Martín Aguirre
Martín Aguirre

La FIFA, el Fondes y el show

FIFA, devolvé el fútbol”. El cartel, uno de los tantos que se alzaban en el estadio brasileño donde Uruguay jugaba su primer partido tras la suspensión de Suárez, era tanto una muestra del sentimiento generalizado hacia el organismo, como de la agudeza del ingenio popular. Como cuando en pleno debate por el tema de la marihuana, una pared montevideana exigía “Mujica, legalizá la yerba”.

FIFA, devolvé el fútbol”. El cartel, uno de los tantos que se alzaban en el estadio brasileño donde Uruguay jugaba su primer partido tras la suspensión de Suárez, era tanto una muestra del sentimiento generalizado hacia el organismo, como de la agudeza del ingenio popular. Como cuando en pleno debate por el tema de la marihuana, una pared montevideana exigía “Mujica, legalizá la yerba”.

Pero la yerba siguió subiendo, Suárez sigue suspendido y Blatter continúa al frente de la FIFA. Aunque el escándalo desatado en estos días, con la prisión de varios capitostes del fútbol mundial, alienta la esperanza de cambios que lleven mayor transparencia al deporte favorito de casi todos. De hecho ya ha conseguido el milagro que ni siquiera logró la furia nacional por la sanción a Suárez y las décadas de injusticias y manoseos: que los dirigentes del fútbol uruguayo hayan tenido un rapto de dignidad y no votaran a Blatter.

Una cosa que llamativamente nadie se ha preguntado hasta ahora es si en un organismo que al parecer estaba tan podrido por la corrupción, la misma solo se limitaba a la designación de sedes, y nunca afectó a los resultados deportivos. La lista de hechos sospechosos se agolpan en la memoria, pero se trata de una caja de Pandora que más vale ni abrir.

Ahora bien, la oleada de transparencia que parece agitar al deporte rey de los uruguayos, no llega ni por contagio al sistema político. Esta semana, por ejemplo, se supo que la bancada del Frente Amplio se negó a votar la creación de una comisión parlamentaria que investigue las denuncias sobre el Fondes. Según el diputado Asti, la creación de la misma sería un “show mediático”. Exactamente el mismo término usado por su partido durante las últimas campañas electorales para clausurar la posibilidad de un debate entre los candidatos a la Presidencia.

En favor de Asti hay que decir que las denuncias en torno al Fondes no son la cosa más escandalosa que haya visto el Parlamento en los últimos años. Pero esa actitud refractaria a toda investigación pública, es la misma que ha seguido el Frente Amplio en temas bastantes más serios.

Por ejemplo en el caso de Pluna, que terminó siendo el escándalo político más grave de la última década. Por ejemplo en el caso de la cuentas de Ancap, su telenovelístico balance, y las pérdidas millonarias del ente público. También en el caso de los Casinos municipales, en el tema del agua potable, en el tema de aquellas municiones que vinieron de contrabando nada menos que en el Capitán Miranda. De hecho un repaso a la ligera no aporta un solo caso en una década de gobierno que haya ameritado que el oficialismo habilite una instancia de investigación abierta de este tipo.

Esta actitud se repite de manera implacable a la hora de dar información a la opinión pública. De hecho, cada pedido de información hecho al Estado en estos años, siempre ha sido contestado o con la negativa, o con chicanas dilatantes. Es recordado el caso de los datos sobre la repetición en Secundaria, que solo El País consiguió divulgar tras meses de lucha judicial contra las autoridades que afirmaban que la ciudadanía no debía conocerlas.

En estos días se supo que otro trámite semejante hecho por un grupo de ciudadanos para saber los gastos realizados por la comisión que impulsa la creación del mítico puerto de aguas profundas, fue rechazado por la Corporación Nacional para el Desarrollo. Lo mismo pasó con otro reclamo acerca del proyecto Aratirí. Lo mismo pasó con el sistema de espionaje “El Guardián” impulsado por el Ministerio del Interior, y tantos otros casos.

Volviendo al tema de la FIFA, algunos de los comentarios que aparecieron en estos días trataban sobre lo extraño de que uno de los pocos países que no tiene al fútbol como pasión, sea el que impulsa esta causa. Y hasta los más críticos con el “imperialismo yanki” reconocían que ahí hay cosas relativas a la transparencia y al manejo de la Justicia, que están años luz más adelantados que casi todo el resto del mundo. De hecho, las comisiones parlamentarias allí han permitido develar escándalos desde el Irán-Contras hasta Enron, muchas veces incluso perjudicando al partido en control del Parlamento. Es más, suele pasar que legisladores del partido oficialista son los más duros inquisidores de su propio gobierno.

Sin embargo en Uruguay eso es impensable. Parece haber una convicción de que la gente no merece o no está capacitada para manejar cierta información. Que todo debe ser secreto y opaco. Y que cualquier debate público sobre temas serios y profundos, ya sean las cuentas de Ancap o los planes de gobierno de alguien que aspira a ser presidente, equivale a un “show mediático”. No parece que las luces de un show de este tipo puedan ser peores para una sociedad que vivir en el secreto y la oscuridad.

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