Ricardo Reilly Salaverri
Ricardo Reilly Salaverri

Diplomacia y conjura

Da tranquilidad advertir -en tiempo de aguas embravecida que sustituyen al viento de cola de años pasados en materia económica y social- un cambio de orientación gubernamental.

Da tranquilidad advertir -en tiempo de aguas embravecida que sustituyen al viento de cola de años pasados en materia económica y social- un cambio de orientación gubernamental.

Aludo a la política internacional de la república. Especialmente en tiempos de cambios avasallantes y constantes, en relación con las políticas cambiarias, la alteración de los mercados y los precios, y la innovación científica y tecnológica de continuidad exponencial. Hay asuntos que deben ser tema de toda la ciudadanía y en lo alto de personas, con vocación dirigente y asesoramiento especializado y abierto. Aludimos a materias que tienen fuerte contenido nacional y supra partidario.

Cuando el Presidente Luis Lacalle Herrera, gestión de gobierno que integré personalmente, se vio enfrentado al propósito regional de instalar un mercado común impulsado exclusivamente por y para Argentina y Brasil, tomó la sartén por el mango. Intervino en la negociación por propia iniciativa, obtuvo la participación de Paraguay y consultó a todos los partidos políticos y organizaciones gremiales de empleadores y trabajadores, pidiéndoles opinión y consentimiento. Porque estos temas gravitan en la vida de toda la gente y además, en las generaciones futuras. Que son nuestros hijos y nuestros nietos.

Hubo unanimidad nacional en aceptar el Tratado de Asunción (1991)y, previsto como un acuerdo comercial y esencialmente económico, tuvo una primera instancia de suceso, hasta el empantanamiento (2006) que llega al tiempo actual, y su transformación en una farsa política con la integración al proyecto del liberticida del gobierno de Venezuela (es inolvidable la “cancillería” de Gargano opuesta a un acuerdo de libre comercio con Estados Unidos, en aras de “más y mejor Mercosur”).

En esta relación de hechos, al día de hoy se llega al TISA. El acrónimo en inglés significa “Trade in Services Agreement” y constituye en definitiva un acuerdo entre estados, tendiente a facilitar el intercambio de inversiones y prestaciones de servicios.

En economía -dicho simplemente- se distinguen: la producción de materias primas (como por ejemplo la extracción del cobre); de la industrialización de las mismas que implica su transformación en bienes manufacturados que van al mercado o a nuevos procesos de elaboración; del comercio que es intermediación entre la oferta y la demanda de bienes; de los servicios. Estos últimos sirven a quienes les usan, y a cambio de su prestación hay un precio a cobrar y pagar.

Si bien pueden haber zonas grises, porque la calificación de alguna actividad es dudosa; como ilustración citaremos casos diversos de servicios: hoteles, restoranes, transporte de personas o de carga por tierra, mar o aire, turismo en general, telecomunicaciones, bancos, actividad financiera, seguros, inmobiliarias, servicio de profesionales universitarios etc.

La Organización de Comercio Internacional organismo mundial dedicado al comercio, promueve la iniciativa del TISA a la que están integrados 24 países que encabezan Estados Unidos y la Unión Europea, considerados cada uno como un país, y otros de relevancia. Uruguay se integró al proyecto. Que es solo eso. Se discutirá. Se concretará o no, lo ratificaremos o no, y es... lo que hay.

La conjura de los necios ya se rasga las vestiduras. Hijos de Stalin, Castro y bolivarianos por hábito están en contra. No saben de qué.

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