Joaquín Secco García
Joaquín Secco García

Unos van y otros vienen

El mundo no termina de acomodarse. China, Brasil y Rusia que hasta hace poco marcaban el paso de la economía global, entraron en problemas que aun podrán agravarse antes de que empiecen a mejorar. Europa que había superado los riesgos financieros mas urgentes, no termina de consolidar un crecimiento sostenido.

El mundo no termina de acomodarse. China, Brasil y Rusia que hasta hace poco marcaban el paso de la economía global, entraron en problemas que aun podrán agravarse antes de que empiecen a mejorar. Europa que había superado los riesgos financieros mas urgentes, no termina de consolidar un crecimiento sostenido.

Japón entró en la quinta recesión en siete años contagiando su debilidad a la región de Asia Pacífico. En AL se ha terminado la fiesta. Los países mas dispendiosos se ven amenazados por las mismas enfermedades de siempre: inflación, recesión, déficit fiscal y de balanza de pagos, endeudamiento, desempleo e imposibilidad de sostener las políticas sociales. Se salvan de la mala nota EEUU, la India y un conjunto de países cuyas economías están ligadas a mercados mas dinámicos y han sabido implementar políticas de competitividad.

Lo que cruza transversalmente todos los meridianos es el debilitamiento de las materias primas en buena medida asociado al fortalecimiento del dólar. El contexto global debilita los precios de nuestras exportaciones, afectando la producción, el ingreso y el empleo en las principales cadenas. A diferencia de lo que ocurre en países capaces de implementar políticas desarrollistas, nuestros costos no son flexibles a la baja. Entre otras explicaciones porque el BCU emplea el tipo de cambio como instrumento anti inflacionario, el excesivo gasto improductivo del estado, las tarifas públicas que se emplean como instrumento de recaudación, los salarios de las corporaciones mas activas que crecen por encima de la productividad, la pésima gestión de las empresas públicas o el tratamiento ideológico del acceso a mercados que nos excluye de las mejores oportunidades. Si a ello se suma la inseguridad, las deficiencias de infraestructura y de formación de capital humano se completa un marco adverso a la prosperidad al empleo y al salario.

A largo plazo estas razones han inhibido la diversificación de la producción y de las exportaciones, han frenado la productividad y la calificación del empleo y en definitiva han desvalorizado la remuneración al trabajo nacional. Nuestras exportaciones en sus tres cuartas partes provienen del campo. Su competitividad se hace posible por el aporte del sol, la tierra y la lluvia que neutralizan el contexto adverso construido por las políticas públicas. En cambio para ser exitosos en la industria y los servicios se depende esencialmente del conocimiento, la experiencia y la organización. En esta materia hay que superar la pesada carga del “costo país”.

Con precios descendentes y costos inflexibles a la baja, el negocio del campo se ha deteriorado fuertemente. Como pasa en cualquier actividad, aun con rentabilidades negativas, los productores son rehenes de sus recursos productivos y se ven obligados a mantener el negocio abierto lo que explica la moderación de la caída de la producción a pesar de la baja de los valores. El dinamismo no se recuperará antes que mejore el contexto global y las políticas locales.

Las expectativas nacidas en la campaña electoral y en las primeras semanas del gobierno, crearon optimismo acerca de un manejo inteligente y progresista de las dificultades. Sin embargo, el gobierno perdió siempre frente al ala radical que bloqueó el camino hacia estrategias capaces de sostener el crecimiento. Inevitablemente perderán los mas desafortunados.

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