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El muro y el sótano

En Alemania ya han comenzado los festejos evocativos por los 25 años de la caída del muro de Berlín. Con aquella caída se desmoronaba la odiosa frontera que había dividido a Alemania durante 28 años, colocando de un lado a una democracia próspera y del otro, a una tiranía pauperizante. En forma paradójica llamadas, la primera, República Federal y la segunda, República Democrática.

En Alemania ya han comenzado los festejos evocativos por los 25 años de la caída del muro de Berlín. Con aquella caída se desmoronaba la odiosa frontera que había dividido a Alemania durante 28 años, colocando de un lado a una democracia próspera y del otro, a una tiranía pauperizante. En forma paradójica llamadas, la primera, República Federal y la segunda, República Democrática.

En la misma noche de aquel 9 de noviembre de 1989, miles de ciudadanos de la República Democrática de Alemania se trasladaron rápidamente hacia Berlín Occidental. Los soldados de la RDA, a pesar de no haber recibido órdenes, abrieron los pasos de frontera y personas que en muchos casos nunca se habían visto, se abrazaban y lloraban, celebrando espontáneamente aquel símbolo del final de la opresión.

El presidente de honor del Partido Socialdemócrata alemán, Willy Brandt, que durante la división fue alcalde de la parte occidental de la ciudad, a la mañana del día siguiente anunció: “ahora se une lo que es un todo”.

Este acontecimiento había sido precedido por manifestaciones enormes y fugas masivas de alemanes orientales hacia Occidente. Iba quedando en evidencia que la dictadura marxista ya no estaba lo suficientemente fuerte como para seguir reprimiendo y asesinando, como otrora, a quienes deseaban la libertad.

Once meses más tarde Alemania se reunificó y se fue abriendo paso una democratización de los demás países del Este mientras que el gobierno soviético de Gorbachov renunciaba a su hegemonía sobre el bloque.

Comenzaba una nueva era que, a pesar de los tropiezos sufridos al comienzo, ha sido en general beneficiosa para todos los territorios liberados. En estos momentos allí se evocan con alegría estos primeros cinco lustros de aquellas jornadas en que los berlineses tumbaron, piedra a piedra, la ominosa muralla. Un acontecimiento emocionante, feliz, que tiene que ser recordad con júbilo a lo largo y a lo ancho del mundo. Especialmente allí donde aun quedan bolsones de despotismo. Bolsones asombrosos no sólo para todos esos europeos liberados. Bolsones como los de Cuba o Corea del Norte. También donde sin llegar al despotismo, utilizan las instituciones democráticas para brindar amparo a sueños marxistas-leninistas. Como acontece notoriamente en varios países americanos.

Esto último es particularmente perceptible en Uruguay, donde se van acercando decisivas elecciones en las que la coalición de izquierda gobernante, integrada por comunistas, tupamaros y otros sectores, intentará mantenerse en el poder. Un poder que infiltra la sociedad con mensajes lamentables como el que seguramente se emitirá a partir de la recientemente anunciada museización de la mal llamada “cárcel del pueblo”. Un inmueble en cuyos sótanos, subversivos violentos que aun hoy figuran en puestos oficiales de importancia martirizaron inocentes, violando sus derechos humanos, hasta que fueron detenidos.

Quienes hoy viajan a Alemania pueden ver de cerca los restos de los instrumentos liberticidas del gobierno comunista caído poco después del derrumbamiento del muro. Ojalá que en nuestro país próximamente queden sin apoyo quienes detentan los restos de los instrumentos utilizados por tupamaros y otros grupos análogos, con el fin de terminar con la democracia.

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