Bronca y dolor en filas policiales por ejecución de un sargento por menores

Le otorgaron casa a familia del policía emboscado

El Instituto Nacional de Rehabilitación (INR) otorgará una vivienda de emergencia y apoyo psicológico a la familia del policía fallecido a tiros durante una emboscada efectuada el mediodía del viernes 7 en Santa Catalina.

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Mendoza llamó a policías a "guardar el dolor" y trabajar profesionalmente. Foto: E.Barreneche.

El policía asesinado, Marcos Melo Pérez (45) vivía con su familia en una zona del barrio Santa Catalina donde residen rapiñeros y personas de trabajo.

Después del sepelio de Melo Pérez, el INR le entregó una casa a la viuda y a los tres hijos de 20, 18 y 12 años, quienes no querían regresar al barrio por sufrir una intensa angustia y miedo a represalias por parte de familiares de los dos menores internados ayer en el INAU por el juez de Adolescentes, Allen Denby.

Uno de los menores fue derivado a un hogar como autor de un delito de homicidio especialmente agravado y el otro como autor. Uno de ellos confesó el crimen y el otro negó su participación. El policía recibió cuatro tiros de una pistola Glock que uno de los menores robó días atrás a un policía en el barrio Cerro Norte.

Fuentes del caso indicaron a El País que los dos adolescentes sabían que el policía se bajaba del ómnibus y se dirigía a su casa. Agregaron que lo mataron porque él los conocía y el objetivo del crimen era obtener una segunda pistola Glock.

Las investigaciones judiciales continúan.

Casa.

Además de entregarle una casa en forma provisoria a la familia del policía abatido, el Instituto Nacional de Rehabilitación iniciará un proceso legal que derivará en la entrega de una vivienda definitiva a la familia del policía abatido. Este proceso implica una investigación administrativa para determinar la causa de la muerte independiente de una resolución judicial. Como el policía iba uniformado, se considera que cayó en cumplimiento del deber.

Varios compañeros de trabajo de Melo Pérez se quejaron ayer que la Policía no tiene un plan de viviendas y ello los obliga a convivir con delincuentes en barrios carenciados.

El juez Denby y el fiscal Diego Pérez interrogaron en el Juzgado de Adolescentes a vecinos del policía ejecutado y todos coincidieron en que era una persona que no tenía problemas con nadie. También se desmintió que el policía hubiera denunciado a sus vecinos como trascendió.

Generó malestar en el funcionariado policial que los dos asesinos sean menores de edad. En forma solapada, en filas de la Policía se cuestiona al Frente Amplio por incentivar políticas que defienden los derechos humanos de los adolescentes y no establecer reglas claras para reprimirlos.

Este es el cuarto incidente en el año donde un policía es atacado por vivir en un barrio carenciado de Montevideo.

El primer caso fue el de una mujer policía en el barrio Casabó, que recibió un tiro en un ojo en el marco de una rapiña. El segundo involucró a un policía que fue atacado por una veintena de mujeres en el barrio Marconi, y mordido por un perro pitbull. El tercer caso fue protagonizado por un agente que recibió un disparo en un muslo y otro en una mano, en un intento de rapiña a una estación de servicio de Punta de Rieles.

Dolor.

Familiares y varias decenas de policías despidieron ayer los restos del sargento Melo Pérez que fueron sepultados en el Cementerio del Buceo con honores correspondientes a policías caídos en el ejercicio del deber. En el sepelio se vivieron escenas de dolor por parte de familiares.

El acto contó con la presencia del subdirector Nacional de Policía, Raúl Perdomo, el director nacional de la Guardia Republicana, Rovert Iroa, el director del Instituto Nacional de Rehabilitación, Luis Mendoza y el jefe de Policía de Montevideo, Mario Layera.

Un compañero del sargento abatido hizo una semblanza de su camarada narrando su buena disposición al trabajo —fue ejecutado después de cumplir su turno en el Comcar y realizar un servicio de 12 horas de 222— y su camaradería hacia colegas.

Luego, el director Mendoza, dijo que Melo Pérez fue un funcionario "ejemplar", "íntegro" y "honesto" durante 25 años de trabajo en cárceles. "Melo Pérez fue ultimado, asesinado por cobardes que lo sorprendieron. No lo dejaron defenderse. Murió por el uniforme, respetando el uniforme", advirtió Mendoza.

El jerarca llamó a los policías a "apretar los dientes", "guardar el dolor" y "ser profesionales" a la hora de cumplir el servicio penitenciario para "poder rehabilitar" a delincuentes como los asesinos de Melo Pérez.

Mendoza pidió a los policías carcelarios que "sigan luchando" para que los hijos de Marcos vivan en un "país en paz y mejor. Él dio la vida por eso".

Ascendió con esfuerzo, disciplina y concursos.

El sargento 1°, Marcos Melo Pérez era un "boina gris". Los "boina grises" se orgullecen de ser policías carcelarios. Sus compañeros señalaron que desde que ingresó en la antigua Dirección de Cárceles, Melo Pérez ascendió utilizando como argumentos la disciplina, el estudio y el esfuerzo. En el 2000 era agente de primera y custodiaba reclusos con "bonhomía" y "entereza". Después pasó por otros puestos en el Comcar: guardia externa y armero. También cumplió funciones en la guardia del Módulo 8 del Comcar. Realizaba el Servicio 222 en una financiera.

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