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Hombres siglo XXI

Nuevos hábitos y roles hablan para algunos expertos de una nueva masculinidad. ¿Hasta qué punto?

El eterno femenino de una imaginativa pintora
En la paternidad es el área donde los expertos dicen que hay más avances.

DÉBORAH FRIEDMANN

"Es que yo nunca cambié un pañal", dice Francisco. A sus sesenta años el flamante abuelo fantasea con cuidar por unas horas a su nieto, aún en el sanatorio, y se encuentra con este primer escollo. En los dos siguientes minutos de charla vendrán otros: tampoco preparó mamaderas y al mencionarle la palabra "bañarlo", queda claro que no es una tarea que le resulte familiar. Por suerte, enseguida aclara que quiere aprender a hacer todo eso y más. En la misma habitación, Franco, veinte años más joven y padre de dos hijos, sonríe. No solo cambia pañales, y asea a sus niños; también les cocina y los cuida antes de ir a trabajar.

Ambos son un buen ejemplo de cómo los roles del hombre han variado en las últimas décadas, con la actitud hacia la paternidad a la cabeza de las transformaciones, pero también, según investigadores del tema, con otra sensibilidad y un nuevo modo de relacionarse con sus pares y con su cuerpo. Algunos expertos hablan de nueva masculinidad o de nuevas masculinidades. Otros dicen que es un rótulo que le queda demasiado grande a un fenómeno aún no consolidado y que no atraviesa a toda la sociedad. Y varios advierten sobre problemas actuales relacionados con roles históricos. Lo cierto es que muchos de los hombres siglo XXI son muy distintos a sus padres y a sus abuelos y que, más o menos perceptibles o profundas, hay cuestiones que cambian.

¿Nueva virilidad?.

En este tema de pocas unanimidades, quizás hay una: los cambios de los varones vinieron detrás de las transformaciones de la mujer. "La revolución más dramática es la revolución de la mujer, la transformación de su rol. Como el género es relacional, la modificación de una categoría va a conllevar transformaciones en la otra y eso es lo que pasa con el modelo clásico y tradicional", afirma David Amorín, experto e investigador en género y masculinidad.

Walter Ghedin, psiquiatra y sexólogo argentino es contundente: "La virilidad ya no es la de antes", dice a Domingo. Se refiere a que el hombre "varonil", con emociones medidas, con una manera determinada de mirar, mover el cuerpo, hablar y conquistar, persiste en algunos medios; pero a su vez hay una virilidad más flexible, light, centrada en el cuidado personal, la autonomía, la sensibilidad y la seducción. Incluso, señala que cuando en los pedidos de trabajo solicitan "hombres con buena presencia", buscan a cualidades relacionadas con esta nueva masculinidad: simpatía, predisposición, capacidad de escucha y resolutiva, pensamiento abierto, cuidado personal y buen vestir.

Para este especialista, hay algunas características clave de estos hombres: dinamismo —sentir y transmitir sus aspectos más frágiles—, empatía y reciprocidad en las relaciones (desdibujándose los límites de género) y una apertura al nuevo conocimiento.

Esta masculinidad se instala primero en clases medias y acomodadas. "Todo comportamiento rudo, insensible, tosco, descuidado en su aspecto, con un lenguaje pobre, será visto como desubicado lo cual quiere decir por lo bajo desclasado. Las nuevas características del ser masculino son ahora una cuestión de estatus de clase", reflexiona Ghedin.

Es que en esto de la nueva masculinidad hay mucho de lo políticamente correcto. Es notorio como muchos hombres cambian de máscara según con quien se encuentren, permitiéndose ser emotivos, pasionales o reprimiendo las emociones. Puertas afuera está bien visto decirse partidario del matrimonio igualitario, de que las mujeres ganen terreno, contrario a cualquier manifestación de violencia, presentarse como un padre presente. "Pero hoy observamos déficits existentes a la hora de aplacar la violencia doméstica y el abuso contra niños y niñas y para instalar una clara política de cuidados que no pese solamente en los hombros de las mujeres", advierte Mónica De Martino, docente e investigadora de la Facultad de Ciencias Sociales.

