“Comerciantes y vecinos se mudan porque ya no soportan la situación

"Mi casa fue asaltada, saqueada y quemada"

Un comerciante que trabaja en el Cordón pero vive en la calle Convención, Pedro José Etchegaray, comentó a El País que en la cuadra tugurizada, con los primeros fríos, quienes viven a la intemperie prenden fuego todo, desde un sillón a un árbol.

El eterno femenino de una imaginativa pintora
Alero de un depósito abandonado después de varios robos fue convertido en vivienda.

"Compré el apartamento en 1984; conozco toda la historia; al lado había un conventillo, donde vivía gente humilde, pero de bien. A mediados de la década de 1990, ese lugar fue tomado por reducidores, arrebatadores y vendedores de droga. Entre 1997 y 2001 presenté 36 denuncias. Mi apartamento fue asaltado, saqueado por la ventana y prendido fuego. Recién después del asesinato del mozo de Fun Fun en enero de 2009, se pudo sacar a toda aquella gente, y se tapió el lugar. Ahora tenemos a estos tipos que duermen en el alero de un depósito abandonado. Son unos fenómenos tirando para arriba las mochilas, para que no se las roben otros. Eso sí, si les piden que vayan a levantar bolsas de portland, no van agarrar viaje. Eso ya es como un emprendimiento edilicio externo. Ahí duermen hasta diez tipos, que así no están al alcance de la policía, o se la complican. Y si llueve hasta ponen carpas. Un día se van a matar; capaz que ahí alguien dice: ¡Pah, qué tragedia! Y hacen algo. No cualquiera sube ahí, hay que dejar algo a cambio, haber hecho la comida por ejemplo".

Música y medios.

Etchegaray denuncia que entre las 10:00 de la noche y las tres de la madrugada, hasta fiestas de karaoke se arman en la cuadra. "Es una tierra de nadie, un relajo. La policía se ha llevado a algún vecino que tuvo algún problema. Porque la violencia que uno puede tener que ejercer con esta gente para que entienda, porque por ahí pasan sus códigos, está penada por la ley. Y la violencia que sistemáticamente esta gente está ejerciendo con todos los vecinos, esa no, está justificada porque son indigentes, que teóricamente no tienen cultura ni medios ni nada. Hay medio centenar de individuos que saben todo de las vidas de quienes vivimos en el barrio, saben qué hacemos, a qué ho-ra venimos, y nos lo dicen, saben cuándo salimos de vacaciones, cuándo no estamos, qué vehículo tiene ca-da uno, y además amedrentan a la gente de edad, imponiéndose físicamente. En la esquina está también Santa Rosa Automotores, que sufre esta realidad, al punto que se están mudando a cuatro cuadras. Todas las propiedades están bajando de precio porque nadie quiere vivir en esta zona. No le interesa a nadie lo que está pasando. El portero del Mides, el policía, todos ven lo que veo yo. Y nadie viene a levantarlos, los dejan ahí, aunque cuando se vienen los fríos duros esa gente también la pasa mal en la calle".

Según Etchegaray, ni la Ley de Faltas es una herramienta útil: "no soy abogado pero me parece que está hecha con un espíritu no acorde a los tiempos que corren. Esta gente no tiene hábitos de trabajo, ¿qué le van a mandar hacer? Además, no hay recursos para que sea cumplida la ley. ¿A dónde los llevan?".

Entre otras medidas, los vecinos reclaman la colocación de cámaras de vigilancia, como se implementó en la calle paralela Río Branco. Calle Convención, Intendencia de Montevideo, Mides, indigentes, refugios, Puerta de Entrada al Mides.

SEGURIDAD.


Cámaras de Río Branco: un ejemplo a reproducir.


Quienes han efectuado denuncias en la Seccional Tercera, dicen que los policías ya están fastidiados por los continuos reclamos. Responden "enviaremos un móvil" y después del quinto llamado actúan para "tratar con enorme tacto y gentileza a esta gente de avería, que a veces se queda tranquila hasta que ven perderse al patrullero subiendo por Convención y girando a la izquierda por Paysandú", narró a El País el vecino Pedro Etchegaray.

Por eso piden cámaras de vigilancia como las de Río Branco, inauguradas el 10 de junio de 2014, en el tramo comprendido entre 18 de Julio y la Terminal de ómnibus metropolitanos o interdepartamentales.

Las cámaras tienen un respaldo de lentes de alta definición para el control de transeúntes y vecinos de la zona y cuentan con la capacidad de girar 360º.

La zona donde fueron instaladas es transitada a diario por miles de pasajeros, no solo de la capital sino del interior, que utilizan los servicios de transporte de la terminal y eran víctimas a diario de arrebatos efectuados sobre todo después de la puesta del sol, en muchos casos por barras de jóvenes en situación de calle.

Una modalidad reiterada de los delincuentes consistía en que mientras uno mendigaba dinero, otro sorprendía a la víctima por la espalda y le robaba la cartera o billetera.

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