EL ESTADO DE LA METEOROLOGÍA

Pronóstico para Inumet: escasa inversión y personal

La carencia de preparación para enfrentar tornados e inundaciones en el país y la falta de personal y capacitación del Instituto Uruguayo de Meteorología, ponen en evidencia años de ausencia de un pronóstico certero respecto a cómo el país puede combatir los fenómenos climáticos adversos.

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Foto aérea sacada ayer sobre Lascano, Rocha. Foto: Aero Club Punta del Este

Dice el refrán que "el que avisa no traiciona". Tres años antes del viernes 15 de abril, en el que un tornado azotó Dolores y dejó al país estupefacto, otro tornado había interrumpido la tarde de primavera de Dolores y se había llevado en su breve paso decenas de techos y árboles arrancados de raíz. Fue el 6 de diciembre de 2012. Hubo varios destrozos y la ciudad se quedó sin luz. El fenómeno no era nuevo: entre 1968 y 2011 Uruguay registró 34 tornados que causaron 17 muertes, de acuerdo a un informe divulgado esta semana por el Departamento de Ciencias de la Atmósfera de la Facultad de Ciencias (Udelar).

Las inundaciones, por su parte, son el evento más frecuente y con mayor impacto en Uruguay, de acuerdo al Sistema Nacional de Emergencias (Sinae). Se tienen registros de este fenómeno a partir de la gran inundación de 1959 que dejó 45.000 desplazados. En la década pasada fueron 67.000 las personas evacuadas.

En agosto de 2015 el Instituto Uruguayo de Meteorología (Inumet) destacó en su iniciativa presupuestaria que "más del 90% de los desastres están vinculados a peligros relacionados con el tiempo, el clima y el agua" y solicitó un monto para inversiones de $ 21 millones para 2016 y $ 26 millones para los cuatro años siguientes. El Ejecutivo decidió destinarle $ 15 millones para este año, pero en el Parlamento la suma se redujo a $ 10 millones para 2016 y a $15 millones para los años subsiguientes. A su vez, por ejemplo, para gastos de funcionamiento el Inumet pidió $ 37 millones para el 2016 y recibió solo $ 5 millones.

Que Uruguay está situado en una zona de tornados no es un dato nuevo; que las inundaciones causan estragos en el país, tampoco; que la situación de Inumet es crítica ya había sido anunciada en la iniciativa presupuestaria del organismo y por su director, Gabriel Pisciottano, que el año pasado dijo a Búsqueda que la meteorología uruguaya era una "vergüenza".

Para hacer frente a estas situaciones, el presidente del Sistema Nacional de Respuesta al Cambio Climático, Ramón Méndez, anunció esta semana que su repartición junto al Sinae, la Dirección Nacional de Agua, el Ministerio de Ganadería, Agricultura y Pesca, y el Inumet están preparando un proyecto para mejorar los servicios climáticos. Agregó que está a estudio la adquisición de estaciones meteorológicas automatizadas y "la compra de tecnología de última generación como radares meteorológicos de tipo doppler", según informó El País el miércoles. Estos aparatos registran "con más precisión eventos que pasan en la superficie terrestre". En el caso de los tornados permiten detectarlos unos 10 o 20 minutos antes de que toquen tierra, detalla el informe de la Facultad de Ciencias.

Méndez aclaró el viernes que aún no hay ninguna definición tomada en la compra de estos radares, que el costo de cada uno está por encima del millón de dólares y que no se sabe cuándo se adoptará la decisión. El exdirector nacional de Energía explicó que el proyecto no contempla la contratación de personal (el foco está puesto en las estaciones automatizadas), aunque sí la capacitación de recursos humanos.

El presupuesto del Inumet para inversiones 2016-2019 es de $ 55 millones, lo que equivale a unos US$ 1,8 millones. Si se comprara un radar doppler, la inversión del Estado se acercaría al presupuesto total para inversiones del ente.

La falta de innovación es un aspecto destacado por Inumet en su iniciativa presupuestaria, en la que se señala que en 2015 el 1 % del presupuesto fue destinado a inversiones, 90 % a remuneraciones y 9 % a gastos de funcionamiento.

Pisciottano discrepa con la posible adquisición y sostiene que hay necesidades más acuciantes. "Si uno no tiene observación en la noche excepto en el aeropuerto de Carrasco, en Laguna del Sauce y en Rocha, el paso siguiente no es instalar un radar doppler. Eso sería una locura y una irresponsabilidad de mi parte. Yo no lo propuse", declaró la semana pasada a Radio Uruguay. El jerarca comparó la propuesta del gobierno con la de instalar primero la planchada y luego los cimientos en una casa. Señaló que en su lugar se podría adquirir un "radar de los pobres", que es un sistema de detección de descargas eléctricas, que cuesta cientos de miles de dólares en vez de millones.

Consultado por lo dicho por Pisciottano en referencia al radar doppler, Méndez sostuvo que "eso no es lo que opinan los expertos ni los técnicos", pero que no iba a hacer más declaraciones.

Mario Bidegain, asesor del Inumet, señaló que harán falta dos radares para todo el territorio.

Más observadores.

Además de contar con menos presupuesto del solicitado, el Inumet tiene 23 estaciones meteorológicas (más una en la Antártida). Dos de ellas, Bella Unión y Azucitrus, no funcionan porque no tienen personal.