Además, el imaginario cultural no termina de dejar atrás el mito de macho poderoso, que ofrece simbólicamente el suministro de asertividad, bravura y protección que no todos no están dispuestas a resignar, señala el psicólogo, sexólogo e investigador Ruben Campero. Eso corre tanto para varones como para mujeres. Expresiones como "hombres eran los de antes", que aún se escuchan, hablan justamente de una nostalgia hacia un modelo que, para muchos, es o debería ser parte del pasado.

"De todas maneras parece verse una tendencia en hombres de clase media con cierto grado de instrucción que apuestan por un modelo de vida más igualitario y que están dispuestos a hacer realmente una revisión de sus propias vidas privadas para no quedarse meramente en algo declarativo, como tantas veces ha ocurrido y sigue ocurriendo", agrega Campero.

Paternidad.

"Tu padre seguramente no hablaría de cambiarte los pañales y quizá hasta no jugaría contigo. El mundo hoy te exige ser un padre más presente al tiempo que te permite exteriorizar más tus sentimientos. Un duro a lo Humphrey Bogart ya no corre más", resume Gabriel, de 38 años y con una niña de cinco.

Es, justamente, en la paternidad, donde el cambio del rol del hombre se ve más claro y donde los expertos coinciden en que hubo transformaciones profundas. Pablo, de 32 y con una hija de dos años, comparte todas las actividades hogareñas con su mujer: desde lavar ropa o los platos hasta atender y jugar con su niña. "Ella esta re-acostumbrada a cocinar conmigo o ir al baño sin problemas".

Los hombres como Gabriel y Pablo son padres más sensibles, más presentes en la vida de sus hijos y con menos temor a expresar sus sentimientos y sensibilizarse, resume Amorín. "Antes el varón tenía rechazo a la expresividad emocional porque estaba asociado a lo femenino. Como los sentimientos y lo maternal estuvo históricamente asociado a la mujer, había una actitud de repliegue. Esa es la gran transformación. Más lentamente se dan los cambios en las tareas domésticas, empiezan a asumirlas con menos prurito, temor, vergüenza y menos miedo a femenizarse".

Esto va acompañado de que el hombre dejó de ser proveedor único del hogar, un ítem que fue central en los estereotipos de masculinidad hasta que la mujer salió al mercado laboral. Ahora es cada vez más común, sobre todo en sectores medios y altos, que la mujer gane más. "El varón lo puede aceptar pero le genera cortocircuitos con lo clásico, va cambiando lentamente y con mucho esfuerzo", apunta Amorín.

De todos modos, este es un tema en el que persisten las desigualdades, en especial en Uruguay, uno de los países con peores indicadores de la región en cuanto a brecha salarial por género. Un solo dato de un informe del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo da una idea clara: entre un hombre y una mujer con el mismo nivel y la misma cantidad de años de escolarización, él gana 100 y ella 80.

Sexalidad y amigos.

Una de las cuestiones donde los avances se producen más lentamente es, según algunos expertos, lo referido a lo sexual. El consumo masivo de fármacos para tener mayor rendimiento sexual es, por ejemplo, un indicador de que el modelo tradicional continúa muy vivo en el imaginario social. "En mi experiencia como terapeuta sexual —señala Campero— creo que el imaginario sexual de la masculinidad en tanto hiperrendimiento, capacidad fálica, penetrativa, de mucho deseo, consumista de prostitución, etcétera, no solo no ha cambiado sino que se ha potenciado desde lógicas de consumo".

También para el psiquiatra y sexólogo Ghuedin es en la sexualidad donde queda más en evidencia que el peso de las pautas clásicas de virilidad siguen presionando a los hombres. Y aunque fuera de la cama la conducta masculina goce de una mayor apertura, en el plano sexual aún se observan resistencias. Frases muy escuchadas en el consultorio como "un hombre debe complacer a la mujer"; "no está bien que la mujer tome la iniciativa"; "el juego erótico es solo un paso para llegar al coito", "el romanticismo no ayuda al sexo"; "hay que ser bien macho" o "no quiero que se entere que tomo viagra", dan cuenta de esta realidad.

