LAVA JATO

Moro, el juez que hace temblar al poder en Brasil y define suerte de Lula

El expresidente de Brasil declara hoy ante el Juez por la mega causa de corrupción del Lava Jato.

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Sergio Moro. Foto Reuters

Un cruzado que quiere rescatar a Brasil de la corrupción endémica o un puritano que criminalizó la política: el juez Sergio Moro llegará este miércoles a la última frontera de su investigación sobre el poder, el expresidente Lula.

Con su decisión de sentar al histórico líder de la izquierda en el banquillo de los acusados por corrupción, el temido magistrado suma el capítulo más trascendente de una saga que empezó hace más de tres años con la apertura de la Operación Lava Jato, un caso que recaló en su fuerte judicial de Curitiba (Paraná, sur).

Desde entonces, su estrella creció al ritmo de las escandalosas prácticas que fueron reveladas por su juzgado acerca del multimillonario fraude que desangró a la estatal Petrobras y que se convirtió en la mayor investigación sobre la corrupción en la historia.

En sus redes han caído desde exdirectivos de la petrolera a los dueños de las mayores constructoras del país, pasando por políticos de alto y bajo calibre en movimientos que poco a poco estrecharon el cerco sobre una de las figuras intocables de la política latinoamericana.

Moro ordenó a la policía irrumpir en la casa de Lula el 4 de marzo del 2016 para llevarlo a declarar por la fuerza en Sao Paulo y ese mismo mes divulgó una conversación entre el exmandatario y su sucesora, Dilma Rousseff (2011-2016), que sugería que buscaba nombrarlo ministro para darle fueros que lo protegieran de la justicia ordinaria.

Lula juró en su nuevo cargo, pero nunca pudo asumir. La corte suprema lo bloqueó tras conocerse el audio, pero la legalidad de su decisión fue duramente cuestionada.

"Yo, sinceramente, estoy asustado con la República de Curitiba. Porque a partir de un juez de primera instancia todo puede ocurrir en este país", afirmó Lula en una conversación telefónica pinchada, y difundida, con autorización del propio magistrado.

Irónicamente, esa frase transformó a la ciudad sureña, donde este miércoles estarán frente a frente, en sinónimo de justicia para quienes apoyan la causa y antagonizan con Lula.

'Manos Limpias'

Moro nació hace 44 años en la ciudad paranaense de Maringá y allí se licenció en derecho y se convirtió en juez en 1996. Doctor y profesor universitario, completó su formación en la prestigiosa Harvard.

Admirado por muchos de sus pares, que lo definen como un juez rápido para decidir, preparado y resuelto.

Sus detractores, en cambio, lo juzgan abusivo en el uso de las prisiones preventivas y lo suficientemente politizado como para pretender anular a Lula como candidato presidencial para 2018, carrera que lidera holgadamente según todos los sondeos.

"Moro instituyó la prisión preventiva como regla, cuando en cualquier país civilizado es la excepción", criticó tiempo atrás el abogado Antonio Carlos de Almeida, defensor de varios implicados en el fraude de la petrolera estatal.

En las últimas semanas, la Operación Lava Jato sufrió sus mayores reveses con la liberación de grandes figuras condenadas por Moro, como el exjefe de Gabinete de Lula, José Dirceu, por parte de la corte suprema, que consideró que la prisión solo podría ser efectiva al confirmarse en un proceso de apelación.

Pero el magistrado estudioso de la histórica operación 'Mani Pulite' [manos limpias], que desarticuló una compleja red de corrupción en la Italia de los 90, optó por no comentar esas decisiones y se remitió a pedir a quienes apoyan a la Operación Lava Jato que se abstengan de viajar a Curitiba, para no alimentar la intención de Lula y sus partidarios de "transformar un acto normal del proceso penal (...) en un evento político-partidario".

Declaración

Lula responderá los cuestionamientos de Moro sobre un caso que investiga si recibió un apartamento tríplex de lujo en un balneario de Sao Paulo de manos de la constructora OAS, sumergida en el escándalo de sobornos en Petrobras, a cambio de "ventajas indebidas", según la definición judicial.

La sentencia se conocerá entre 45 y 60 días después y sería la primera ligada al exmandatario en el marco de la Operación Lava Jato, que desvendó un fraude de más de 2.000 millones de dólares en la petrolera estatal.

De acuerdo con las leyes brasileñas, Lula no podría postularse si una eventual condena es ratificada en segunda instancia, que según los plazos habituales del tribunal en el estado de Paraná, es un proceso que suele insumir un año.

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