De acuerdo a la encargada de Recursos Humanos del Inumet, Rosana Ubal, el organismo tiene 178 funcionarios y en los últimos meses se jubilaron varios empleados. La falta de personal es un problema en esta institución, que tiene abierto un llamado para 11 observadores meteorológicos. "Muchos tienen más de 30 años de servicio", informó Ubal. Otra dificultad es la desactualización de los empleados, algo que también había sido advertido en la iniciativa presupuestaria.

Para Bidegain, si bien el Inumet ha mejorado un poco en los últimos tiempos, se necesitarían unos 40 o 50 observadores más. Para que una estación funcione las 24 horas se precisan cuatro observadores por estación, afirmó, algo que por regla general no sucede en el horario nocturno. La carencia de personal se ha tratado de paliar con la adquisición de estaciones automáticas. "Hay seis y están en proceso de compra cuatro nuevas que se calcula que se instalarán en el segundo semestre del año", agregó, pero se requieren unas cinco más según su criterio.

Con respecto al registro pluviométrico (de lluvias), Bidegain explicó que los pluviómetros (tachos que acumulan agua) están ubicados en comisarías. La policía manda el valor del acumulado diario de precipitaciones al Inumet, antes conocido como Dirección Nacional de Meteorología, que hasta 2013 dependía del Ministerio de Defensa y pasó a ser una entidad descentralizada.

Sin embargo, explicó el experto, sería necesario incorporar sensores automáticos en lugares sensibles como las cuencas del río Yí, Cuareim y la zona de la Laguna Merín, lo que generaría un seguimiento minuto a minuto, permitiría discriminar la lluvia en forma horaria y establecer planes de evacuación. Pese a que el costo de los sensores es relativamente bajo —entre US$ 1.000 y U$$ 2.000— está necesidad se solucionará recién en un futuro cercano, ya que su compra está planteada en el actual presupuesto.

El "acá no pasa nada": una mentira nacional.

Ante el tornado de Dolores y las inundaciones en el país, la pregunta de muchos fue: ¿cómo es posible qué nadie sepa qué hacer? Fue así que la prevención se instaló como tema. "La gente tiene que entender que estas cosas pueden pasar y que cada uno es responsable de su vida también. Hay personas que se tiran a cruzar ríos que están desbordados", sostuvo Madeleine Renom, profesora del Departamento de Ciencias de la Atmósfera de la Udelar, quien apuntó que el Sinae viene mejorado a un ritmo muy rápido". "Cuando fue el tornado de Dolores en 2012 sacamos un informe diciendo que Uruguay estaba en una región de tornados y no es que eso haya cambiado en 2016. Es un poco la idiosincrasia del uruguayo, el acá no pasa nada", agregó.

Meteorólogo, se busca: egresan solo diez profesionales por año.

Un aspecto señalado una y otra vez en las carencias de la meteorología uruguaya es la falta de recursos humanos y la falta de capacitación en el Inumet.

A nivel de técnicos existe la formación del Inumet y la del Observatorio del Colegio Pío, que comenzó el año pasado, ambas de tres años de duración. De acuerdo a Mario Bidegain, asesor del Inumet, hace falta que los profesores tengan una capacitación continua y más egresados, que han disminuido en los últimos años. En la actualidad egresan unos diez por generación, aunque la mayoría estudia sólo el primer año, que los califica para ser observadores meteorológicos. "El gran problema es que muchos no han conseguido trabajo. Hay un desconocimiento de los empleadores. Se entiende que el meteorólogo sirve solo para dar el pronóstico del tiempo", sostuvo Bidegain.

En el ámbito universitario existe la Licenciatura de Ciencias de la Atmósfera, que se cursa durante cuatro años en la Facultad de Ciencias de la Udelar. Madeleine Renom es una de las pocas profesionales de esta disciplina en el país, y una de las dos únicas egresadas de la carrera hasta su cierre de inscripciones en 1996. La gran tormenta que afectó el sur del país en 2005 sacudió el avispero de las autoridades, que consideraron pertinente volver a abrir la carrera, aprobada en 2007. La licenciatura ha dado cuatro nuevos egresados, los cuales han podido insertarse en lo suyo. Renom explicó que la falta de un mayor número de alumnos que finalicen tiene que ver con que los estudiantes llegan sin entender que las ciencias de la atmósfera son física aplicada.

"En secundaria uno ve meteorología en materias como geografía, pero muy difícilmente un estudiante que hizo un sexto científico o de ingeniería piense en la meteorología como carrera", destacó. En la materia de física en secundaria no se imparte nada de Ciencias de la Atmósfera, aunque de acuerdo al profesor de esta materia Alejandro González, sí se encuentra este tipo de contenidos en libros de las primeras décadas del siglo pasado.

Renom destacó que en Uruguay la licenciatura es nueva pero en la Universidad de Buenos Aires (UBA), donde hizo su doctorado, tiene unos 50 años. "En Brasil estamos hablando de otra cosa porque hay muchas universidades con posgrados, maestrías, con varios centros específicos". La investigadora, quien considera que la meteorología en Uruguay sufre una degradación desde hace décadas, explicó que una forma de estimular la llegada de alumnos es otorgar becas de grado para Ciencias de la Atmósfera, como hace la UBA. "Así te asegurás cinco por año, que van a hacer su mayor esfuerzo porque están cobrando un sueldo".

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