De todos modos, este especialista nota también un avance: los padres se animan a hablar con mayor libertad sobre temas sexuales con sus hijos y a abordar no solo los aspectos fisiológicos sino también compartir y transmitir conocimiento, experiencias y pautas de cuidados.

En los temas de conversación, pero entre pares, es donde hay expertos que también perciben un cambio. Si bien hombres consultados que rondan los 30 años dicen que siempre han podido hablar de los temas personales con sus amigos, los que tienen más de 40 sí notan diferencias. "Hoy no sólo hablamos de fútbol y política como antes sino que también charlamos con los amigos de cosas más personales como la pareja, el amor, las frustraciones y las decepciones", dice Francisco, de 60 años.

Para Campero esto responde a que la masculinidad tradicional ha educado a hombres y mujeres bajo el entendido de que el hombre es un ser "importante" y cualquier manifestación de afecto implica blandura y, por tanto, poner en riesgo el mito del "macho bravo-poderoso y autosuficiente que viene a proveer y proteger (lamentablemente también a golpear)".

Ahora, agrega Amorín, como hay nuevos roles los temas de varones se han enriquecido: hablan de sus hijos, de sus parejas, más de su salud. "El varón tradicional tenía más un tema de ser fuerte, resistir, aguantar y descuidaba mucho su salud. Ahora los hombres empiezan a hacer prevención y esa es una característica de la nueva masculinidad", asegura.

Una búsqueda amplia, abierta, de roles y relaciones sexuales y sociales basadas en la libre opción es lo que destaca de este proceso el doctor en sociología e investigador François Graña. "Equivale a una búsqueda menos condicionada por los imperativos y estereotipos y lo aprendido. Son relaciones más libres, más basadas en el libre albedrío, en la opción de lo que realmente quiero hacer, qué es lo que me dice mi yo, mi persona, mi cuerpo".

Para Ghuedin la nueva masculinidad trae aparejado también beneficios sobre la relación de pareja y la forma de encarar el vínculo, en especial cuando ya está constituido. "Hablar antes que ocultar", "ser sinceros en lugar de generar supuestos", "entrenar la confianza", "defender y respetar los espacios personales" son algunas de las pautas que pasan a ser cada vez más frecuentes.

Investigación , cocina y juguetes

Desde la década del 70 se han generalizado los estudios sobre la mujer, pero los varones no corrieron con la misma suerte. Es a partir de 1991, cuando se crea de la Asociación Americana para el Estudio de los Hombres, que la masculinidad comienza a ser un área de investigación, también Uruguay. Los cambios de los roles de género han traído consigo, por ejemplo, que tareas como ser cocinero, tradicionalmente asociadas a lo femenino, se hayan valorizado y los varones las asuman con gusto, apunta el experto uruguayo David Amorín. También se han modificado la socialización entre niños, que ya no es tan rígida, ni a nivel de juegos ni de juguetes.

Adaptación "terrible"

"El hombre está sufriendo, se está adaptando a una mujer que no los necesita; es terrible", afirma el psicólogo Álvaro Alcuri. Para el especialista los varones siguen siendo "los mismos", la diferencia es que algunos apuestan a las relaciones más horizontales pero otros no ingresan en este modelo, lo que redunda en que haya más separaciones. "El tema es que ahora las mujeres no se comportan en plan sosteneme o rescatame. La mujer te va a decir otra cosa, y esos mensajes nos ponen en falsa escuadra, de otro modo al que fuimos educados. Y algunos se acomodan y otros no".

