EDITORIAL

Trabajar Montevideo

Pasan los ciclos electorales con triunfos del Frente Amplio nacionales y capitalinos, y siempre la conclusión de la oposición termina siendo la misma: para vencer se precisa trabajar mejor Montevideo. Hecho el diagnóstico, cada uno se va para su casa y se abandona el trabajo metódico, constante, con importantes recursos logísticos, humanos y políticos al servicio de ganar peso en esa votación de Montevideo.

Es cierto que en 2015 la Concertación logró ganar en dos municipios, uno de ellos el más poblado de la capital, que permitirá exponer cierta capacidad de gestión local y mostrar a nuevos dirigentes. Pero, de forma general, ocurre que durante cuatro años Montevideo se queda sin referentes relevantes de los partidos de oposición, reconocidos como tales por la ciudadanía, y capaces de afirmar sus liderazgos convenciendo de que es posible una alternativa política real al Frente Amplio.

El surgimiento de Novick pareció, por un momento, remediar ese problema. Su campaña fue en base a mejorar la gestión. A ella le sumó su promesa de quedarse a trabajar por los montevideanos independientemente del resultado que obtuviera en mayo de 2015, y con eso ilusionó sobre todo a muchos blancos y colorados que decidieron votar por sus listas. Infelizmente, pocos meses más tarde su ambición lo llevó a cometer errores conocidos. Conservó sí cierto liderazgo capitalino entre muchos ediles que lo acompañaron en mayo, pero dividió a la Concertación. Lo más grave es que inició un camino sin retorno hacia un protagonismo nacional que lo hará abandonar el papel de referente de la oposición capaz de ganar peso electoral donde más se precisa: en las zonas populares de la capital.

Porque lo que hay que tener presente es que el Frente Amplio no es electoralmente fuerte por igual en todo Montevideo. En prácticamente toda la costa este de la capital, es decir, en los barrios de mayor nivel socioeconómico, en realidad la izquierda perdió frente a la Concertación en mayo de 2015. En algunos casos, como en Pocitos y Punta Carretas, fue por paliza: 58% de la Concertación contra 32% del Frente Amplio. También en barrios de clase media, como Centro (48% contra 41%) o Parque Rodó (46,5% contra 41,5%), los montevideanos votaron mayoritariamente a la Concertación. Pero el Frente Amplio ganó holgadamente las elecciones, sobre todo con el apoyo en los barrios periféricos de menor poder adquisitivo de la ciudad. Ganó en Malvín Norte, pero también en Cerrito, Marconi y Joanicó. Y una de sus mayores diferencias la obtuvo en la zona de Cerro Norte, Cerro y Casabó, con el 64% de votos contra el 22% que logró la Concertación.

Como estos resultados son similares a lo que ocurre cuando se vota en lo nacional, la conclusión electoral es clara y categórica: sin un mayor involucramiento político de los partidos de oposición en los barrios populares, el triunfo será imposible.

Escribirlo es fácil. El problema es hacerlo, y hacerlo bien. Porque con una sociedad completamente fracturada el discurso político que permite ganar en Trouville o Villa Biarritz no es, ni por asomo, el que asegura mejorar la votación en Cerro o Casabó. Es justamente por esa complejidad que se precisa que trabajen liderazgos políticos fuertes y de largo plazo, y además con estructuras partidarias que den sustento inteligente a esa labor. De otra forma todo quedará más o menos en lo de siempre, y la principal circunscripción electoral del país seguirá siendo bastión de la izquierda.

Para que se asienten esos liderazgos políticos montevideanos fuertes, los liderazgos partidarios nacionales tienen que tener un gesto de generosidad. Se trata de permitir que ganen protagonismo dirigentes de la capital que tienen un potencial de votos muy importante. Eso implica que pueden llegar a ser rivales en un futuro porque, como en el caso de Novick, votar bien en Montevideo hace creer a muchos que se transforman automáticamente en figuras nacionales. Esa generosidad precisa entonces de una contrapartida semejante de la dirigencia capitalina, que es el compromiso de concentrar sus esfuerzos solamente en Montevideo.

Alguien puede pensar que todo esto es muy teórico y hasta ingenuo, porque implica pactos y estrategias de largo plazo entre políticos, por definición ambiciosos, que compiten entre ellos y que pueden traicionarse o cambiar de opinión rápidamente. El problema para todos ellos es que si siguen así y se mantiene todo como está, ninguno ganará ni en Montevideo ni en lo nacional. Si quieren ganar de verdad, tendrán que cambiar en serio.

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