera de verde si se activaba. Al ver los gusanos en el microscopio cuando eran sometidos al campo magnético pudieron ver la neurona de color verde.

El aporte de Elsa en el proceso fue medir la temperatura antes, durante y después del proceso y comprobar que los pequeños animales no se movían porque la temperatura se modificara sino que efectivamente era por el campo magnético. "Me parecía imposible que yo pudiera colaborar ahí. ¡Me dio una sorpresa cuando me dijo que salió mi nombre!", concluyó Elsa.

SABER MÁS

JUNTOS EN ILLINOIS


Elsa Vidal. De Rincón de Mariscala a EE.UU.


Creció en una localidad de Lavalleja. Fue a una escuela rural y vino a Montevideo donde crió sus hijos. Hoy vive en Costa Azul y disfruta de su jardín, sus caminatas y del encuentro con los vecinos.

Andrés Vidal Gadea. La pasión por la Biología

 A los 9 años le dijo a su madre que quería aprender inglés para poder irse a estudiar fuera del país. A los 18 su madre escuchó sobre un llamado a becas para estudiar en Canadá. El camino había empezado.

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