Los cambios se ven en la publicidad

Aquel viejo estereotipo de "el hombre es como el oso, cuanto más feo más hermoso" ha dejado lugar a imágenes donde la belleza es fundamental. "En el mundo de la publicidad los deportistas de elite han liderado el proceso, funcionando como emergentes", señala Verónica Massonnier, psicóloga dedicada a la investigación de mercado. Ellos exhiben una belleza ligada a los cuidados personales, que no reniega de los tratamientos de belleza y que elige con cuidado su vestuario. La mujer, señala la especialista, impulsa esta transformación al valorar y aprobar cada vez más un varón cuidadoso de su estética. De todos modos, no hay un único ideal de belleza.

"Los rangos abarcan imágenes casi andróginas hasta otras que acentúan rasgos varoniles más tradicionales". Para Massonnier, el otro gran cambio a nivel publicitario presenta varones en actitudes tradicionalmente "maternales". Muestra un imaginario masculino mucho más amplio, mucho más permisivo y más abierto: no quedan territorios vedados.

Cuidan más su estética, pero sobre todo lo muestran sin problemas

Pablo (65) no solo usa cremas sino que no tiene ningún problema en ponérselas con naturalidad en el vestuario del club. Ese cuidado por la estética personal y, sobre todo, la pérdida de vergüenza de hablar sobre ello o mostrarlo es una característica que algunos expertos como David Amorín, señalan como uno de los últimos cambios en cuanto a la masculinidad. "Los varones evitaban el cuidado estético, al estar tradicionalmente asociado a lo femenino, por un cierto temor a femenizarse, a no ser totalmente varón", sostiene.

Por su parte, Mónica De Martino, investigadora de la Facultad de Ciencias Sociales, cree que el hombre cuide el cuerpo como lo hace la mujer no indica estrictamente una nueva masculinidad. "Hablaría de un padrón de consumo pero no nos habla de otra sensibilidad ante lo femenino, o de mayor respeto a la mujer. Creo que el tema es más profundo. Además, muchas veces el consumo de bienes y servicios de belleza está en estrecha relación con el rendimiento sexual, con un prototipo de hombre macho. Estamos dando giros en torno a la masculinidad hegemónica, pero ahora engalanada con elementos femeninos", sostiene.

¿El umbral no será muy bajo?

"Creo que hay que ser cautos a la hora de hablar de nuevas masculinidades o nuevos hombres. ¿Qué significa esto? ¿Qué colocamos en esta gran bolsa? ¿Los hombres que consumen productos de belleza, cuidan su piel, la hidratan, etcétera? ¿El padre que concurre a las reuniones en la escuela de sus hijos? ¿El que lava los platos y cambia pañales? ¿Qué un padre cambie pañales significa que es un nuevo hombre? ¿A partir de qué estándares estaríamos indicando que se ha instalado un nuevo tipo de masculinidad? Si pensamos que existe una nueva sensibilidad porque el papá cambia pañales, ¿nuestro estándar no sería muy bajo?", reflexiona Mónica De Martino, docente e investigadora de la Facultad de Ciencias Sociales.

La experta señala que si bien es cierto que existen pautas que hablarían de nuevas masculinidades, debe necesariamente tenerse en cuenta varios aspectos. Por un lado, el número de feminicidios en el país. "Hace pocos días lamentablemente se ha constatado el primero de 2016. Y esto debe hacernos acordar de las situaciones de violencia doméstica en Uruguay". Por otro lado, las estadísticas de uso del tiempo que constatan que en todos los países de América Latina las mujeres son las mayores responsables del cuidado de pequeños y ancianos. Además, señala con preocupación datos de la última Encuesta Nacional de Adolescencia y Juventud, de 2013, que muestra que una proporción importante de varones jóvenes, sin importar clases social ni nivel educativo, piensa que el lugar de la mujer es su casa y que ellas deben cuidar a sus hijos y los hombres obtener el sustento.

Las cifras

31,9%

De los adolescentes creen que “criar a los hijos debe ser una tarea primordial de las mujeres”, según la Tercera Encuesta Nacional de la Juventud de 2013.

12

Horas por semana dedican las mujeres uruguayas al cuidado de mayores de 70 años. Los hombres utilizan la mitad: 6 horas, según informe del Sistema Nacional de Cuidados.

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