Tomás Linn
Tomás Linn

TLC con Chile sale

El Tratado de Libre Comercio con Chile sale. Los votos en el Parlamento están. Lo único que hace falta hacer es pedir la votación y aprobarlo.

Y si por algún motivo no llega a salir, será a causa de una exclusiva y tremenda irresponsabilidad por parte del presidente de la república, Tabaré Vázquez.

Desde el momento en que asumió su segunda presidencia, Vázquez mostró decidido interés en lograr este tratado y contó para ello con el apoyo irrestricto de su canciller, Rodolfo Nin Novoa, y de un ministerio que trabajó en forma decidida en esa dirección. Desde un comienzo el presidente entendió la importancia de este tratado para el país y lo necesario que era desplegar una estrategia de apertura comercial, también en otras áreas, que rompiera con su aislamiento y algunas de las trampas en que lo encerró el Mercosur.

Además sabía que la aprobación de este acuerdo, por una especie de "efecto dominó" permitiría que Uruguay se acercara a otras regiones del mundo y también ahí trabajar mejores acuerdos de intercambio para el futuro. Básicamente le importaba arrimarse a la Alianza del Pacífico.

Ese ha sido su afán. Trabajó por ello con dedicación. La cancillería se alineó con él sin fisuras. A diferencia de lo ocurrido durante su primera presidencia, cuando sus objetivos eran unos pero los de su entonces ministro de Relaciones Exteriores eran los opuestos, acá hubo afinidad de visiones.

En cada foro público, en cada encuentro al que es invitado para disertar sobre su gestión, Nin Novoa hace una encendida y sólida defensa de un trabajo profesional y serio de la cancillería para fortalecer al país en el libre intercambio comercial.

El problema es que no todo el Frente Amplio lo acompaña. Los comunistas, algunos socialistas, la gente de Constanza Moreira y en líneas generales el MPP, traban todo tipo de tratado de libre comercio (TLC) que se discuta con quien sea, por el solo hecho de serlo. Frenaron en su momento un TLC con Estados Unidos, que para Vázquez era un tren que no se podía dejar pasar. Pasó.

También se negaron a avanzar con las iniciales negociaciones respecto al Acuerdo sobre el Comercio de Servicios (TISA, por sus siglas en inglés). No solo no quisieron el acuerdo, tampoco quisieron siquiera ver hasta dónde era posible negociar. Vázquez recién empezaba su segundo período y dio marcha atrás. En parte porque no entendía bien de que se trataba y en parte porque era una propuesta tomada por su antecesor José Mujica, que como en tantas otras cosas se entusiasmó con la iniciativa y con el mismo entusiasmo se desentendió de ella para evitarse dolores de cabeza.

Los sectores frentistas mencionados no aprueban este acuerdo firmado por los dos gobiernos y no quieren dar sus votos. Otros dilatan una discusión que arrancó hace más de dos años. Necesitan darse su tiempo, dicen, como si no hubieran tenido margen suficiente para hacerlo. Los argumentos en contra son los mismos de siempre, carentes de todo fundamento. Se apoyan en sus dogmas, no en sus razones.

El presidente no tiene por qué esperar. El país menos. Hay otros sectores del Frente Amplio que están a favor del TLC y quieren votarlo. Que se jueguen. Aunque sea verdad que si los disidentes se pronuncian en contra, el resto por sí solo no consigue la mayoría.

Sin embargo, con los votos de la oposición el tratado sale. No hay que esperar nada. El Partido Nacional ya le dijo clarito al presidente que contara con él. Los demás grupos opositores no se pondrán en contra. Por lo tanto, no hay mucho que discutir. Si están los votos, el TLC sale. Qué salga, pues.

Si este fue uno de los grandes objetivos de Vázquez, si puso todo su esfuerzo para lograrlo, si la cancillería trabajó denodadamente para ello, el presidente no puede darse el lujo de una nueva derrota, de otra marcha atrás, de un golpe infligido desde adentro por su propia bancada. No es así como se pasa a la historia, no es así como se gobierna.

Ahora está en juego su talla como gobernante, su prestigio como presidente, su capacidad como político.

Por lo tanto, si algunos legisladores frentistas no quieren dar sus votos, o más mezquinamente aún, quieren darle largas al asunto, que los otros respondan con la altura que exige la situación. Es el país quien necesita este tratado, es su gente, no la barrita del MPP o los amigos de Constanza Moreira. Se trata de algo más grande que ellos. Vázquez no contará con el apoyo de sus díscolos socios en el gobierno. Pero están los otros.

No es por generosidad que los blancos decidieron votar el TLC. Simplemente saben que es bueno y necesario aprobarlo. No le hacen un favor a Vázquez al arrimar esos necesarios votos, se lo hacen a los uruguayos que mucho necesitan abrirse al mundo.

No hay alternativas. Vázquez siempre quiso este acuerdo y se jugó todo por él. Tiene los votos. Que no le de más vueltas al asunto; que evite innecesarias dilaciones y se juegue.

Saldrá muy bien parado.

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