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Hernán Bonilla

¿Qué es un liberal?

Muchas veces en el entrevero del debate de ideas se dan por supuestas algunas definiciones sobre las que en realidad las personas tienen distintas acepciones. Un caso típico, y el que nos incumbe, es qué entendemos por liberal.

Muchas veces en el entrevero del debate de ideas se dan por supuestas algunas definiciones sobre las que en realidad las personas tienen distintas acepciones. Un caso típico, y el que nos incumbe, es qué entendemos por liberal.

Una constatación inicial es que nada tiene que ver el liberalismo con el “neoliberalismo” que es un invento de la izquierda para deslegitimar adversarios sin ningún contenido y sin posible respuesta ya que no existen los neoliberales. Así como para demostrar que existen los marcianos habría al menos que encontrar a uno, deberíamos hallar a un “neoliberal” para afirmar que son reales.

Y la razón por la que nunca apareció es sencillamente porque el “neoliberalismo” no existe. Es la caja de Pandora que los socialistas han inventado para colocar todo lo que ellos y cualquier ser humano bien nacido encuentra despreciable, como la corrupción, el desinterés por el prójimo, la maldad intrínseca, entre otras cualidades.

Una dificultad, más seria, consiste en las distintas interpretaciones que tiene la misma palabra liberal en distintos contextos de espacio y tiempo. Nuestra definición es la de aquellas personas que le otorgan a la Libertad un lugar preferente en el orden de sus valores, por encima de otros por cierto también apreciables. Esa libertad debe entenderse como ausencia de coerción arbitraria sobre el proyecto de vida de cada persona en la medida que no afecte derechos de otros. A su vez esa coerción debe ser la mínima posible, y solo ejercerse a efectos de asegurar un orden institucional estable basado en un Estado de Derecho con reglas universales, de aplicación general y conocidas de antemano.

A diferencia de lo que piensan conservadores y socialistas, para los liberales la Libertad que merece escribirse con mayúscula es una e indivisible. En efecto, incluye necesariamente la libertad política y la económica ya que defiende la democracia como forma de gobierno así como la necesidad de que cada persona pueda disponer libremente de sus bienes para seguir los fines que desee. El vínculo entre ambas libertades es evidente ya que la exclusión política pone en riesgo la libertad económica y la ausencia de libertad económica impide la participación libre en el proceso político.

Otro aspecto para distinguirlo de otras visiones, es que para los liberales, dentro del marco institucional reseñado, el futuro es impredecible y producto del orden espontáneo que es resultado de la acción pero no del designio de los hombres. De allí su rechazo a la idea de “modelos de país” o cualquier limitación a las infinitas posibilidades de surgen del acuerdo voluntario entre las personas.

Los socialistas creen que la realidad puede moldearse al antojo de sus divagues, despreciando la tradición, que es fuente de información indispensable sobre la forma en que los seres humanos fueron resolviendo sus dificultades y los derechos de las personas, que para los liberales son naturales e inviolables. Así han llevado a algunas sociedades a los más horrendos crímenes del siglo XX.

A su vez los conservadores son adversos al cambio per se, por eso lo resisten y son una fuerza retardataria. No son capaces de definir un rumbo más allá de aferrarse a lo que ya fue, sin concebir que el futuro puede ser (y seguramente será) distinto.

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